20 de mayo del 2018
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Leer en los distintos foros de Internet las manifestaciones de los trabajadores afectados por lo que se denomina precariedad es un auténtico ejercicio de impotencia y rebeldía interior, un sentimiento nada fácil de asimilar. Los jóvenes -y no tan jóvenes- que trabajan en empresas que anuncian en la prensa importantes cifras de ganancias y desvelan los sueldos astronómicos de sus directivos, sufren unas condiciones laborales que en muchas ocasiones podemos calificar de explotación laboral. Sí, así de claro. La Reforma Laboral está sumiendo a la clase trabajadora en una situación de miedo. Miedo a perder trabajos miserables que apenas dan para subsistir y que desarrollan una competencia insana entre los mismos compañeros.

Las denuncias de tantas y tantas de estas situaciones laborales, no solamente abundan en los foros de Internet, sino que se llevan a los órganos administrativos correspondientes y… como si nada. El cuerpo de inspectores que debería moverse por las grandes empresas para examinar las situaciones que viven los trabajadores no parece existir o, al menos, no tiene el poder suficiente para poder orden y decencia en el mundo laboral español. Los contratos de tiempo parcial son la tónica general, a veces por horas… mientras que las jornadas se prolongan con un total descaro entre los empresarios, sin que ello suponga pago de horas extras ni compensación alguna.  Y nadie se atreve a protestar porque lo dicen con mucha despreocupación “esto es lo que hay y si lo quieres bien, y si no a la calle, que hay muchos a la cola“.  Algunos jóvenes, que no tienen cargas familiares o respaldo de padres que pueden ayudar, se rebelan y dan rienda suelta a su indignación abandonando trabajos en los que se sienten su dignidad pisoteada.

Pintada en Madrid

Pintada en Madrid

Ver a tantos jóvenes con estudios superiores que habían invertido años de su vida en formarse para desarrollar una labor que la sociedad les impide realizar me provoca una sensación de pena e impotencia. Y no entremos en la cantidad de jóvenes que han tenido que emigrar, y no de viaje precisamente como ha dicho algún político de nuestro gobierno, al extranjero y allí desarrollar oficios poco o nada relacionados con su formación.

Me gustaría transcribir algunas de las aportaciones que he leído en internet transcritas en el eldiario.es y que responde al título “La precariedad laboral se confiesa en Internet”; pero ello alargaría mucho este artículo.

A quien esté interesado, le invito a releer el artículo para tener una visión realista de la situación, porque nuestros políticos tienden a enmascararla con afirmaciones tales como “mejor es trabajar así que no tener trabajo”,  y con ello juegan con la miseria humana. Pero seguro que estos políticos no tienen a sus hijos viviendo esa precariedad que apoyan, sino que están colocados en puestos bien remunerados y son el orgullo de sus progenitores. Así cualquiera. No hay nada más que escarbar un poco en las distintas Administraciones y ver como los apellidos se repiten en puestos como delegados del Gobierno, de las  Comunidades, de las Diputaciones y Ayuntamientos, incluso en puestos que se crean para ellos. Así es la historia. Mientras tanto, los hijos de los menos favorecidos se las ven y desean para trabajar decentemente.

El becariado, otra forma de camuflar la precariedad

El becariado, otra forma de camuflar la precariedad

Hay que desterrar la precariedad con contundencia, porque su mayor implantación está creando un tejido empresarial de baja calidad, donde el trabajador no se sienta parte de una empresa que sólo persigue mejorar sus números por encima de todo. Después, los clientes que nos acercamos a los servicios y tiendas de estas empresas nos vemos sorprendidos por la poca profesionalidad que manifiestan algunos empleados. Y echamos de menos aquella actitud con que se empleaban los trabajadores que se sienten integrantes de una familia empresarial que miraban  con  afecto e interés por aquello que les daba de comer. Algunos bancos y empresas están perdiendo clientes de siempre porque no son atendidos debidamente en sus gestiones. La excesiva movilidad y precariedad existente está produciendo una desafección  porque, de un día para otro, el cliente no encuentra la persona que le reporte la confianza necesaria en la entidad que siempre consideró como algo suyo. Parece que el empresariado y la administración no se estén dando cuenta que la precariedad está trabajando, poco a poco y sin remedio, en contra de sus propios intereses.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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