23 de julio del 2018
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Como una macabra ironía del destino, Donald Trump anunció que el ejercito norteamericano vigilará la frontera con México hasta que se levante el muro que divida ambos países, el mismo día que se cumplían cincuenta años del asesinato de Martin Luther King, probablemente el activista por los derechos civiles más importante que haya tenido la historia estadounidense.

Ambas noticias, que pudieran parecer alejadas, simbolizan muy bien la deriva que está tomando no solo el país de las oportunidades, sino el mundo como proyecto común de convivencia. Con el recuerdo del bienintecionado y errático Obama hecho añicos, las políticas de Trump han destacado por su excéntrico proteccionismo, hostilidad hacia medio mundo, un sinfín de conflictos internos y la sublimación del ideal heteropatriarcal en los espacios de poder.

 

La que fuera una de las promesas electorales clave de la campaña del magnate americano, el famoso muro “contra la inmigración ilegal”, supone todo lo contrario de aquello que Martin Luther King definía como su sueño, una suerte de utopía sobre el ser humano libre.

La deriva reaccionaria de Trump tiene su réplica en un mundo que parece agarrarse a cualquier promesa de solución, por absurda que resulte. Vivimos un rebrote del fascismo que está gangrenando las democracias europeas, un rebrote de la violencia en Gaza en el que siempre pierden los más débiles, la insoportable persecución de libertades esenciales en países como Turquía o España, el abandono de miles de refugiados a su suerte y, para colmo, la imposición de un neoliberalismo 3.0 como alternativa vital.

Ante tal tesitura, no cabe otra alternativa que recoger el testigo del sueño de Martin Luther King y abordarlo como compromiso universal y colectivo. Solo la colectivización de las luchas, la unión del movimiento por los derechos civiles con el Me Toolos jóvenes precarios que salen a protestar por las pensiones de sus abuelos, en definitiva, la transversalidad y solidaridad a la hora de reivindicar nuestros derechos y libertades, tendrán la fuerza suficiente como para derribar los muros del cinismo y la intolerancia. Como dijo en su mítico discurso el carismático activista de Atlanta: “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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