12 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



«El pájaro que no conoce la libertad adora una jaula a la que llama «patria» Creció, mi generación, oyendo a la comparsa Raza Mora de la peña «Los Majaras» en el patio del colegio Hospitalito. Nos dijeron que Andalucía era nuestra tierra y la Arbonaida, nuestra bandera. Que pidiéramos tierra y libertad… Siempre desconfié, incluso siendo tan niño, de esos mayores vestidos con absurdos trajes y de esos discursos patrióticos grandilocuentes, que apelaban a una identidad común tan abstracta como impostada. Los niños tienen un sexto sentido para esas cosas.

Yo no sabía aún qué era eso de la patria, sólo conocía mi barrio, mi familia, mis profesores y mis amigos. Ya de mayor entendí que la infancia fue mi única patria verdadera, la mar que me arrebataba a mi padre por meses, mi sustento, y no lo que esa gente que se llenaba la boca de ¡ANDALUCÍA! decían que era.

Vivían muy bien, y es que el uso por parte de la política de este «significante en disputa» no hacía mas que prostituir el termino y sus posibles interpretaciones. ¿Como voy yo a compartir sentimientos de origen con esa gente? Y aunque me doliese reconocerlo, ni tan siquiera con otros pueblos tan lejanos, distintos y desconocidos. Se acerca el 40 aniversario del 4D.

No voy a detenerme en relatar los sucesos, pero sí que pienso ser franco y mordaz con quienes tratan de apropiarse de un sentir tan rico y diverso para sus fines. La experiencia de cuatro décadas de gobierno de la Junta por una misma «familia política», con su arraigo hegemónico en el territorio, cómplice del verdadero poder (el económico), heredero de los asesinos de Blas Infante y de Lorca y de tanta gente que una vez creyó y luchó por una idea de Andalucía.

Hoy tras 40 años de «democracia» los andaluces que luchan por la tierra, los que sobreviven en la mar, los trabajadores del turismo y la hostelería, esos que nunca hemos disfrutado de ningún cambio en nuestras condiciones de vida, los que malvivimos explotados junto con los que ya han perdido toda esperanza de prosperar, esos; «los de abajo del todo» son mi única patria verdadera. Y no quienes, mediante soflamas más o menos heroicas, nos llaman a insurrecciones y a levantamientos revolucionarios anacrónicos ni a aventuras independentistas. Tampoco quienes nos representan en unas instituciones tan corruptas como alejadas de la gente.

Sólo me representa quien desde los barrios, los campos, las sierras, las costas y los mares clama por la soberanía del pueblo. Y quien entienda que está ahí, en las instituciones, para defender, no ninguna modalidad de andalucismo, sino el ANDALUCISMO con mayúsculas, el del derecho al pan , al techo y a la dignidad para todos y todas. Para eso no sobran sentimientos, pero históricamente en Andalucía, ha faltado inteligencia colectiva. Sólo un deseo como andaluz desde un barrio humilde en una ciudad costera del occidente: ¡Nunca mas usar el concepto patria como un redil para agrupar a las personas como si de ganado se tratara! La única patria verdadera es tener la despensa llena y no temer por el futuro de nuestros hijos e hijas.

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Jose María Rueda Santiago

Activista social y político. Cocinero de profesión. Pensador entre fogones.

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