22 de noviembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Son ya demasiadas las veces que el poder judicial español, ese órgano secuestrado, maltratado y lobotomizado por la derecha española (a su vez formada por un grupúsculo de señores acorbatados, retrógrados, clasistas y machistas) propina un golpe a la libertad de expresión de la ciudadanía sin rubor, disimulo ni vergüenza. Se ha convertido en una preocupante tendencia en la etapa Rajoy: en los casos de relevancia social y política, la (in)Justicia española se inclina siempre hacia el mismo lado de la balanza; hacia el lado de la mordaza, de la violación de los derechos humanos básicos y de la libertad de expresión, hacia el lado poderoso y oscuro, el del franquismo, de la represión y del chanchullo.

De ello pueden dar fe, lastimosamente, demasiadas personas en los dos últimos años: Guillermo Zapata, Raúl García y Alfonso Lázaro (los titiriteros), Victoria Rosell, Cassandra, Juan Carlos Monedero, Rita Maestre, etc. Todas estas personas sintieron la opresión de una (in)Justicia que no es igual para todos, que conspira en despachos a puerta cerrada y maneja sus perversos hilos para instaurar un orden de temor y autocensura. La distopía de Orwell en la España del siglo XXI. El miedo.

Mientras los partisanos sufren y el pueblo calla cabizbajo, campan a sus anchas y prepotentes los que enaltecen el franquismo, camina libre Fernández Díaz, Soria, Rato, Bárcenas, Sandokán, Chaves, Griñán, Juan Carlos I y Florentino Pérez, se pasean tranquilos los ladrones de guante blanco, los que conspiran para enriquecer a las eléctricas en plena ola de frío, quienes planifican las cláusulas suelos o sacan tajada de las hipotecas inversas, los de las preferentes, los que ponen las vallas en Ceuta o esos mossos salvajes que asesinan a golpes.

Todos con un trato preferencial por parte del poder judicial. Se aplica la ley del más fuerte, la del privilegio. Empieza a oler a podrido el favoritismo de las élites. Mientras que perdemos derechos y oportunidades, cualquiera se pregunta: ¿Cuánto tiempo está dispuesto la gente a tolerar esta ola represiva que nos asfixia y nos deja sin aliento? ¿Cuándo vamos a reaccionar ante el secuestro permanente de nuestras instituciones? ¿Qué debe suceder para que la gente se eche a la calle a reclamar sus derechos básicos universales? ¿Cuál es el límite que colma el vaso de nuestra paciencia?

foto: eldiario.es
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