13 de diciembre del 2017
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Puigdemont hizo lo peor que podía hacer, y sin embargo, lo único que le salvaba. Quedarse en un inaudito término medio que deja a Cataluña en un limbo sin precedentes. La política es así, un juego de supervivencia, aunque signifique que todo un país permanezca en vilo. La pelota está ahora en el tejado de Rajoy, después de que el President declarara la Independencia de Cataluña e, inmediatamente, suspendiera la declaración para abrir un periodo de diálogo. La declaración en diferido no contenta nadie en el arco parlamentario -ni fuera de él- y la huida hacia delante del Govern prolonga la agonía de una tripulación a bordo de una DUI demasiado tiempo a la deriva.

El discurso de Puigdemont dibujó, casi en su totalidad, el argumentario independentista: Reconoció los resultados del referéndum y presumió de la incapacidad del gobierno para detenerlo, realizó una retrospectiva feroz para España -y dócil con Cataluña y su partido-, se acordó de los caídos durante la batalla -Artur Mas- y evidenció la extrema diferencia de criterio que le separa del españolismo constitucionalista. Un discurso en ocasiones redundante que buscaba una explicación mascadita del conflicto de cara a Europa, en pos de una aceptación de legitimidad. Sabe Puigdemont y PDCat que su diálogo no es con Rajoy, sino con todos los agentes externos que podrían conducir a Rajoy a una negociación sobre un hipotético referéndum -La DUI no tiene ninguna opción-. Pese a que el President aludió a la Europa interpelada (valga la redundancia), lo cierto es que las reacciones internacionales brillan por su ausencia. De momento, Macron y el FMI, uséase, el establishment del que también formó parte CIU hasta hace poco, lo tiene en contra.

El gobierno, por su parte, ve como su adversario se escapa vivo tendiéndole una trampa proyectada a la opinión pública, emplazándole a un diálogo envenenado. Una reacción desmedida puede jugar en su contra como ya lo hizo el 1 de octubre, pero la inacción en términos de partido podría pasarle factura a Rajoy. No obstante, el samurai de la Moncloa siempre supo aguantar más que nadie y el tiempo juega en su favor, pues por cada día que pase el globo de la independencia parece deshincharse. Todo depende ahora de la susceptibilidad del gobierno ante lo hoy acontecido. Todo parece conducir hacia el artículo 155. Su aplicación en diferido, como la declaración de Puigdemont, sería rentable a nivel político a Rajoy, pues situaría al parlamento catalán en tierra de nadie y a sus adversarios pendientes de terceros. Sin embargo, pudiera encender el ánimo de la calle, y si hay alguien celoso de sus competencias, esa es la sociedad catalana. Sea como fuere, el partido sigue y como en el rugby, después del bote, el balón puede ir hacia cualquier lado.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    Una Réplica

  1. T&T

    Si no fuera porque de breve tiene poco, este teatro brutal que es el tema catalán merecería el nombre de “Sainete”. 30% de paro real y una “smoke curtain” en toda regla, como aquella pelicula fantástica guionizada por David Mamet, “Wag the dog”…

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