23 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Fueron el santo y seña de una generación y una aspiración legítima: ser progre. El primer antagonista de la derecha en democracia gozaba de buena prensa, gran aceptación social y la envidia de la derecha deudora del franquismo. A lomos del progre se pusieron de manifiesto la grandes reivindicaciones del momento, se alzaron las primeras figuras totémicas de la izquierda, descansaban las esperanza de la clase obrera y se modernizaba el vestuario de la clase política e intelectual. Faltaba ver, claro, en qué desembocaría.

Felipe González y Alfonso Guerra, Cebrián, Ana Belén y Victor Manuel, Javier Marías, Fernando Savater, Pedro Almodóvar, Joaquín Leguina, Josep Piqué, Mario Vargas Llosa, Pérez Reverte, etc.

Durante dos décadas todo les fue sobre ruedas, sus voces eran escuchadas, su relación con las instituciones era inmejorable, sus cuentas no paraban de engordar. El socialismo liberal daba sus frutos. Pero algo se torció con el fin del ladrillo y dejaron de llamarle los Ayuntamientos, de lloverles los premios los conocidos, los periódicos redujeron sensiblemente el espacio para el pensamiento y la clase obrera comenzó a crear referentes propios. Luego vino el 15-M y todo estalló por los aires. Al progre le quitaron la máscara como al malo de Scooby Doo.

Desde entonces, el que fuera referente del cambio social en España anda cabizbajo, soportando estoicamente el triste devenir de la historia. Si por él fuera hubiera parado el tiempo hace 25 años, cuando eran alguien y tenían influencia. Ahora todo lo que les llega son rescoldos de aquellos años dorados, los jóvenes no lo conocen, en Internet se burlan de él, andan profesionalmente remedándose a si mismos y sus figuras deambulan en una suerte de The Walking Dead a la española.

En su trastabillado caminar se les han creado una serie de nuevos tics, del que hacen gala en cada aparición pública, y les convierte en lo que hoy se conoce como Pollaviejas.

Lo hemos visto en multitud de ocasiones, el pollavieja opina con autoridad sobre cualquier tema, ya que fue cabeza visible de todas las luchas. Sabe lo que sienten las mujeres, los negros, los obreros, la comunidad LGTBI. Si se han emponderado estos colectivos fue gracias a que fueron sus precursores. Minimizan cualquier éxito ajeno porque ellos ya marcaron en su día el camino. Por eso hace unos años, a principios de la década, no dudaron en asegurar: “los cambios empiezan en la calle pero no puedes estar en la plazas todo los días. Los cambios reales se consiguen en el ámbito institucional”. Una afirmación de la llevan tiempo arrepentidos, pues nunca vieron el parlamento tan degradado y falto de talento. Ahora cualquiera ocupa un escaño.

Y es que ni dentro ni fuera del parlamento. En su opinión, nada va bien encaminado en la sociedad que se está construyendo. Ni la relación con Europa, ni con EEUU ni con los países latinoamericanos, ni la lucha contra el yihadismo, ni los derechos LGTBIQ, ni el sindicalismo, ni las luchas contra la precarización, ni el cine español, ni la literatura ni la música. Especial urticaria les provoca el feminismo, para ellos feminazismo, a años luz del movimiento genuino que crearon.

El mundo sólo ha ido a peor desde su desaparición de la escena pública. Ahora, cuando les llaman, pueden aportar un poco de sensatez y altura de miras.

Ellos ya no tienen fuerza para hacerlo, pero si no hubiera más remedio, se agarrarían los machos en pos de resucitar el estado del bienestar que sus privilegiadas mentes enarbolaron. Algo que por supuesto, la nueva izquierda de podemitas, comunistas, hackers, separatistas y movimientos antisistema como la PAH nunca consentiría. Qué poca memoria, con lo que han hecho por todos y cada uno de nosotros.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    3 Réplicas

  1. Joseph

    Amén, con lo fácil que sería arreglar este desaguisado con una chaqueta de pana y no requiere más que un día que se llama a la cordura, sin embargo los que se postulan cómo nueva izquierda, comunistas y podemitas no se saben comportar, obedeciendo los dictados de la prensa sabia progresista, que país, donde ya nadie cuida sus nervios, pero no hay nada que hacer, las mujeres que no son feministas de verdad, bajo el dictamen de un hombre, que conviene usar “bien ” el lenguaje, porque sino no se puede hacer nada por el país, que pena da la izquierda actual, nada que ver con la de verdad, la que es COMO DIOS MANDA.

  2. Joseph

    Amén, con lo fácil que sería arreglar este desaguisado con una chaqueta de pana y no requiere más que un día que se llama a la cordura, sin embargo los que se postulan cómo nueva izquierda, comunistas y podemitas no se saben comportar, obedeciendo los dictados de la prensa sabia progresista, que país, donde ya nadie cuida sus nervios, pero no hay nada que hacer, las mujeres que no son feministas de verdad, bajo el dictamen de un hombre, que conviene usar “bien ” el lenguaje, porque sino no se puede hacer nada por el país, que pena da la izquierda actual, nada que ver con la de verdad, la que es COMO DIOS MANDA.

  3. Pablo

    Tan viejo como la humanidad. La joven nomenklatura reclama su espacio a empujones. Sin reparar en medios y campañas. En su debido momento también serán pollasviejas a las que querrán sacar a empujones. Y tampoco lo entenderán.

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