¿Por qué las selecciones de fútbol visten así? - La Réplica
15 de agosto del 2018
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Tal vez os habéis preguntado por qué algunas selecciones nacionales de fútbol visten en sus equipaciones colores distintos a los de sus banderas. Pues bien, ahora que va a empezar el Mundial, os contestamos a esta cuestión:

Selección Española: lleva pantalón azul porque es una reminiscencia del franquismo (antes era blanco, como se ve en las fotos antiguas de las Olimpiadas de Amberes de 1920). El azul viene por el color azul mahón del uniforme de la Falange. De hecho, tras la guerra civil, incluso la camiseta de España era azul. Tras el franquismo se optó por dejar el pantalón azul ya que también es el color de los Borbones.

Selección Italiana: los italianos van de azul (un color que no se encuentra en su bandera) en honor a los colores de la casa de Saboya, a la cual pertenecía Víctor Enmanuel, el rey de la unificación de Italia.

Selección Holandesa: Los holandeses van de naranja porque ese es el color de la dinastía que reina en los Países Bajos: la casa Orange-Nassau.

Selección de Alemania: la selección germana va de blanco porque es el color del imperio prusiano. Tras la I Guerra Mundial llegó a vestir los colores de su bandera (negro, rojo y amarillo), pero tras perder la II Guerra Mundial, volvieron al blanco por la vergüenza que les suponía los colores de su nación, derrotada y humillada. El pantalón es negro en señal de duelo por los caídos por su país (el mismo motivo por el que España llevó durante muchos años las medias negras). La razón de que el color de la camiseta de su segunda equipación sea verde surgió como un gesto de gratitud a la República de Irlanda, ya que fue la primera selección que invitó a Alemania a jugar un partido tras la II Guerra Mundial (en 1951), cuando los alemanes estaban internacionalmente muy mal vistos.

Selección de Venezuela: es llamativo que su equipación (de color vino tinto) no tenga nada que ver con los colores de su bandera (amarilla, azul y roja, como también lo son las de Colombia y Ecuador, pues todas formaron parte del Virreinato de Nueva Granada y pertenecieron a la efímera Gran Colombia de Simón Bolívar). El motivo es que fue el color que les asignó el Comité Olímpico Internacional para los Juegos Bolivarianos de 1938, para que no coincidieran con los colores de los uniformes de los países antes mencionados. Sin embargo, los venezolanos suelen creer que la razón es que al mezclar los colores amarillo, azul y rojo, se obtiene el color borgoña.

Selección de Japón: hasta hace unos diez años, el color de su camiseta era roja y blanca (más acorde con los colores de su bandera), pero como Japón no hacía más que perder partidos, la Asociación Japonesa de Fútbol la cambió a azul como forma de distanciarse psicológicamente de la fama de perdedores que se habían ganado. Y de camino también se diferenciaban de las selecciones de Corea del Sur y China que vestían colores similares. El motivo oficial fue que la bandera de Japón destacaba mejor sobre el fondo azul de la camiseta.

Selección de Australia: aunque su bandera es la típica de algunos de los países de la Commonwealth (azul oscuro con estrellas y la Union Jack en la esquina superior izquierda), los colores nacionales son el verde y el dorado, que son los que visten en sus indumentarias deportivas nacionales.

Como apunte final, es común que algunos países africanos lleven colores diferentes al de sus banderas, pero la razón es otra: debido a su pobreza, reutilizan las camisetas sobrantes de otras selecciones. Por ejemplo, Togo jugó con las camisetas que Brasil había llevado en el Mundial 98 y Lesotho vistió con la equipación de Inglaterra, pegando su escudo nacional encima del inglés y con su bandera dibujada a mano en el centro de la camiseta.

 

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.
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