22 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La actualidad manda y todos sabemos de qué hablan los medios a todas horas. Por la mañana, al mediodía y por la noche. A veces incluso de madrugada. De lunes a domingo, sin descanso —porque dicen que el presente lo demanda— y sin apenas dar lugar a un pequeño respiro. El clima de tensión es constante, sumergidos en una película de suspense que ni Hitchcock hubiera pergeñado. La población, empapada del tema, no puede dejar de hablar de ello: unos a favor, otros en contra. Que si DUI por aquí, artículo 155 por allá; que si coñas con el Episodio III de Star Wars —la famosa orden 66—, que si Los Simpson nunca pudieron prever semejante situación. Memes a doquier en Twitter. Tertulias de café que terminan abruptamente, comidas familiares que se convierten en encendidos debates, amistades que sufren la peor crisis —a veces definitiva— tras años de convivencia. Todo eso y más es lo que está sucediendo en Cataluña.

Octubre rojo, lo han bautizado. No voy a negar ese término, y sin duda es por lo menos justo con los acontecimientos. El rojo no es por la sangre —la cual deseo no tener que ver— sino por la gravedad del asunto. Muchas personas están realmente asustadas, creyendo que vivirán una guerra que sólo conocían de boca de sus abuelos. Eso no sucederá, por suerte. Pero la inquietud está ya instalada en el imaginario colectivo y costará mucho tiempo que desaparezca. De la fractura social, mejor ni hablemos.

Pero puestos a hablar yo me pregunto, ¿qué hay de lo nuestro? Sí, eso de lo que ya nadie habla, la sombra que ha pasado sigilosa por nuestras espaldas sin que nos hayamos percatado de su presencia; la figura fantasmagórica de la que ya no nos acordamos. Y digo nuestro porque nos afecta a todos: catalanes, andaluces, asturianos, castellanos, madrileños, vascos…

Pongamos unos pocos ejemplos: Gürtel, Bárcenas, EREs Andalucia, Venezuela, caja de la Seguridad Social ¿sigo?

El silencio mediático es más que evidente. Es insultante. No valen unos pocos artículos, unas líneas en un rincón de la página del periódico —o muy abajo en el scroll de la web—, apenas unos minutos en los informativos, pocas líneas de debate en las tertulias televisivas y radiofónicas; la táctica parece ser que el tema lo eclipse todo. Hay que vender, conseguir audiencia; todo vale, aunque no se informe de nada.

No sé cómo terminará el tema —del que un servidor está más que harto— ni qué consecuencias tendrá. Pero si algo en claro se podrá sacar de este período tan importante para la democracia de este país es que el periodismo, en general, necesita su propio art. 155.

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Alejandro F. Orradre

¿Escritor? || Coleccionista de blurays (480) || Bolaño || Librópata || Miembro de la PAE || Escribo cosas raras en @murraymagazine y @Neupic

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    Una Réplica

  1. TT

    Hasta el 15-M, hubo posibilidades de cambiar las cosas. El 15-M fue fagocitado por Podemos, y desde que Podemos aparece en todos los medios y a todas horas, ya no hay rebelión en las calles, ni mareas, ni indignados, ni gente que rodea el congreso.

    La sensación generalizada, lo que noto, es apatía y desdén. Todo el mundo da por hecho que no hay solución, que gobierne el PPSOE o Podemos o Ciudadanos, nada va a cambiar. La gente ha pasado, antes del 15-M, a llevarse las manos a la cabeza por el “mileurismo”, a asumir que un sueldo de 600 o 700 euros es “mejor que nada”. Los jóvenes recelan de los jubilados, las mujeres de los hombres, los de “izquierdas” de los “derechas”… Y viceversa. Y la casa sin barrer.

    Lo del 155 es una versión cutre de la doctrina del shock de Naomi Klein. Los medios construyen la realidad, el discurso oficial, y tratan de insuflar vida al “conflicto catalán”. El PP reactiva el 155, dicen, los independentistas amenazan con una DUI… Y mientras tanto resulta que España es el país de la UE, ya por delante de Grecia, con mayor deuda externa

    La hxstia que nos vamos a meter en unos años va a ser grande. Y va a ser gracias a Antena 3 y La Sexta, a Podemos y al PPSOE. Y sobre todo, gracias a políticos a sueldo, traidores periodistas, vividores del BOE y demás fauna subvencionada por el R78

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