22 de agosto del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Reclinado en la mecedora a la sombra de una parra, el Don contempla pensativo el mar de vides sembradas a tresbolillo al otro lado del arroyo. En la distancia suenan las notas melancólicas de un acordeón. Alguien entona una tarantella que habla de honor y muerte, de silencios y lealtad. Un persistente murmullo de agua, un zumbido inopinado de avispas en la alberca, el ladrido lejano de un perro… todo evoca en esta mañana calurosa la intangible presencia de los ausentes. El Don se mece y los recuerda, o dicho de otro modo, los recuerda y se mece.

Sí, cuanto peor, mejor para todos. Madonna mía, qué refrán tan cierto. Siempre se van los mejores y siempre en silencio. Callados. Cuanto más callados, mejor para mí el suyo. Beneficio político. ¿Cuántos van ya? ¿Nueve, diez? El Don no lleva la cuenta, los consiglieres se encargan de eso, pero sabe que son muchos: jueces, empresarios, periodistas, técnicos, políticos… percances imprevisibles y lamentables todos: suicidios, caídas repentinas, accidentes de tráfico, infartos de miocardio… Porca vita.

Hubo un tiempo en que los negocios estaban controlados, antes de que la avaricia arruinara al país y enfrentara a los distintos clanes, cuando la Policía les guardaba respeto, antes de que los chivatos perdieran el miedo. Eran días de vino y rosas, cuando la gallina de los huevos de oro vivía y cacareaba inocente por los ponederos patrios. Qué tiempos, mamma mía. ¿Y qué hay ahora? Descontrol, división, traidores, figlios de puttana, cornutos, accidentes… muy accidentes y muchos accidentes.

El Don sigue evocando bajo la parra a los difuntos de la famiglia. Más que un recuerdo es un barrunto fatal, la certeza de una perentoria desgracia. El perro vuelve a ladrar a lo lejos. Alguien viene por el sendero, entre los viñedos. El Don frunce el ceño y acaricia la escopeta cargada con postas loberas. Reconoce al hombre. Se relaja, sabe que trae noticias. Descorcha una botella de Vega Sicilia y se sirve una copa. El recién llegado se acerca y le habla al oído con suavidad y respeto. El Don asiente, resignado. Porca miseria. Otra desgracia. Suicidio. Ahora ha sido el banquero cazador, pobre hombre, quién lo hubiera dicho. Riposi in pace.

A la sombra de la parra, el Don se reclina en la mecedora, cierra los ojos y se deja acariciar por las notas del acordeón. El murmullo del agua en la alberca diluye el recuerdo de los difuntos. El perro vuelve a ladrar a lo lejos. Los perros siempre ladran. De momento, todo sigue en orden.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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