17 de enero del 2018
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Imagine que usted es el director financiero de la sucursal de una gran empresa, pongamos que de impresoras, en una ciudad media. ¿Ok? Un buen día, con carácter de urgencia, le cita el Consejo de Administración en la sala de juntas. Allí, analizan los datos económicos de su periodo laboral y las cifras demuestran claramente que las ventas de impresoras han bajado casi un tercio del consumo, que los gastos de producción se han incrementado más del doble y que debido a ello, los trabajadores están descontentos dejando la imagen de marca francamente deteriorada. A pesar de todo, el director general se dirige a vd y le dice: “felicidades, está desarrollando un gran trabajo, vamos a recomendarle para el puesto de director de finanzas a nivel nacional“. 

Sería un episodio absurdo, ilógico, surrealista, ¿verdad?

Pues bien, eso mismo ha hecho el PP gaditano, que recientemente anunció a Teófila Martínez, María José García-Pelayo y Alfonso Candón como candidatos por Cádiz al Congreso como 1ª, 2ª y 3º respectivamente. Tres ex-alcaldes que han alimentado la deuda de tres ciudades claves para el desarrollo de la provincia (Cádiz, Jerez y El Puerto de Santa María), que han estado implicados en oscuros casos de corrupción y/o clientelismo, y que han crispado a su población acrecentando la emigración y el desencanto. Un nefasto legado que en cualquier partido comprometido con su propia democracia -y que asumiera su cuota de responsabilidad- hubiera derivado en un cese de funciones, pero que en el Partido Popular es sinónimo de catapulta hacia Madrid.

Teófila Martínez, que resistió al frente del Ayuntamiento de Cádiz dos décadas -que se dice pronto-, basó su política en (¡sorpresa!) grandes construcciones faraónicas como el Soterramiento, el nuevo Carranza o el segundo puente abandonando casi por completo las políticas sociales. De este modo, ha quedado una ciudad muy bonita, sumergida en el paro (16.727 parados), con uno de los índices de exclusión social más altos de España y con casos de corrupción y clientelismo debajo de la alfombra oliendo a podrido. Una gestión que según el PP de Cádiz merece el reconocimiento de alzar a la ex regidora de Cádiz como número uno al Congreso. María José García-Pelayo, enfangada hasta las trancas en el caso Gürtel (cuya participación fue declarada de “grosera” por el juez De la Mata), que estuvo al mando de una legislatura marcada por un ERE ilegal y por el deterioro del bien común, una concejal que hoy día apenas tiene intervenciones públicas y participa poco o nada en el Pleno, es aupada como número dos al Congreso. Alfonso Candón, investigado por el caso APEMSA, un señor que ha privatizado el agua de El Puerto, que mantuvo la zona naranja, que endeudó a la ciudad con parkings inútiles, que permite los desahucios, y simpatiza tanto con los recortes parece ser el mejor número tres que tienen.

Cerrando filas en torno a una cúpula corrupta e inamovible, el Partido Popular está premiando la incompetencia, obstruyendo premeditadamente la regeneración democrática que tanto predica. Algo huele a cerrado en Andalucía cuando recompensan de esta forma a políticos tan viciados. La apuesta continuista del PP de Cádiz podrá ser un harakiri dentro de un par de meses o podrá triunfar, pero lo que es seguro es que no augura nada nuevo, solo conservadurismo, opacidad, rutina, privilegios, desazón, apatía. Lo mismo que hemos venido sufriendo durante estos largos cuatro años.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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