20 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Mi generación aprendió lo que fue la Transición en a través de la serie “Cuéntame” y con el relato de fondo de Victoria Prego. La familia Alcántara nos enseñó lo que vivieron todas nuestras familias: Antonio era un tipo honrado que consiguió con su esfuerzo pasar de conserje a Director General, Merche una mujer que iba disfrutando de las libertades que antes le negaban y así montó una empresa y llegó a la universidad, y Toni un joven rebelde al que, cómo debe ser, se le pasó con la edad.  Para mi generación la Transición es “Cuéntame”: una época muy bonita a la que había que estar muy agradecidos y que siempre nos contaban contaban con una leve sonrisa de satisfacción y melancolía.

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Además, era fácil de resumir: Franco murió mientras todos los hoy periodistas, políticos, profesores y “progres” en general corrían delante de los grises, entonces una serie de políticos se sentaron y se pusieron de acuerdo. Los comunistas cedieron un poquitín de nada, la derecha de Fraga se dio cuenta de lo bonita que era la democracia, los socialistas que habían peleado duro durante cuarenta años arrimaron el hombro, un tal Tarancón consiguió que la Iglesia se sumara al carro, y todo liderado por un demócrata de toda la vida como Adolfo Suárez. Luego los militares, que eran un poco fachas, intentaron dar un golpe de Estado pero Juan Carlos I se sentó delante de la televisión y dio un discurso tajante con el que les paró los pies. Y así entre todos esos hombres trajeron la democracia y la libertad. No hay más. Y cuidado con cuestionarlo pues serás un desagradecido, alguien que no respeta a sus mayores y que, por supuesto, poco puede hablar de una época que no ha vivido.

El libro de Emmanuel Rodríguez López es justamente un torpedo a la línea de flotación de este discurso imperante sobre La Transición. Se trata de un ensayo que requiere de una lectura pausada, serena y con lápiz en mano. Durante más de 350 páginas analiza en profundidad el desarrollo, no necesariamente lineal, de la construcción del que hemos llamado “Régimen del 78” desde los últimos pasos del régimen franquista.

En el libro analiza el desarrollo del movimiento obrero, los cambios en el bloque conservador, los procesos electorales, el proceso constituyente, la construcción de las dos grandes centrales sindicales y la patronal, el modelo del pacto social, la represión, la realidad en Euskadi y Cataluña, los movimientos sociales, el municipalismo y los movimientos en los barrios, el feminismo, las crisis económicas, y finalmente la normalización e institucionalización y sus consecuencias sociales y políticas que hemos arrastrado, primero en forma de “Movida” y luego de hipoteca, hasta al menos el 15M de 2011.

Lo mejor que tiene el ensayo, a mi juicio, es que huye del análisis histórico que solo juega en el campo político, entendiendo este como la lucha entre diferentes actores y que demasiadas veces se ha reducido a las negociaciones, cenas, “pasilleo” y movimientos propios de “Borgen” y la política institucional. Se trata de un análisis que siempre parte de las condiciones materiales, sociales y económicas, que determinan el campo de juego, desde los movimientos políticos hasta el plano jurídico o económico.

Así, analiza el cambio sociológico de la sociedad española desde finales de los años 50 para entender los ingredientes que tiene el momento político de la transición. Es interesantísimo entender los procesos económicos en la construcción del urbanismo, el mundo del trabajo o las relaciones sociales que permiten, posteriormente, que se den los procesos políticos. Separar lo político de lo social, económico y material en nuestros análisis es uno de los  grandes errores de nuestro momento.

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El epílogo titulado “Dos regímenes políticos, un mismo bloque social” no tiene desperdicio. En general el libro es una enorme reflexión sobre aquel momento histórico fundacional del sistema político actual, que trata de mostrar que el cambio político puede serlo en nombre, estética,  y personas y no ser un cambio social que atraviese la vida de las personas. Para eso hacen falta otros ingredientes.

Mientras leía, me venía a la mente la misma pregunta: ¿Realmente se pudo hacer mejor? El autor sostiene que sí, pero no se trata de aludir a la manida caricatura de la traición, sino de plantear unos esquemas políticos en el que el centro de la actividad política no pase por unos actores concretos, sino por mayor grado de descentralización en todos los ámbitos.  Plantea que los que hicieron la Transición hicieron lo que tenían que hacer. Pues en definitiva no fue un problema de lo que hicieran los actores,  sino de quiénes fueron los actores. Y en todo momento me preguntaba lo mismo: ¿realmente podremos hacerlo nosotras mejor?.

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Jose Ignacio García Sánchez

Orientador educativo y psicólogo. Activista y miembro de la ejecutiva de Podemos Andalucía.

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