17 de diciembre del 2018
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Hay un coqueto restaurante italiano en la carretera que une Cerroseco del Caudillo y Cuñadistán del Cencerro: Ristorante Calabria Nostra. Exclusivo, discreto, carísimo. El Don tiene cuenta allí, el contribuyente paga. El propietario del Calabria es el terror de los chivatos, Frankie el Esnucasapos, del Clan de los Genoveses, un antiguo asesor. El Don lo mira mientras le sirve un Villa Rinaldi de 2.000 euros la botella.

Parece ausente. Esta noche pesa sobre él la inminente sentencia de la Gürtel. Los tentáculos del poder nunca son tan largos como se cree, hay jueces, periodistas y policías inmunes al miedo y a la corrupción. Una sentencia de cárcel contra la mujer de Luis el Cabrón y será el fin. Están avisados. Hay dosieres de destrucción masiva.

Al fondo del salón, un trío de violín, organetto y bajo entona “Al di là”, de Carlo Donida. Un bajo canta con mesura en la estancia a media luz. Viejos daguerrotipos calabreses adornan las paredes asalmonadas. Las notas brincan como recuerdos de juventud en las vigas de madera, las copas de bohemia y los platos de Flora Danica ilustrados con pájaros cantores: “Non credevo possibile”, dice la canción. Sí, Luis el Cabrón mataría por su mujer. Y muchas veces.

El Don tiene el paladar delicado. Cenará “melanzane alla parmigiana”, risotto de espárragos y torta caprese. El chef de Frankie el Esnucasapos es un maestro y se esmera en los postres, pero al Don todo le sabe amargo esta noche, incluso el Villa Rinaldi. Piensa otra vez en Luis en Cabrón. Sería inútil infartarlo, accidentarlo o suicidarlo. Sus notarios tienen instrucciones precisas en caso de accidente.

Un hombre sortea las mesas vacías. El Don lo conoce bien, es Louie el Soplón, otro viejo asesor. Se acerca con gesto perruno, hace una reverencia, le besa el anillo y deja una esquela en la mesa. El jefe del Clan de los Genoveses la coge con una mueca de recelo. Le tiembla el pulso al leerla. ¡Figlios della puttana! Los cigüeños han detenido a Edu el Moro -ministro con Jozemari el Feo- por malversación, prevaricación y blanqueo de capitales. En la cárcel será imposible suicidarlo. También ha caído el segundo del Drácula por prevaricación y malversación. Este cantará seguro. Doce de los catorce ministros de Jozemari el Feo están imputados, implicados o cobraron sobresueldos.

Pero no todo está perdido. Aún le quedan las televisiones, la prensa, la radio, la legión de tertulianos sicarios, caros pero eficaces. Y su gran esperanza: Edu el Asustaviejas y su don natural para la inventiva, la maldad y la bajeza. Gracias a ellos el populacho habla de banderas y casitas y no de guillotinas. Pronto discutirán de fútbol, se acerca el mundial. Solo necesita un poco más de tiempo. Tiempo. ¡Qué bien suena ese organetto, mamma mía! El bajo entona ahora “Sapore di sale” emulando a Gino Paoli: “El tiempo está en los días que pasan perezosos y dejan en la boca el sabor de la sal”. Tiempo. Como sea.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.

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