12 de julio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Te escribo esta carta porque hoy, tras casi dos años entre nosotros, he sentido miedo por tu futuro por primera vez. Me gustaría que la leyeras cuando fueras adulta, o al menos cuando empieces a entender que por el mero hecho de ser mujer juegas en desventaja con el resto de la población. Que la vida está llena de desequilibrios y que desgraciadamente vivimos en un mundo en el que unas personas oprimen y otras son oprimidas. Y desgraciadamente tú, por haber nacido mujer, te encuentras ya, y sin haber hecho nada, en una clara situación de opresión. Incluso no descarto que a estas alturas formes ya parte de algún otro.

Quiero que sepas que uno de los mayores miedos que tuvimos tu madre y yo cuando supimos que estarías con nosotros fue la incertidumbre de saber qué futuro te podríamos dar. Supongo que es un miedonatural al que se enfrentan aquellas parejas cuando se dicen la una a la otra: ‘adelante’. Pero también quiero que sepas que es una de nuestras principales motivaciones por las que pelear y defender nuestra forma de entender la vida.

Cuando llegue ese momento y leas esta carta habrán pasado quizás algo más de una década. Y me gustaría saber que vives en un país justo, libre y que ofrece las mismas oportunidades a cualquier persona. Pero mucho me temo que no será así.

Tu madre y yo llevamos ya algún tiempo con una comprometida conciencia feminista. No he de negarte, y aquí hablo exclusivamente en mi nombre, que me costó ponerme esas ‘gafas moradas’ y tomar partido. Supongo que por ese falso y artificial orgullo varonil que se han encargado que florezca en cada uno de nosotros desde pequeñito. Quizas por mi empeño en ser neutral. O quizás por negarme a ser parte de un grupo opresor. Pero lo hice gracias a muchas mujeres de las que he podido aprender y tomar ejemplo y conciencia, y la verdad es que ahora lo veo todo mucho más claro.

Hoy te escribo, y en realidad no hay ninguna efeméride que me empuje hacerlo. Ningún hito importante, ningún aniversario ni fiesta que celebrar. Pero hoy he conocido con rabia y dolor una sentencia judicial indecente, que me ha hecho pensar que el futuro que tienes por delante es muy jodido.

Me gustaría poder contribuir de alguna forma a que cuando seas mayor no tengas que conformarte con trabajos mal pagados, a que no tengas que ser una esclava de la belleza o a que, cuando nos pidas permiso para pasar un fin de semana en alguna fiesta con tus amigas, podamos dormir tu madre y yo con ciertas garantías de que vives en un país que te protege y no hacerlo con las carnes abiertas de saber que hay quienes pueden hacerte daño impunemente.

Hoy he sabido que te pueden violar y que a ojos de nuestra democracia quedará en algo casi anecdótico. A ojos de nuestro país —maldita tierra de contrastes que merece a días todos mis halagos y otros mis mayores desprecios— no hubo violencia por haber permanecido inerte. Y entonces, cuando eso ocurra, pensaremos en la vergüenza que nos produce esa sentencia. Pero justo después, nuestra visión feminista nos hará reflexionar y caer en la cuenta de que nuestras instituciones, nuestra justicia y nuestras leyes tienen un profundo calado machista que les llega hasta el tuétano.

Me gustaría también darte algunos datos. El día que escribo esto apenas has llegado a los 2 años de vida, empiezas a hablar con fluidez y todavía usas pañales. Y desde entonces, desde ese 3 de junio, 198 mujeres han sido asesinadas por violencia machista. Desde que llegaste al mundo, en este país han ocurrido cosas difíciles de explicar; violaciones, secuestros, agresiones y otras atrocidades que han copado los medios de comunicación. También ocurrió el histórico 8M. Ese que ha permitido que ayer las plazas se llenaran de indignación al conocer la sentencia por abuso sexual y no por violación. Y ojo, te lo dice una persona que no cree en las cárceles, o al menos no en las cárceles tal y como las conocemos hasta ahora. No se trata simplemente de más años entre rejas como si de una venganza se tratara; es necesario el reconocimiento judicial, público y popular de que aquella chica fue vejada, maltratada, usada y brutalmente violada y que se acompasen las condenas. Que dejemos de normalizar ciertas conductas, de maquillarlas o de banalizarlas. Y sin conocer a la víctima hoy no he podido dejar de pensar en ella y en cómo se sentirá ella y su familia.

Mucho tienen que cambiar las cosas para que dentro de unos años nada de eso exista y las desigualdades vayan sustancialmente a menos hasta desaparecer. Es un problema principalmente cultural y ya sabemos que la cultura y el imaginario popular es rígido, y responde con lentitud al paso de los años. Pero afortunadamente hay esperanza, al menos mientras miles de mujeres pongan encima de la mesa las vergüenzas de nuestro sistema patriarcal.

Quizás cuando seas consciente de que juegas con desventaja sientas frustración, rabia y miedo. En ese momento, me gustaría que miraras a tu alrededor, y tengas de ejemplo a tu madre, que lo sacrifica todo por ti, a tus abuelas, que son jabatos imbatibles que soportan las cargas más duras a sus espaldas, a tus tías, que sufrieron en sus carnes y superaron con alegría y optimismo el miedo, la enfermedad, el engaño y la soledad. Fíjate en nuestras amigas, luchadoras incansables y en todas esas mujeres que de una forma u otra reivindican su papel protagonista en la sociedad. Anónimas, públicas, pobres, ricas, amables o imbéciles… todas formáis todas parte del mismo grupo. Y tenéis que defenderos, con derechos, con lucha y con autodefensa feminista.

Ojalá hoy podamos construir entre todos y todas un país que os proteja. Esperamos no fracasar en el intento.

Te queremos y te queremos libre.

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Ángel Cardiel

Coordinador Municipal de @PodemosJerez. Informático de profesión y vocación. Empeñado en defender los Derechos Humanos.

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