27 de marzo del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



A pesar de la concentración de riquezas tras la crisis económica que comenzó en 2008 y de su gestión por parte de las clases dirigentes para hacer que la gente trabajadora la pagásemos, el sistema capitalista sigue en crisis. El 1% más rico es más rico que nunca, pero no consigue que su economía crezca de forma saneada, produciéndose un estancamiento en la mayoría de los países, cuando no directamente recesiones en algunas “economías emergentes”. Esta situación de crecimiento económico débil o decrecimiento desigual se combina con nuevas burbujas especulativas, como la inmobiliaria en China; burbujas que estallarán más pronto que tarde profundizando y extendiendo los efectos de la siguiente crisis. La situación económica actual explotará conduciéndonos a una recesión económica internacional mucho más profunda que la de 2008 en los próximo 5-10 años. El sistema capitalista necesita una gran crisis, quizás acompañada de una gran guerra, que destruya capital muerto y abra las puertas a un nuevo gran ciclo de inversión.

La crisis de 2008 ha servido de periodo de pruebas para las clases dirigentes. Han experimentado cómo pueden aprovecharse de una crisis al tiempo que intentan controlar las resistencias sociales y se recolocan en el juego imperialista internacional y sus guerras económicas y bélicas.

Al mismo tiempo que los capitalistas van corriendo sin control hacia su próxima crisis, las políticas racistas, xenófobas y austericidas de los gobiernos conservadores y socialdemócratas van abriendo las puertas a alternativas ultraderechistas. Fascistas agazapados en su sistema capitalista, asesinos sin escrúpulos aunque lleven corbata, preparados para asaltar el poder cuando la situación social lo requiera. A nadie se le escapa que esta huida hacia delante de crisis económica y democrática de los capitalistas nos conduce a un horizonte de gran sufrimiento social y ambiental para la mayoría de la población mundial.

Frente a la única alternativa capitalista, el neoliberalismo, su austericidio y sus guerras, surgen luchas sociales desde abajo, como la huelga contra la liberación de la estiva, por un convenio colectivo digno en el sector de telemarketing, las Mareas en defensa de los servicios públicos y las pensiones, etc.

Muchas de estas luchas se agrupan en las Marchas de la Dignidad, un espacio de confluencia y de visibilización de alternativas anticapitalistas para que la crisis la acaben pagando quienes la han provocado. Unas Marchas que se oponen al pago de la deuda y que promueven, por ejemplo, una banca pública al servicio de la gente trabajadora, la derogación de las últimas reformas laborales y acabar con los despidos en empresas con beneficios.

Estas luchas sociales surgen en un contexto de redes de apoyo y solidaridad y de experiencia social acumulada en las luchas pre- y, especialmente, post-15M. Una de las claves de estas luchas sociales es que se den en los centros de trabajo (allí donde tenemos más fuerza para parar el sistema) y que acaben desbordando a las burocracias sindicales que intentan mantenerlas aisladas y limitadas a pequeñas conquistas laborales, cuando no directamente a pérdidas de derechos en negociaciones derrotistas. Por el contrario, debemos establecer puentes entre las reivindicaciones laborales/económicas con reivindicaciones políticas que nos muestren el origen de la precariedad y los recortes, así como la forma de acabar con ellos de raíz. Por ejemplo, frente a la liberación del sector de la estiva tenemos que mostrar que no hay futuro digno para la gente trabajadora dentro de la UE, una organización neoliberal al servicio, desde sus inicios, de los intereses de clase de unos pocos.

Estas luchas sociales, como nos muestra la historia, el camino para arrancar reformas de los gobiernos de turno al tiempo que construyen redes y autoorganización desde las bases que son las semillas de las sociedades futuras. El reformismo, viejo y “nuevo”, nos muestran una vez más sus limitaciones para responder a los intereses de la gente trabajadora. Basta con mirar al gobierno de Syriza en Grecia o a los “gobiernos municipales del cambio” en el Estado español. Los movimientos sociales deben evitar ser controlados por organizaciones que prioricen la acción institucional a impulsar las luchas sociales hasta sus últimas consecuencias.

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla y miembro del círculo Macarena y miembro del Colectivo Acción Anticapitalista.
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