25 de septiembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Convenzo a varios amigos y amigas de ir al precioso jardín del Palacio Virrey Laserna a ver la noche de Micro Teatro de humor a cargo de la compañía jerezana El Jinete Verde. Nos gusta apostar por la cultura jerezana, por nuestros artistas, esos locos románticos que trabajan a contracorriente, sólo guiados por su vocación y su amor a las tablas. Veo el escenario vacío antes de la función y sonrío, pocos enclaves hay en Jerez en los que sientas que solo el hecho de estar ahí merece la pena.

Pero con la primera obra (son tres) comienza el terror, el esperpento. Sobre las tablas, en un decorado que simula el salón de un apartamento, aparece un joven de resaca, recogiendo a toda prisa la vivienda que se ha comprometido a cuidar mientras su hermano y su cuñada están a punto de regresar de unas vacaciones en el Caribe. Y vemos un pájaro en una jaula que parece que va a ofrecer risas e ingenio pero solo alimenta el ridículo. E inevitablemente recordamos la inefable serie de Jose Luis Moreno de “Escenas de Matrimonio”, o las parodias más cochambrosas de Noche de Fiesta. Se suceden los chistes obvios, verdes, añejos, los juegos de palabras bobos y situaciones rancias que empiezan a molestarme. A los cinco minutos ya me planteo la retirada pero aguanto estoicamente por respeto a mis acompañantes. Ni por esas, el sentimiento es mutuo. Al percibir el enésimo chiste machista entiendo que mis colegas también se cuestionan la huida, máxime cuando la obra hace gala, orgullosa, de todos los tópicos que nos avergüenzan: el heteropatriarcado más rancio, vulgar, imbécil y machista que sufrimos cada día, la repugnante cosificación de la mujer estilo Berlusconi, los deslices homófobos o la ridiculización de la religión de los testigos de Jehová son algunas de las lindezas que abanderan.

La oda a Esteso y Pajares se hace insufrible en la segunda obra, que comienza con el mismo actor sentado en un wc público y un par de chistes escatológicos. Acto seguido aparece una mujer, de nuevo cosificada, de nuevo humillada, de nuevo estúpida, inútil, florero, cuyo papel refuerza los más denigrantes estereotipos de género habidos en nuestra sociedad.

Al límite de la paciencia, la gota que colma el vaso es un nuevo chiste homófobo: “yo me siento lejos de mi amigo, que es gay”. Allí se acaba mi paciencia y la de mis compañeros y compañeras, que nos levantamos dignamente de la silla y abandonamos, abochornados, el recinto.

A la salida, después de pedir perdón a mis acompañantes, me pregunto qué hemos hecho mal para que persistan este tipo de obras en cartel, porqué nos insultan. Y me horroriza la actitud cómplice de gran parte del público, señal inequívoca de que el humor grosero y chabacano sigue en alza, que Álvaro Ojeda es la consecuencia, no la causa. Y me produce infinita lástima la ignorancia de unos actores y actrices que solo querrán actuar y comer, pero que inconscientemente simbolizan y perpetúan la bajeza y podredumbre intelectual y moral de nuestros días. De camino a casa, recorre mi cuerpo una sensación horrible de vergüenza ajena y el más absoluto de los espantos, mientras una pregunta golpea mi mente una y otra vez: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”.




La respuesta de una de las integrantes de la compañía

Estimado Alejandro:

Tengo que confesarle una cosa en primer lugar y es que no soy una persona que esté acostumbrada, ni a la que le guste exponerse en medios públicos; lo cierto es que siento mucha vergüenza, si esto ocurre, aunque paradógicamente es algo que olvido cuando al salir al escenario me convierto en personajes que me alejan de mi misma y me permiten vivir una realidad ficticia como parte de una historia capaz de provocar emociones en otros.

En segundo lugar, he de decir que a pesar de esto, su crítica me ha provocado tal tristeza que no he podido evitar querer hacer una réplica con la mayor de las humildades posible.

Verá, soy integrante de la compañía El Jinete Verde, la misma compañía cuya función le horrorizó tanto, la misma compañía que gracias a conseguir un crowdfunding estrenó una versión de “Yerma” personal y distinta el pasado mes de mayo y presentó el año anterior un singular y poético montaje inspirado en el Quijote que, si no vio, podrá disfrutar en Sevilla en Septiembre; la misma compañía cuyos años de trabajo en el género ha recibido excelentes críticas del público por atreverse con un lenguaje diferente a llevar a cabo puestas en escena de obras dramáticas en ocasiones clásicas y, en otras, contemporaneas rompedoras e impactantes… Quiero pensar que estaba usted al corriente de la trayectoria del Jinete Verde, aunque no supiera usted el tipo de espectáculo que iba a presenciar ese día pero, por si acaso, he querido brevemente informarle de esto; no con ánimo de engrandecer lo que según usted no es posible, sino para que, con la mejor de las intenciones, comprenda usted que una trayectoria así de trabajo y esfuerzo en un arte del que es difícil -como ha dicho usted-vivir (a pesar de sobrevivir a la indiferencia de gran parte de la población que no ha sido educada para valorar lo que implica hacer Teatro) no hace funciones al azar y menos con ánimo de ofender.

Y hacer teatro, guste o no a todos los espectadores, y con más o menos recursos disponibles, implica muchas horas de estudio, disciplina y ensayo; porque hay actores, hay un texto que preparar, una historia que presentar, personajes que construir, voces y expresiones corporales que trabajar, además de una planta de movimiento, un ritmo escénico, una escenografía, y un cuadro de luces y sonido que coordinar . Hasta en la más breve y “fácil” historia de humor presentada existe todo ese compendio de “labores” detrás. Supongo que es consciente de ello Luego estaba el texto. Un texto de humor escrito por uno de nuestros compañeros. Un humor que desgraciadamente no le gustó. Esto no es reprochable; al fin y al cabo, como usted sabe, hay diferentes tipos de humor y no todos del gusto de todos. Eso es perfectamente respetable, tan respetable es su gusto como el hecho de que exista un tipo de humor que no le guste. Grandes humoristas ha habido pocos y siempre han destacado por tener cualidades indiscutiblemente personales: Gila, Eugenio, Martes y Trece, Les Luthiers, Monty Python… Porque hacer reír es difícil, aunque hermoso, créame, muy hermoso cuando se consigue; ya venga de un chiste fácil, de una pura improvisación interpretativa o de la más erudita intervención.
El teatro es cultura. Cierto. El teatro puede cumplir una importante labor social y cultural en el pueblo y despertar conciencias. Cierto. Pero el teatro puede ser también un simple entretenimiento. Y no es menos teatro por despertar risas en lugar de dar bofetadas morales en un momento dado. Y luego está el humor. El humor tal y como lo hemos conocido en grandes humoristas nacionales e internacionales ha jugado muy a menudo con la parodia del estereotipo, ya que esa era su forma de hacer crítica y cuanto más fresco el humor, más lo ha hecho. Nos hemos reído con las monjas de Martes y Trece montando en bicis sin sillín y viendo cómo parodiaban a la sociedad en todas sus clases, del simple sudor de un piloto en “Aterriza como puedas”, de chistes escatológicos en “Top Secret” e incluso en otros estilos de humor somos capaces de tolerar parodias de todo tipo de realidades: atroces algunas, machistas y mucho más duras presentadas en obras admirables de cine (en mi opinión) como “La Vida de Bryan”.

El humor es humor y ha de entenderse como tal. Por supuesto puede ser inteligente, negro, inglés, fresco, absurdo, fácil o difícil… Y, por supuesto, no a todo el mundo le gusta Faemino y Cansado, Esteso y Pajares, Los Morancos, La Cubana, Martes y Trece, Les Luthiers o la Paramount Comedy. Pero la realidad es que todos y cada uno de ellos han hecho reír a muchas personas distintas y ese, y no otro, era su objetivo. Y nadie puede esperar gustarle a todos. Ni siquiera ellos. Por eso, entendemos perfectamente que no le gustara a usted; del mismo modo que también entendemos que al resto del público que se acercó a nosotros al finalizar sí le gustara. Y es que a veces en un mundo tan denso, intransigente y cada vez más incapaz de comunicarse y de respetarse en sus diferencias un poco de intranscendencia y frescura no viene mal; o no le viene mal a algunas personas. A veces me cansa tanto esnobismo cultural. Un buen amigo mío me dijo ayer a colación de esta réplica: “Cuidado. Que hoy en día hablas y se ofende hasta el suelo”. Pero yo no he escrito esto con ánimo en ningún momento de ofender a nadie, sino de expresar con libertad lo que pienso.

Vaya. A medida que voy escribiendo estas líneas, me voy dando cuenta de que realmente no me ha apenado tanto que con su crítica pasara por alto el valor del trabajo invertido en esa función, ni que el humor no fuera de su gusto, ni que le indignaran tanto los estereotipos parodiados como reflejo de una realidad tan incómoda como real, ni siquiera la agresividad con la que describe su disgusto. No. Sinceramente creo que lo que más me ha apenado es que con auténtica buena intención por su parte y sin embargo grandes dosis de inconsciente condescendencia, dijo usted lo siguiente:¨Y me produce infinita lástima la ignorancia de unos actores y actrices que sólo querrán actuar y comer, pero que inconscientemente simbolizan y perpetúan la bajeza y podredumbre intelectual y moral de nuestros días”. Con estas palabras, en lugar de honrar su valor y profesionalidad, define como ignorantes a quienes representan una realidad que no le gusta ver. ¿Se ha dado cuenta de esto? Supongo que sí, aunque quisiera pensar que no.

Verá, yo creo que los actores tenemos la obligación de representar con verdad la realidad de hoy, de ayer, y de mañana si es necesario, ya sea en Shakespeare , en Valle Inclán o en autores contemporáneos más humildes que sólo busquen entretener y despertar sonrisas en aquellos que estén dispuestos a compartirlas. Y es una pena que hable con condescendencia de la supervivencia de un oficio cuya dureza me da la sensación de que usted no conoce. No sé tampoco si antes de sentarse a escribir todo eso, se ha cuestionado en algún momento la precisión del uso del lenguaje que ha empleado en su crítica. A lo mejor no somos tan ignorantes. A lo mejor somos conscientes y ni siquiera somos inocentes. A lo mejor lo que somos es valientes por atrevernos a presentar diferentes estilos; tantos como presenta la sociedad misma. Lástima que usted no lo haya entendido así aunque, como ya le dije antes, eso es algo que podemos entender y que, por supuesto, respetamos siempre.

Quisiera decirle que no espero que entienda mi tristeza al leer su crítica, ni lo que acabo de escribir; pero sí espero que me “escuche” (me gusta más usar este término aún a sabiendas de que sólo “me leerá”) y tome mis palabras con la misma buena disposición y respeto con que han sido escritas. Cada uno tiene derecho a opinar. Es lo bueno de poderse comunicar.

Déjeme, para terminar, darle sinceramente las gracias, en primer lugar, por haber venido a vernos (no todo el mundo da una oportunidad al Teatro en estos días). En segundo lugar, por dedicar este tiempo a leer esta personal y humilde réplica, y en tercer lugar, y ya por último, por su crítica, que despierta la consciencia de otras realidades y gustos que sabemos existen pero no siempre nos son expresados y nunca está de más.

Lo único que sí le pido, si es tan amable, es que no espere abrir debate conmigo, porque como ya le anuncié al principio, ¡bastante me ha costado ya dar el paso de decidirme a escribir públicamente esta réplica! Esto es todo. Sólo me queda desearle un buen día y decirle que, por mi parte, sepa que es usted, y será siempre, bienvenido a nuestras próximas funciones; aunque, como ya sabe, no le pueda asegurar que le vayan a gustar. 🙂

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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.

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    5 Réplicas

  1. Germano

    Interesante artículo.

    A parte de interesante, he de reconocer que también me resulta sorprendente. Como jerezano preocupado por ese cierto maltrato cultural que tristemente sufrimos en nuestra ciudad (y más allá de sus fronteras), me gustaría dejar mi humilde opinión, que quizás ayude a añadir más matices.

    Suelo buscar con anhelo eventos culturales que me devuelvan la fe en el pueblo y ello me llevó, un par de años atrás, a conocer la compañía teatral El Jinete Verde, entre otras magníficas compañías casi desconocidas o en algunos casos, defenestradas. Quisiera dejar claro que no estoy aquí en calidad de abogado del diablo, pero debo decir, partiendo de la base de que para gustos, están los colores, que después de haber acudido como espectador a las diversas programaciones teatrales que ha ofrecido esta pequeña compañía, siempre me he ido con buen sabor de boca. De ahí mi sorpresa ante este interesante artículo.

    También es verdad que, las representaciones a las que he podido asistir, formaban parte de una programación más extensa, plagada de adaptaciones tan familiares (algunas), como desconocidas (otras) para el gran público; de Shakespeare a Lorca, pasando por Tennessee Williams o Büchner, incluso siendo alguna de estas representada (con tremendo éxito, todo hay que decirlo), abarrotando lugares tales como Villamarta o el citado Palacio del Virrey Laserna. Por diversas cuestiones, aún no he podido estar presente en su programación referente a los microteatros, más allá del día de su estreno en la pasada temporada, donde me topé con tres relatos cortos de diferentes géneros, estilos y tipos de humor, para diferentes gustos y tipos de público, también con tremendo éxito. He ahí de nuevo que me encuentre sorprendido.

    Insisto en que no estoy aquí para hacer de abogado del diablo, pero me veo obligado a romper una lanza a favor de esta compañía y decir que, si tanto abogamos por la cultura en nuestra tierra, dejemos a un lado la crítica destructiva y hablemos con nuestros artistas. Alguna vez tuve la ocasión de charlar con este grupo de actores tras una representación y, sinceramente, resulta sorprendente la capacidad que tienen para reírse de ellos mismos (tarea nada sencilla), para preparar con acierto textos complejos y a su vez ser capaces de improvisar sobre el escenario con fluidez, dejándome ver que lo único que brilla por su ausencia en la compañía, es la supuesta ignorancia que por desgracia se le atribuye en este interesante artículo.

    Para concluir con esta humilde opinión de jerezano comprometido con la cultura, frecuente espectador y lector sorprendido, y tratando de empatizar con la frustración del autor de este artículo por su mala experiencia, insisto en la importancia de aprender a reírnos de nosotros mismos y de nuestros estereotipos, sin ninguna intención de restarle importancia a cuestiones tan serias como la homofobia o la discriminación, e insisto en la importancia de dialogar, de conocer, de comprender los contextos y de realizar críticas constructivas. Desempolvemos nuestro sentido del humor, sin olvidar, eso si, que para gustos, están los colores.

    Un cordial saludo, espero que mi opinión no sea tomada como una ofensa, ya que está muy lejos de pretender serlo.

  2. Marta

    Estimado Alejandro:

    Tengo que confesarle una cosa en primer lugar y es que no soy una persona que esté acostumbrada, ni a la que le guste exponerse en medios públicos; lo cierto es que siento mucha vergüenza, si esto ocurre, aunque paradógicamente es algo que olvido cuando al salir al escenario me convierto en personajes que me alejan de mi misma y me permiten vivir una realidad ficticia como parte de una historia capaz de provocar emociones en otros.

    En segundo lugar, he de decir que a pesar de esto, su crítica me ha provocado tal tristeza que no he podido evitar querer hacer una réplica con la mayor de las humildades posible.

    Verá, soy integrante de la compañía El Jinete Verde, la misma compañía cuya función le horrorizó tanto, la misma compañía que gracias a conseguir un crowdfunding estrenó una versión de “Yerma” personal y distinta el pasado mes de mayo y presentó el año anterior un singular y poético montaje inspirado en el Quijote que, si no vio, podrá disfrutar en Sevilla en Septiembre; la misma compañía cuyos años de trabajo en el género ha recibido excelentes críticas del público por atreverse con un lenguaje diferente a llevar a cabo puestas en escena de obras dramáticas en ocasiones clásicas y, en otras, contemporaneas rompedoras e impactantes… Quiero pensar que estaba usted al corriente de la trayectoria del Jinete Verde, aunque no supiera usted el tipo de espectáculo que iba a presenciar ese día pero, por si acaso, he querido brevemente informarle de esto; no con ánimo de engrandecer lo que según usted no es posible, sino para que, con la mejor de las intenciones, comprenda usted que una trayectoria así de trabajo y esfuerzo en un arte del que es difícil -como ha dicho usted-vivir (a pesar de sobrevivir a la indiferencia de gran parte de la población que no ha sido educada para valorar lo que implica hacer Teatro) no hace funciones al azar y menos con ánimo de ofender.

    Y hacer teatro, guste o no a todos los espectadores, y con más o menos recursos disponibles, implica muchas horas de estudio, disciplina y ensayo; porque hay actores, hay un texto que preparar, una historia que presentar, personajes que construir, voces y expresiones corporales que trabajar, además de una planta de movimiento, un ritmo escénico, una escenografía, y un cuadro de luces y sonido que coordinar . Hasta en la más breve y “fácil” historia de humor presentada existe todo ese compendio de “labores” detrás. Supongo que es consciente de ello Luego estaba el texto. Un texto de humor escrito por uno de nuestros compañeros. Un humor que desgraciadamente no le gustó. Esto no es reprochable; al fin y al cabo, como usted sabe, hay diferentes tipos de humor y no todos del gusto de todos. Eso es perfectamente respetable, tan respetable es su gusto como el hecho de que exista un tipo de humor que no le guste. Grandes humoristas ha habido pocos y siempre han destacado por tener cualidades indiscutiblemente personales: Gila, Eugenio, Martes y Trece, Les Luthiers, Monty Python… Porque hacer reír es difícil, aunque hermoso, créame, muy hermoso cuando se consigue; ya venga de un chiste fácil, de una pura improvisación interpretativa o de la más erudita intervención.
    El teatro es cultura. Cierto. El teatro puede cumplir una importante labor social y cultural en el pueblo y despertar conciencias. Cierto. Pero el teatro puede ser también un simple entretenimiento. Y no es menos teatro por despertar risas en lugar de dar bofetadas morales en un momento dado. Y luego está el humor. El humor tal y como lo hemos conocido en grandes humoristas nacionales e internacionales ha jugado muy a menudo con la parodia del estereotipo, ya que esa era su forma de hacer crítica y cuanto más fresco el humor, más lo ha hecho. Nos hemos reído con las monjas de Martes y Trece montando en bicis sin sillín y viendo cómo parodiaban a la sociedad en todas sus clases, del simple sudor de un piloto en “Aterriza como puedas”, de chistes escatológicos en “Top Secret” e incluso en otros estilos de humor somos capaces de tolerar parodias de todo tipo de realidades: atroces algunas, machistas y mucho más duras presentadas en obras admirables de cine (en mi opinión) como “La Vida de Bryan”.

    El humor es humor y ha de entenderse como tal. Por supuesto puede ser inteligente, negro, inglés, fresco, absurdo, fácil o difícil… Y, por supuesto, no a todo el mundo le gusta Faemino y Cansado, Esteso y Pajares, Los Morancos, La Cubana, Martes y Trece, Les Luthiers o la Paramount Comedy. Pero la realidad es que todos y cada uno de ellos han hecho reír a muchas personas distintas y ese, y no otro, era su objetivo. Y nadie puede esperar gustarle a todos. Ni siquiera ellos. Por eso, entendemos perfectamente que no le gustara a usted; del mismo modo que también entendemos que al resto del público que se acercó a nosotros al finalizar sí le gustara. Y es que a veces en un mundo tan denso, intransigente y cada vez más incapaz de comunicarse y de respetarse en sus diferencias un poco de intranscendencia y frescura no viene mal; o no le viene mal a algunas personas. A veces me cansa tanto esnobismo cultural. Un buen amigo mío me dijo ayer a colación de esta réplica: “Cuidado. Que hoy en día hablas y se ofende hasta el suelo”. Pero yo no he escrito esto con ánimo en ningún momento de ofender a nadie, sino de expresar con libertad lo que pienso.

    Vaya. A medida que voy escribiendo estas líneas, me voy dando cuenta de que realmente no me ha apenado tanto que con su crítica pasara por alto el valor del trabajo invertido en esa función, ni que el humor no fuera de su gusto, ni que le indignaran tanto los estereotipos parodiados como reflejo de una realidad tan incómoda como real, ni siquiera la agresividad con la que describe su disgusto. No. Sinceramente creo que lo que más me ha apenado es que con auténtica buena intención por su parte y sin embargo grandes dosis de inconsciente condescendencia, dijo usted lo siguiente:¨Y me produce infinita lástima la ignorancia de unos actores y actrices que sólo querrán actuar y comer, pero que inconscientemente simbolizan y perpetúan la bajeza y podredumbre intelectual y moral de nuestros días”. Con estas palabras, en lugar de honrar su valor y profesionalidad, define como ignorantes a quienes representan una realidad que no le gusta ver. ¿Se ha dado cuenta de esto? Supongo que sí, aunque quisiera pensar que no.

    Verá, yo creo que los actores tenemos la obligación de representar con verdad la realidad de hoy, de ayer, y de mañana si es necesario, ya sea en Shakespeare , en Valle Inclán o en autores contemporáneos más humildes que sólo busquen entretener y despertar sonrisas en aquellos que estén dispuestos a compartirlas. Y es una pena que hable con condescendencia de la supervivencia de un oficio cuya dureza me da la sensación de que usted no conoce. No sé tampoco si antes de sentarse a escribir todo eso, se ha cuestionado en algún momento la precisión del uso del lenguaje que ha empleado en su crítica. A lo mejor no somos tan ignorantes. A lo mejor somos conscientes y ni siquiera somos inocentes. A lo mejor lo que somos es valientes por atrevernos a presentar diferentes estilos; tantos como presenta la sociedad misma. Lástima que usted no lo haya entendido así aunque, como ya le dije antes, eso es algo que podemos entender y que, por supuesto, respetamos siempre.

    Quisiera decirle que no espero que entienda mi tristeza al leer su crítica, ni lo que acabo de escribir; pero sí espero que me “escuche” (me gusta más usar este término aún a sabiendas de que sólo “me leerá”) y tome mis palabras con la misma buena disposición y respeto con que han sido escritas. Cada uno tiene derecho a opinar. Es lo bueno de poderse comunicar.

    Déjeme, para terminar, darle sinceramente las gracias, en primer lugar, por haber venido a vernos (no todo el mundo da una oportunidad al Teatro en estos días). En segundo lugar, por dedicar este tiempo a leer esta personal y humilde réplica, y en tercer lugar, y ya por último, por su crítica, que despierta la consciencia de otras realidades y gustos que sabemos existen pero no siempre nos son expresados y nunca está de más.

    Lo único que sí le pido, si es tan amable, es que no espere abrir debate conmigo, porque como ya le anuncié al principio, ¡bastante me ha costado ya dar el paso de decidirme a escribir públicamente esta réplica! Esto es todo. Sólo me queda desearle un buen día y decirle que, por mi parte, sepa que es usted, y será siempre, bienvenido a nuestras próximas funciones; aunque, como ya sabe, no le pueda asegurar que le vayan a gustar. 🙂

  3. La Réplica

    Hola Marta. Gracias por tus palabras, sinceras, difíciles, valientes, respetuosas, dignas.
    No creas que ha sido plato de buen gusto realizar esta crítica, podría haberme ahorrado el trago y no meterme en jaleos, pero ocurre que desde hace tiempo elegí la incómoda opción de tomar partido, en este y en muchos otros temas. Te prometo una respuesta a la altura cuando vuelva a casa, ahora estamos de viaje. Solo un apunte rápido: cuando se abre el telón es una función nueva, al artista de poco le vale su trayectoria (salvo para acomodarse) y debería seducir al espectador como si del primer día que pisa las tablas se tratara. Ahí está el reto.
    Profundizaré en este y muchos otros temas la próxima vez que escriba. Gracias, honestamente, por molestarte en la contrarréplica.

  4. Marta

    Buenas tardes, Alejandro:

    Gracias por responder de esa forma y aún sin tener apenas tiempo. Se agradece.
    Sólo quería pedirte una cosa (permíteme que te tutee), si no es mucha molestia. Verás, la réplica es simplemente mía y por iniciativa propia y no me gusta hablar por boca de nadie; no me parece bien. Por ello, decir “respuesa de la compañía” no me parece apropiado. Sin embargo, si quieres, puedes poner: “respuesta de una integrante de la compañía”; eso sí es más acorde con la realidad en este caso. Respecto a lo de la trayectoria, cuando la mencioné (tal vez no me expliqué bien) me refería a que explica que las funciones no se hacen al azar, ni sin esfuerzo, y pienso que cuando se abre el telón el artista rara vez se acomoda por ella (aunque esto pueda ocurrir) sino que más bien “carga” con ella como una responsabilidad, como una obligación por la que, de alguna forma, debe también responder. Pero esta es mi opinión… De todas formas, mil gracias y que tengas un buen viaje. 🙂

    • La Réplica

      Ya desde casa vuelvo a responder e intentaré cerrar el debate para no prolongarlo en exceso.
      El humor muta, igual que hace veinte años Martes y Trece —que tampoco es que me chiflen— podían hacer un sketch sobre el maltrato machista y la gente se partía la caja, ahora esa escena resulta impensable o una opción sencillamente desafortunada.
      Sucede también en otros ámbitos como la publicidad (ojo a este enlace http://www.blogodisea.com/wp-content/uploads/2010/03/anuncios-publicidad-antigua-machista-lucky.jpg) o la política.
      La sociedad incorpora valores éticos paulatinamente y vamos conquistando espacios inimaginables a medida que también vamos perdiendo algunas conquistas.
      Si la intención del microteatro del Jinete fue parodiar estos patrones discriminatorios con personajes llevados hacia la hipérbole, para mí no lo consigue o por lo menos no muestra carga crítica alguna, más bien perpetúa a través de un humor cómplice esos comportamientos homófobos y machistas.
      El entretenimiento puro y duro puede estar libre de estos mensajes patriarcales, es el autor del texto el que podría currárselo, pero decide libremente ignorar -sí, soy consciente del significado de esta palabra- el acervo social en la obra. Ignora a mujeres, homosexuales y personas religiosas que sean especialmente sensibles.
      A mi, personalmente, me divierte el humor corrosivo y políticamente incorrecto de algunos humoristas como Ricky Gervais o aquí Wyoming por ejemplo, y no me escandalizo porque noto la intención de caminar en esa línea de sensibilidades precisamente para abrir el debate de la corrección política en nosotros mismos. Pero la obra que vi es otra cosa, es Esteso y Pajares en pleno siglo XXI.
      No me considero especialmente esnob ni de ofensa fácil, pero sí una persona crítica y sensible con lo que ve, escucha y siente. Conozco la profesión por varios amigos y amigas del gremio, algunos de los cuales han llegado muy lejos y otros no, sé lo jodidamente difícil que es ser actor o actriz y entiendo perfectamente que en Jerez poca gente vive del arte. Pero eso no me hace bajar el listón como espectador. Por hacer un símil, yo no me gano la vida con La Réplica pero quiero que los textos sean buenos, estén bien hilados y traten bien al lector.
      Resumiendo, que no comparto la contrarréplica pero agradezco enormemente que hayas dedicado un tiempo a respondernos. Insisto, la vida es tomar partido, incluso en situaciones incómodas.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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