19 de noviembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Ayer decidí priorizar. Con el cambio de horario hemos perdido tiempo de sol por las tardes, es decir, cuando terminamos de trabajar. Por si fuera poco, esas horas de luz irán menguando conforme nos acerquemos al solsticio de invierno, pocos días antes de Navidad.

Así que ante el horizonte de noches eternas y un frío que irá calando en nuestros huesos, hay que desechar lo superfluo y enfocar las energías en lo que importa.

¿Y qué debería importar? ¿Qué es realmente importante y qué no lo es? Decía Albert Camus:«Pero para ser feliz no hay que ocuparse demasiado de los otros», una afirmación con la que se puede estar más o menos de acuerdo pero que no deja de encerrar una verdad, que no es otra que el altruismo es un bien escaso, poco valorado y que aporta poco a un alma que no está preparada realmente para hacer sacrificios o esfuerzos sin nada a cambio. Aunque lo intentemos, aunque realmente queramos ser así, siempre esperaremos algo, una recompensa de alguna naturaleza. Por eso Camus tiene cierta razón, aunque en lugar de la felicidad lo que se consigue con su premisa es evitar frustraciones y decepciones; algo,sin duda, que te libera de varios quebraderos de cabeza.

Lalógica de este sucedáneo del egoísmo sólo puede persistir si esa desafecciónrelativa hacia los demás se traslada a todos los niveles. Desde los vecinos conlos que te cruzas varias veces a la semana y ni te saludan —y cuyo gesto tesigue indignando— hasta los últimos casos de corrupción política, las victoriasde populismos de aires fascistas o la deriva de una socialdemocracia que hadecidido dejar que la clase media y baja se ahogue en esta primera mitad desiglo.

La fina línea que separa la búsqueda de una felicidad respetable y una resignación que te acerca a la capitulación final. ¿Realmente es ese el peligroso juego? ¿Tan horroroso ha de ser ese equilibrio? Así nos lo han hecho creer. La vida es una constante toma de decisiones —cierto—, un constante aprendizaje de situaciones, momentos y sucesos externos que nos enfrentan a nuestros fantasmas, nuestros defectos y miedos. Eso es una gran verdad. Rendirse es uno de ellos, es tal vez un pozo del que no se puede salir; y sin embargo se toca con esa búsqueda de la propia felicidad desde un cierto desapego por el bien común. Y ahí se encuentra lo retorcido de nuestra realidad, la derrota vestida de sabias elecciones, de inevitables priorizaciones. Cuando el pragmatismo mal entendido se enfrenta al idealismo más justo, el campo de batalla puede terminar arrasado. Y tenemos las de perder. Es lo que sucede con la mayoría de las personas a medida que cumplen años: de jóvenes soñadores pasan a conservadores adultos, una transición demasiado generalizada y que cualquiera puede observar a su alrededor. ¿Una evolución inevitable o fruto de una sociedad que empuja a ese cambio? Todos conocemos la respuesta.

Prioridades. Descartar y enfocar. Potenciar lo que queda, lo que elegimos. Ellos quieren que lo hagamos, que decidamos las opciones que constantemente nos ponen en bandeja: no te quejes del trabajo porque lo podrías perder, individuo antes que comunidad, evasión por encima de cualquier compromiso… la lucha se está perdiendo a marchas forzadas, el monstruo nos come a bocados cada vez más grandes y nos roba esa vitalidad, tanto como las horas que nos gana la noche.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr

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    Una Réplica

  1. Alfredo Paniagua

    Siempre es bueno discurrir sobre típicos del “qué y cómo” enfocarse en esta vida, está “vida loca” a lo Rony Martin, para citar algo (y no allguien). Todo añado mi peculio. Si,, se debe ser altruista y tener reales de bien común.. es parte de la estructura del respeto a”al bien ajeno”. Pero tener un absoluto desapego. No esperar nada. Esa espera bloquea la felicidad. La felicidad se mantiene en un medio indiferente.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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