15 de diciembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Qué lástima.

Qué lástima que nos pongamos nosotras los límites, los techos acristalados, visillos a las promesas, márgenes a las conjuras, aranceles a la esperanza.

Qué lástima que haya renacido el hombre de la vara, el boticario de los remedios, el permiso para soñar, el esclavo agradecido por una miga de plata.

Qué lástima que tú y yo nos encontremos como dos extraños que nunca compartieron la infancia.

Qué lástima.

Qué lástima que el sudor del jornalero se seque en el pañuelo de un patrón que no conoció la tierra, ni los gusanos del cultivo, ni el temporal de aquel invierno ni las mañanas hipotecadas.

Qué lástima que prefieras el sol artificial, una ceguera crónica y el corazón de hojalata.

Qué lástima compañeras, que a esa rabia indignada, al alarido de nuestras entrañas, le valga una tarde de cosmética con un consultor de confianza.

Qué pena de los idealistas a bordo de una patera buscando en el horizonte una Ítaca trasnochada.

Qué lástima.

Qué lástima rendirse a quien llamó populismo a tu hambre y a tu cara de emigrante, a tus miedos y a anhelos, a tu vecina recogiendo en el descansillo un potaje de chocos con papas.

Qué lástima que abandones a los abuelos en el fragor de la batalla y que sus años de lamentos y sus mil derrotas a cuestas no sirvan ni de advertencia para un mejor mañana.

Qué lástima que ahora dejes solas a quiénes no tienen una casa, una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un abuelo que ganara una batalla, ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada.

Qué lástima que hayamos perdido la discusión de la patria por creer en las personas antes que en las banderas, en las miradas antes que en las fronteras, en la inocencia antes que en la trincheras, en las veredas que te llevan a la infancia, hoy la sonata triste de una vieja atormentada.

Que lástima que no tengamos ministerios porque no somos astronautas, ni expertos en según qué cosas, ni estudiamos en Harward, y solo tenemos la renta por debajo de la media, una inocencia insensata y la conciencia hechizada.

Qué lástima que de ese estío que amaneció bravío y de aquel invierno frío tan solo nos quede la escarcha.

Qué lástima la voz de la calle enlatada en una sede de bonita fachada.

Qué lástima, compañeras,

Qué lástima que no pudiera cantar otras hazañas.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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