13 de diciembre del 2017
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¡Democracia real ya!

Era el grito bandera del 15M, y quizás convenga rescatarlo ahora con el conflicto catalán. No es conflicto una palabra azarosa. Hoy se celebra la Diada más polémica de la historia moderna de Cataluña, lejos del ambiente festivo e igualmente reivindicativo de los últimos años. Una Diada tensa, a flor de piel.   

Con los dos bandos nacionalistas enrocados en sus respectivas posiciones, es pertinente preguntarse por esa gran cantidad de personas que quieren un referéndum real y que votarían no a la independencia o simplemente no ejercerían su derecho a voto, pero quieren una solución final a la cuestión identitaria. ¿Qué hay de esta opción?

Claves de una inacción perpetua

Una postura marcada por la hostilidad de ambos bandos en un conflicto tremendamente polarizado, que ha evolucionado hacia una especie de pinza política y social.

Quizás la famosa pinza era ésta. Atrapados en una falsa equidistancia, defenestrados por las dos partes del debate público, ignorados en el ámbito institucional, silenciados por unos medios polarizados y atacados sin remedio, el poder de influencia de otra legítima manera de abordar la cuestión catalana es del cero por ciento.

Por lo general, el perfil retrata una persona con escaso apego a las banderas, que entiende que los desafíos políticos de España y Cataluña son similares -crisis institucional, desigualdad, paro, corrupción-, que sendos gobiernos son regentados por élites y que la cuestión identitaria no resulta prioritaria. Así pues, ¿para qué bifurcar la lucha?

Por complejo de inferioridad, por miedo, por pereza, por comodidad, por la escasa cohesión del conglomerado y por una mezcla de todas las anteriores, lo cierto es que el segmento poblacional que quiere un referéndum legal, vinculante y pactado que determine el futuro de Cataluña y votaría no a la independencia ha permanecido inactivo mucho, demasiado tiempo, sin tan siquiera reivindicarse. Y lo que es peor, da la impresión que, debido a la coyuntura, probablemente siga así a corto plazo. Empeñada en otros quehaceres y minusvalorando una cuestión central en el devenir de nuestra sociedad. Si no sabemos quiénes somos, cómo saber dónde vamos. Y puede que el tiempo de organizarse ya haya pasado.

El papel del Govern

Tampoco es nada fácil organizarse en un ambiente así, el Govern de Carles Puigdemont llama a la movilización por la necesidad de reforzar la legitimidad de los resultados, pero usa toda su aparatología de forma tendenciosa. Sobre cada acto que reivindica el referéndum, planea el sí a la independencia. El derecho a decidir se confunde con el sí, y esto conduce a que los potenciales votantes del no se queden en casa, aun convencidos que no hay -ni habrá- otra salida que votar.

Cabe recordar, además, que el referéndum no era el plan A del gobierno de Puigdemont (aquello de los 18 meses). Por decirlo de algún modo, su acercamiento al referéndum ha sido más una salida política que una convicción democrática. La tramitación exprés del mismo ha sido el mayor ejemplo, sin crear un marco integrador, convocando los agentes sociales a dedo, con los plazos a conveniencia y tras unas elecciones planteadas a modo de plebiscito.

El papel del Gobierno Rajoy

Dicen los independentistas, que la actitud del Govern responde a que es la única salida que le ha dejado el gobierno central, que ha sido como chocar con un muro. No les falta razón. Desde su época en la oposición hasta ahora, Rajoy y el Partido Popular ha sido todo lo contrario a diálogo, a tolerancia, a respeto y a altura de miras. Su talante democrático es inversamente proporcional a su corrupción. Presentaron en 2006 cuatro millones de firmas contra el Estatut, usaron su poder para terminar rechazando el Estatut a través del Constitucional, expulsaron a Joan Tardá por hablar catalán en el congreso, montó una policía política contra los partidos independentistas, hablaron de españolizar a los niños catalanes, abandonaron el parlamento catalán junto a Ciudadanos a la hora de condenar el Franquismo y puso como líder del partido en Cataluña a un xenófobo con la capacidad de diálogo de un bulldog.

Por más que ahora se lamenten Margallo o Soraya Sáez de Santamaría, estaban allí, eran los protagonistas y los actos hablan por el gobierno. Su histórico hasta la fecha no ha hecho sino fomentar una idea ya descontrolada y notablemente extendida: La única manera de evitar una actitud hostil contra Cataluña es salir de España. Si los votantes en España no lo han arreglado, tendremos que hacerlo nosotros.

La paradoja

Pese a todo, no son pocos los analistas que consideran que la única solución al conflicto catalán pasará, más temprano que tarde, por un referéndum similar al acontecido en Escocia en 2014, pactado con el estado y con campaña por ambas opciones. Es decir, lo de ahora pero bien hecho.

Y es que, mientras la confrontación entre los diferentes gobiernos se recrudece, la ciudadanía tendrá que seguir conviviendo el 2 de octubre y durante las siguientes décadas. Y desde luego, no se merece una legislatura más con una Generalitat preocupada por el calendario de desconexión y recibiendo la hostilidad del gobierno central, con los problemas sociales y de desigualdad eternamente aparcados en el arcén.

 

La imagen de portada apareció en El Confidencial.
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    Una Réplica

  1. Michael Mifsud Canilla

    Es triste tener que contemplar la rotura de España pero a la vez la historia politica y los acontencimientos de los ultimos veinte años no prometían mas. Se hicieron dueños unos autoelegidos y amoldaron todo a su gusto y conveniencia. Pocos con mucho y mayor apetito y otros a borde eternamente de la falta de todo.

    Tambien la realidad de dos Españas – la dura administracion capriciosa y poco representativa de un publico castigado un lado y la union de varias coronas, consanguinidad y aspiraciones de llegar a un buen puerto juntos por otra. Es esta dualidad de Madrid -v- Barcelona que he servido de trampolin para las demandas de un divorcio social entre regiones que se necesitan mas que lo que ahora entienden.

    Lo que esta pasando es el resultado de actitudes belicas que nada tienen que ver con las expresiones culturales de ambos protagonistas. La politica debia de haberse quedado quieta, callada y noble y los debates con intercambios de opiniones y necesidades, publicamente aereados para templar las emociones. El pais tiene todo el derecho de encontrar y establecer sus sueños culturales a nivel de sus distintas partes como lo hizo el Pais de Gales con tanta dignidad y fuerza de voluntad reteniendo su lengua y su cultura y quedandose muy satisfecha. Escocia lo hará tambien logrando un nivel de autogobierno aun mas acentuado, sin romper los contratos historicos y la herencia de Maria Estuardo. Ramon Berenguer quizo ser el impulsor de la union del Condado de Barcelona con la Corona de Castilla como tambien la segunda lo hizo con la de Aragon. Son razones validas para sentirse España mas que unida pero lamentablemente los Gobiernos nacionales han traicionado las aspiraciones del pueblo y destrozado toda fe en ellos y sus representantes dejando un vacio peligroso que ahora pide apoyos extranjeros que no convencen a la mayoria y terminaría en lo que fue el dos de Mayo. La hora del federalismo y la apertura de dialogo con Portugal se acerca para establecer lo unico que se puede contemplar – El Estado Federal de Iberia con todo lujo de inspiracion y voz unica fuera de lo que existe ahora tan ambiguo y economicamente inestable.

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