21 de septiembre del 2018
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La dimisión de la ya exministra de sanidad Carmen Montón tras otro flagrante caso de trato de favor a la hora de realizar su máster, pone de manifiesto la red clientelar existente entre algunas personalidades de la vida política y la cúpula de la Universidad Rey Juan Carlos, una universidad marcada como ninguna otra por la corrupción y que va a tener que trabajar muchísimo en cuestiones de transparencia para renovarse y así recuperar el prestigio que sus dirigentes han dilapidado.

Son muchísimas las familias españolas que se dejan sus ahorros, sus esperanzas y su tiempo en obtener una titulación que les posibilite los conocimientos y la especialización necesaria para acceder al mercado laboral. Todas esas familias son despreciadas y ninguneadas con el escandaloso trato preferente que reciben políticos cercanos a posiciones de poder con el propósito de obtener contraprestaciones de diversa índole (subvenciones, recolocaciones, tráfico de influencias, consideraciones especiales, etc).

Estamos hablando de una red clientelar a costa de la dignidad e integridad de la enseñanza pública. Hablamos, también, de que se extiende la sospecha por toda la comunidad educativa.

La dimisión de Carmen Montón recuerda sospechosamente a la dimisión de Cristina Cifuentes. Sus protagonistas señalaron a la Universidad como única culpable e iniciaron una huída hacia delante hasta que las circunstancias no les dejó otra salida que dimitir. Al final, terminan haciéndolo “por el bien del partido”. Eldiario.es ha sido un actor indispensable para destapar la degradación de una universidad que lleva la corrupción inscrita en su nombre.

Este nuevo escándalo resucita los peores fantasmas del bipartidismo, emparentando de nuevo al PSOE con el Partido Popular y devuelve la desconfianza a la ciudadanía, que de alguna manera esperaba que un nuevo gobierno trajera consigo un historial impoluto.

No ha sido así, la política espectáculo de Sánchez, tuvo buen punch pero escasa resistencia. Ni medio año ha pasado y Sánchez ya ha debido lidiar con un ministro de cultura con problemas con Hacienda y una ministra de Sanidad que consiguió un máster por la vía rápida.

Paradójicamente, las dos dimisiones podrían ser beneficiosas para el PSOE, pues por un lado demuestra ejemplaridad a la hora de tratar los casos de corrupción interna y, por otro, lanza un misil sobre la línea de flotación del Partido Popular, donde Pablo Casado se verá entre la espada y la pared a nada que la justicia revise las múltiples irregularidades de su máster.

Pero más allá del presente y futuro mediático, esta nueva vuelta de tuerca en la política nacional deja a la ciudadanía, de nuevo, a expensas de una depuración de responsabilidades y una reinvención de la cúpula de las universidades, firmemente apresadas por los tentáculos del poder y su promesa de buenas nuevas. Será la presión estudiantil, de los medios de comunicación y de la opinión pública la que termine devolviendo a las universidades públicas el prestigio que tantísimos profesionales le confieren cada día, y que unos pocos les han robado.

Una tarea que no podemos delegar.

La fotografía apareció en Isanidad.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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