19 de octubre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Se suele olvidar que el Festival Cruïlla de Barcelona se llama(ba) originalmente Cruïlla de Cultures, que en castellano significa “cruce de culturas”. Por esto no sorprende que su cartel, año con año desde su inicio en 2005, sea ecléctico, versátil y multicultural.

El pasado sábado 8 de julio además de los cabezas del cartel como The Pet Shop Boys o Prodigy, se presentaban en el festival algunas joyitas que captaron la atención del público. Y mientras el público saturaba los accesos para el electroswing de Parov Stelar, en un escenario no muy lejano, René Pérez Joglar hacía sudar al personal.

No es la primera vez del músico puertorriqueño en el Cruïlla. Tampoco en Barcelona. Trascendió y nos dejó a todos con la boca abierta cuando su conocido grupo Calle 13 fue invitado al Sónar en 2007. Volvió después al Cruïlla, festival en el que lo vi por primera vez en directo en 2014. Éste año, Pérez Joglar volvió ya sólo como “Residente” su proyecto en solitario, pero nunca excluyente de su Calle 13 o su natal Puerto Rico. Así, cuando llegó el momento de volver al pasado (sí amigos, Atrévete-te-te tiene ya más de diez años) fue imposible no sólo mover las caderas, sino corear enteros y a todo volumen versos como “Súbete la minifalda hasta la espalda” o “Tú viniste a matarlo como Kill Bill / tú sabes que conmigo tú tienes refill”. Sí, ya muy atrás han quedado los tiempos en los que la gente se escandalizaba con el reggaetón. Y hace mucho también que a Residente se le ha dejado de considerar un simple reggaetonero.

En alguna reseña leí que el exceso de orquestación hizo deslucir algunos de sus clásicos1. Difiero. Creo que al contrario, le añade algo de clase y le permite explorar la variedad de los ritmos latinos más contemporáneos. Justo cuando comenzó su famosa Cumbia de los Aburridos yo ya me había entregado al pasado urbano reciente de América Latina. Mis piernas también. Y en un momento de respiro, escuché: “¿Eres Ale Oseguera”.

Me sorprendió sobremanera no reconocer el rostro de mi apelante: un chaval joven, moreno, de cabello corto y un poco más alto que yo. “¿Quién eres tú?”, le pregunté. Me contó que me había visto recitar en el CCCB, en el marco del Poetry Slam, que había escuchado mi “poema de la niña”, dijo, y que había comprado mi libro. Que le había encantado. Me dijo que ese poema le recordaba mucho sus raíces. “Yo nací aquí pero mi familia es de Perú”, me contó. Y ese poema, que habla de una joven que corre entre la abundante vegetación de la selva, que corta cocos y mangos, y que cambia lanza por fusil, le recordaban a su madre, a su hermana, a su abuela, y a todas las mujeres que habían luchado para que él pudiera estar hoy ahí, a mi lado, pegando saltos mientras Residente ya cantaba “Esto es una fiesta de locos / pero yo soy el único que no estoy loco”.

Aquel chaval me explicó al oído que es consciente de que ha idealizado a América Latina, seguramente tras haber escuchado todas esas historias sobre la tierra que abandonaron sus familiares. “Yo sé que allá tienen sus cosas, sus problemas”, confesó, pero qué podía hacer, en su imaginario aquel lugar del mundo era un sueño, un paraíso. Me dijo que había conectado conmigo, con mi acento y tal vez, me atrevo a asegurar, con mi color de piel, tan parecido al suyo. Él es catalán, me dijo, pero no del todo. No es de aquí ni es de allá. Se encuentra socialmente en un limbo muy extraño porque no termina de encajar. Le conté que yo también me he sentido así en muchas ocasiones. En mi caso, porque viviendo aquí ya hace más de diez años tampoco encajo con el colectivo “latino”, en el que abundan los colombianos, ecuatorianos, peruanos y bolivianos que, creedme, son muy distintos a los mexicanos (y son muy distintos entre sí). No seré nunca catalana, ni española, indistintamente de lo que digan mis pasaportes o tarjetas de residencia. Le comenté también al chico la de veces que me he maravillado cuando me hallo teniendo más cosas en común con un finlandés o un turco que ha encontrado un hogar nuevo en Barcelona. Como quizá también a él le ha pasado cuando se encuentra compartiendo anécdotas con los hijos de otros extranjeros. “Somos un poco outsiders, le dije. Como tales, coincidimos en el delicioso -aunque a veces solitario e incongruente- mundo del outsiderismo. Y así, de repente, ese joven estudiante hijo de peruanos, y yo, nos encontramos bailando en el mismo limbo donde el reggeatón ya no es reggaetón y América Latina ya no está tan lejos. Se nota. En Europa no saben mover las caderas así.

¿Residente o visitante? ¿Catalán, español o latinoamericano? Todo a la vez. Nada al mismo tiempo. A René Pérez Joglar el rótulo del reggaetón se le queda inmensamente corto. Como llamarnos a este chico y a mí simplemente “latinos”. Las sociedades, como la música, son multigénero, multiculturales y multiétnicas. Cualquier intento de enfrascarlas, enfrascarnos, es ingenuo y obtuso, sobre todo en Barcelona, donde el cruce de culturas sucede cada día.

 

 

1 – Indieofilo

2- Las fotografías son de la organización del Festival.

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Ale Oseguera

Periodista de profesión, escritora por vicio y performer de oficio. Interesada en la política, el arte y las personas, no necesariamente en ese orden. Actualmente trabaja como productora y redactora para ZoominTV Holanda. Su primer poemario "Tormenta de Tierra" se ha publicado en España y México.
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