25 de junio del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Shakespeare & Company abrió sus puertas en 1919 gracias al entusiasmo de Sylvia Beach, una norteamericana afincada en París que quiso cubrir la carencia de libros en inglés que por entonces existía en la capital francesa. Beach decidió que su librería funcionase también como centro social y cultural para expatriados. Así pues, además de ofrecer el local para pernoctar a cambio de trabajar unas horas en la tienda, Beach ideó un sistema de préstamo para aquellos que no pudieran adquirir los libros en propiedad, e incluso se aventuró en el mundo de la edición publicando un controvertido manuscrito de James Joyce titulado Ulises; un texto que por entonces nadie se había atrevido a editar y que más tarde se convertiría en uno de los grandes clásicos de la literatura universal. Todo esto atrajo a su negocio a buena parte de los autores norteamericanos establecidos en la capital del Sena. Autores de la talla de Scott Fitzgerald, James Joyce, Ernest Hemingway o Ezra Pound solían frecuentar la Shakespeare & Company. Se trataba de un lugar lóbrego y decadente en cuya trastienda se acaloraban las charlas y se bebía té. Por desgracia, la librería fue cerrada tras la ocupación nazi de París y su dueña, según cuentan, enviada a un campo de concentración por negarse a venderle a un oficial alemán la última copia disponible de Finnegans Wake de Joyce.

Una década más tarde, otro norteamericano emigrado, George Whitman, abrió una librería llamada La Mistral cerca del Bulevar Saint Michel e intentó que el local sirviese como nueva sede de la colonia yanqui en París. Tras la muerte de Sylvia Beach, Whitman adquirió toda la colección de ésta y rebautizó la librería con el nombre de Shakespeare & Company. Resolvió además que debía mantener lo más importante: el espíritu de cooperación y solidaridad que había caracterizado a la librería de su antecesora en los años veinte y treinta. De modo que por allí pasaron, y durmieron, algunos de los más importantes autores de la nueva generación de postguerra, como Allen Ginsberg, Gregory Corso, Henry Miller o Ray Bradbury. Y así nació la tienda que hoy día recibe miles de lectores y turistas de todo el mundo. Gente que abarrota las dos librerías y la cafetería con la que éstas comparten espacio en los bajos del edificio de la Rue du Bûcherie, en la orilla izquierda del Sena, muy cerca de la Catedral de Notre Dame.

 

 

La globalización, la explosión turística y las guías de viaje han hecho de la librería un monumento, un reclamo turístico que sin embargo mantiene el espíritu de antaño una vez que uno accede a su interior. Se trata de una suerte de templo; paredes empapeladas de libros, viejos estantes de madera, fotos de época, escaleras para alcanzar las baldas más altas, antiguas máquinas de escribir, bohemios rincones de lectura y hasta un piano que los clientes pueden tocar si les apetece. Una atmósfera de respeto al saber que desprende polvo y  aroma a papel mojado. Un espacio preparado para la liturgia de la lectura. Pero también una puerta abierta al pasado; un túnel temporal que transporta a los visitantes a una época en la que ser escritor aún servía para algo. Mientras uno recorre la librería, tiene la sensación de que los fantasmas de todos los que por allí pasaron para charlar, colaborar o dormir, siguen pululando por sus rincones. Se trata de una experiencia tan real como mágica; una paradoja, una emoción que te asalta mientras escrutas sus esquinas, mientras subes las escaleras que conducen al piso superior, mientras respiras el aire húmedo que mana de sus anaqueles, mientras experimentas esa suerte de viaje en el tiempo que el espacio ofrece.

Una de las razones por las que Shakespeare & Company mantiene su esencia es el hecho de que conserva su política de asilo para escritores emergentes; un programa de gran utilidad si tenemos en cuenta que París es una ciudad donde el precio medio por persona y habitación supera con creces los cien euros. Esta política cooperativa de pernoctación se conoce como Tumbleweed. La palabra hace referencia a esas bolas de ramas enmarañadas que son arrastradas por el viento en el desierto. Antes de establecerse en París, George Whitman fue un tumbleweed; una persona que volaba de sitio en sitio aceptando la generosidad de los demás para guarecerse. Así las cosas, la librería ofrece una política de refugio para autores que funciona de la siguiente manera: los creadores que se apuntan al programa Tumbleweed ayudan a los libreros colocando libros durante dos horas. Además han de prometer que dedicarán una parte de su tiempo de ocio a la lectura y la escritura. A cambio, se les permite pernoctar en la tienda junto con otros “refugiados”, repartidos a lo largo del local en colchonetas. Ronquidos y efluvios. Sudor y chinches. Todo libre de gastos. Todo por un ideal.

Jóvenes escritores de todo el mundo acuden a diario a la librería emulando el romanticismo de los artistas de la primera mitad del siglo XX. Pero en nuestros días la profesión literaria es inestable y arriesgada, la mayor parte de las veces una quimera. Así que entiendo que quienes pernoctan en la Shakespeare & Company no buscan el comienzo de una exitosa carrera literaria en París, sino vivir una experiencia similar a la de aquellos que nos legaron grandes obras de la literatura universal.

Resulta evidente que los elementos que mantienen en pie la industria del libro son tan abstractos como un sentimiento, una fantasía o una idea. Es por ello que el valor de Shakespeare & Company reside sobre todo en la nostalgia que es capaz de trasmitir a quienes se dejan seducir por sus musas; dentro de la librería a uno le entran ganas de leer, de escribir, de comprar libros, de declamar versos en silencio. De regresar a un tiempo con menos tecnología y menos prisa; a un mundo con más lectores.

The following two tabs change content below.

Mario Crespo

Mario Crespo (Zamora, 1979) es licenciado en Historia del Arte y Documentación. Ha escrito y dirigido los cortometrajes Sin título y Death y es autor de las novelas LS6 (2010), distinguida en el Festival du Premier Roman de Chambéry y traducida al inglés, Cuento kilómetros (2011), Biblioteca Nacional (2012) y La 4ª(2014). También ha coordinado, junto a José Ángel Barrueco, la antología Viscerales (2011). Es colaborador habitual de prensa y su obra poética y narrativa aparece antologada en varios libros. Actualmente reside en Madrid.

Últimas entradas de Mario Crespo (ver todo)

Tags: , , , , , ,

    Una Réplica

  1. Pepa MN

    El 15 de octubre de 2006 fue un domingo soleado en París, lo recuerdo bien porque era mi cumpleaños y yo estaba con mi pareja en la ciudad precisamente por este motivo, para celebrar mis 40 otoños. Después del café y de haber recibido mi regalo, Trilogía de Nueva York de Paul Auster, salimos a pasear y sin pretenderlo acabamos en la preciosa librería Shakespeare & Co. Me estaba dejando hacer la fotografía de rigor delante de la puerta ,cuando vi llegar a Paul Auster y a Siri Hustvedt….la fuerza del destino, la casualidad austeriana rozaba mi vida, pura emoción…Les seguí adentro y les observé unos minutos, hojeando libros, rebuscando en estanterías, la escuché a ella decir su nombre: “Paul…” No me atreví a acercarme, no fui capaz de contarle a uno de mis autores favoritos, que aquello que me estaba pasando eran tretas del destino al más puro estilo de sus novelas, porque yo no vivía en París, porque la librería me la tropecé sin buscarla, que además era mi cumpleaños y que había dejado encima de una mesa de una habitación alquilada una novela suya que acababa de recibir….fue mágico.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies