21 de noviembre del 2017
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Santiago Maldonado era un activista. Un artesano y tatuador preocupado por el mundo que le rodeaba y por sus injusticias. El 1 de agosto de este año Santiago participaba en las protestas junto a la comunidad aborígen en defensa de la propiedad de sus legítimas tierras, en la provincia de Chubut, Argentina. Santiago se manifestaba, como tantas otras personas, contra el obsceno imperialismo del Grupo Benetton en dicho territorio.

Fue entonces cuando los policias argentinos irrumpieron con una fuerza demoledora en la comunidad donde residía y reprimieron a sus habitantes utilizando la fuerza bruta con diferentes armas: bolas de gomas y porras.

Santiago huyo durante la brutal represión y se refugió en medio del bosque, en una zona llena de arbustos. Fue descubierto y secuestrado por la gendarmería argentina.”Tenemos uno”, dijeron los militares. Fueron ocho minutos de agónica huida. Ocho minutos de terror. Fue una desaparición forzada.

77 días después, y tras una movilización ciudadana sin precedentes, el cuerpo de Santiago Maldonado fue encontrado a unos 300 metros del lugar donde fue visto por última vez, en un nuevo rastreo del río Chubut. Curiosamente cinco días antes de las elecciones legislativas. La comunidad mapuche y algunos familiares de Santiago no han dudado ni un instante en que se trata de un “cuerpo plantado“.

Santiago fue una víctima más del imperialismo y de la brutalidad policial de la Gendarmería Nacional de Macri, que operó como si de una mafia se tratara, primero asesinándolo, luego ocultando su cadáver para más tarde hacerlo aparecer como si nada hubiera sucedido.

El suceso agitó brutalmente el tablero político argentino. En un primer momento, el gobierno de Macri intentó de forma hiriente e inadmisible exculpar a la Gendarmería de la desaparición. Luego el presidente optó por el silencio. La oposición, con Kirchner a la cabeza, criticó que Macri nunca diera la cara. Y en medio de los acontecimientos, un debate político enfangado hasta decir basta. Tanto, que se ha alejado del foco mediático el verdadero problema: la represión autoritaria de unas fuerzas de seguridad corruptas y la impunidad de la que gozan. El rodillo capitalista.

No podemos quedarnos inmóviles ante la obscena represión del imperialismo. La rabia y el dolor que sentimos hoy debe mutar hacia la movilización convencida del mañana. Porque el día del mañana Santiago Maldonado podrías ser tú. O podría ser yo. O cualquier persona o colectivo que defienda sus legítimos derechos. Cualquier activista.

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