18 de noviembre del 2017
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Siempre lo digo, Rafa Caballero es un músico de músicas.

Me encanta que haga rock y se disfrace de pirata, me fascinó esa época nocturna y canalla que vivió con Hoja de Ruta, me gusta que enchufe el amplificador y se líe a dar guitarrazos, pero es sólo una faceta de un músico a la que su propia naturaleza le traiciona. Cuando una de sus canciones parece un rock para toda la vida o es ya una ranchera asentada o una balada que eriza la piel, va y las muta, las cambia, las descabeza, las reinventa.

Por eso, algunos que acompañamos a Rafa Caballero en el tortuoso camino de la música (no puede ser de otra manera ese camino), pensábamos que el siguiente paso era ver al músico sin corsés, al creador de canciones libre como el pájaro que sale a volar. Que se inventara su disco en una sala. Que se acompañara de buenos músicos. Y que fuera lo que el talento quisiera.

Y ha parido Trafalgar, un disco precioso de seis temas, íntimo, sencillo, delicado, como un secreto de canciones. Recuerda a El cantante, de Andrés Calamaro, a Javier Limón, a Concha Buika, al Lágrimas negras del Cigala, a discos que vencen al tiempo y al espacio. Recuerda a todo eso, pero sobre todo, suena a Rafa Caballero, porque el imaginario de sus canciones ya no necesita muletillas ni referencias con las que justificarse. Trafalgar se justifica con su tremenda autoridad sonora y sus versos inmortales.

Y es que éste es un disco de amor, el tema por excelencia. Todos los caminos conducen a nuestro dilema definitivo. A quién amamos y cómo. Quién nos deja de amar y por qué lo hace. Y se puede permitir hacer un disco así por su indisimulado carácter latino, y porque la tremenda calidad de sus músicos le permite la osadía de enfrentarse a dilemas compartidos y meterse en nuestra vida privada. Sin cursilerías ni terrenos comunes, desde su propia verdad, tan bien vestida por un impresionante Pierrick Reglioni al piano, Rayco Gil en las percusiones, Alberto Román al bajo y Alfredo Martín a la batería.

Desde el jazz hasta la balada, desde la cumbia al tango, del medio tiempo al bolero… tantos idiomas para una voz universal, Trafalgar, como espacio protegido, es irrenunciable, como el faro, ilumina donde hay oscuridad, como el cabo, es un islote donde perderse en busca de belleza y autenticidad.

Llevo ya varios días allí.

 

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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