14 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



“El feminismo tiene muy mala fama”, oí que opinaba alguien el otro día, porque no lo han vendido bien -no lo han sabido vender bien-. Sí, es triste admitirlo pero quizá lo que suceda actualmente es que todo tiene que ir en un packaging que nos llame la atención, nos atraiga y conecte con ese par de minutos que estamos dispuestos a invertir en escuchar en algo nuevo, diferente, algo que no conocemos o que no nos suena. “¿Feminismo?”, me repetía hace unos años -y, como yo, buena parte de mis amigas que hoy se reconocen feministas-, “ese ideal de lucha por la igualdad ya no es un ideal: está alcanzado, ¡hombres y mujeres  somos iguales en derechos y oportunidades!… Al menos, en ciertos países, claro”. Cuánto me equivocaba y qué bien hice al seguir informándome, insistiendo, posicionándome.

Sin embargo, estoy convencida de que sí puede que estemos en un gran momento para seguir la lucha, a pesar de que agote, a pesar del acoso machista en redes sociales, a pesar de las políticas cada vez más retrógradas que nos imponen, a pesar de que nos siguen matando y alquilando. Dos ejemplos de que probablemente estamos en el buen camino son los shows Feminismo para torpes y No sólo duelen los golpes, maravillosamente acogidos por el público.

 

Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 1982) es la directora y protagonista de Feminismo para torpes, un monólogo teatral que ha formado parte, este pasado fin de semana, del programa de la tercera edición del festival Princesas y Darth Vaders, comisariado por la escritora y periodista Lucía Litjmaer. Junto a Nerea también participan un par de actores profesionales que ayudan a escenificar escenas cotidianas de sexismo (machismo): en los entornos laborales, entre amigas, en Internet… Durante unos 45 minutos, esta periodista reflexiona en voz alta y en clave de humor (a veces muy negro; sin concesiones, sin pelos en la lengua) y repasa todo un abanico de situaciones que muchas hemos vivido: pequeñas y grandes desigualdades, injusticias flagrantes, ejemplos de opresión y principales estereotipos (muchos plantados gracias a nuestro querido sistema educativo). Nerea es, en propias palabras, una mala feminista.

Pero antes era peor feminista porque no era feminista en absoluto. Vivía en un mundo en el que era aceptable que las revistas te vendiesen un bolso de miles de euros como un must de la temporada para, pocos meses después, prohibirte que salgas con él a la calle y volver a proponer prendas y complementos totalmente diferentes a precios desquiciados.

Tal como comenta la propia Lijtmaer en el libro que acaba de publicar, Yo también soy una chica lista (Destino), muchas de nosotras tenemos un pasado oscuro antes de darnos el golpe y tenemos interiorizadas, sin ser muy conscientes, actitudes machistas. Es decir, antes de tener ese pequeño momento de revelación, ese instante epifánico, ese despertar en el que nos damos cuenta de que algo está mal, de que algo tiene que cambiar, porque vivimos en una situación de injusticia permanente. ¿Por qué a las mujeres nos enseñan a odiarnos entre nosotras? ¿Por qué a partir de cierta edad somos invisibles? ¿Por qué somos siempre unas exageradas, unas locas, unas histéricas? Ha llegado el momento de gritar, porque muchas sienten/sentimos que hemos estado calladas mucho tiempo.

Ojalá hubiera conocido este monólogo-show tiempo atrás, cuando aún no tenía la conciencia de género despierta y me escuchaba decir sandeces infundadas, propias de un parroquiano acodado en la barra de un bar. Ojalá hubiera conocido, también, No sólo duelen los golpes de Pamela Palenciano (Andújar, 1982), un monólogo teatral igual de fresco -quizá más idóneo para públicos jóvenes- que lleva más de diez años en escenarios y aulas y que acaba de inspirar el libro Si es amor, no duele editado por Alfaguara, dentro de su colección Blackbirds, e ilustrado por Sonia Lazo. Aunque el monólogo está escrito y representado por la autora, en el libro ha intervenido su pareja, el escritor Iván Larreynaga, por lo que la escritura ha sido conjunta. En Si es amor, no duele Palenciano repasa la historia de dominación y maltrato que sufrió desde los 12 años hasta los 18: su primera pareja, su primer novio. Tanto el monólogo como el libro rebosan humor, pero parten de una experiencia personal dolorosa y tratan de poner sobre aviso a los más vulnerables: los adolescentes. Basta una búsqueda sencilla sobre las campañas aparecidas en los últimos años para prevenir la violencia durante los noviazgos en esta etapa para saber que estamos ante una amenaza considerable. 

¿No habríamos evitado serias catástrofes personales (y me atrevo a decir sociales) si alguien nos hubiera advertido, a tiempo, del riesgo que corríamos dejándonos convencer por un ideario maquiavélico e insano? Tanto el patriarcado como la propaganda capitalista se sirven de la metáfora de la media naranja, siempre a la espera de que la otra mitad aparezca, para explicarnos cómo debemos entendernos a nosotros mismos (incompletos) y a los demás (los que darán sentido a nuestra existencia y nos harán sentir plenos). El amor romántico –aunque no lo crean, perjudica seriamente la igualdad– es una gymkana en fases, retroalimentada con estrategias consumistas: ni se te ocurra pasar solo el día de San Valentín, emparéjate, cásate, procrea –que se te pasa el arroz-, compra un coche, una casa, procrea de nuevo… hasta que la muerte (o el divorcio) te separen del amor de tu vida. O de esa persona que te han hecho creer que lo es. ¿Dónde queda el espacio para los (auto)cuidados, para las diferentes formas de amor, incluidas aquellas que se dirían no convencionales? ¿Por qué aceptamos tantas barbaridades en nombre de un constructo social que unos y otros, durante siglos, han querido convertir en bandera de una causa económica e ideológica?

Tanto Pamela Palenciano como Nerea Pérez nos invitan a (re)pensar y (re)pensarnos -a nosotras mismas y las relaciones que construimos-, a afrontar las situaciones que se nos presentan, mediante la escenificación, el diálogo, el humor y la lectura. Ojalá se pongan de moda los shows violetas, críticos, irreverentes. Digo más: ojalá se pongan de moda los shows hechos por y para mujeres, que cuenten historias de lucha y superación y denuncien desigualdades sin que nadie las tache de excéntricas, exaltadas o radicales, y podamos prescindir el adjetivo cromático para siempre.

 

Fotografías de Feminismo para torpes: Javier Arranz

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Rocío Martínez

Periodista freelance, escritora, técnico audiovisual. Formándose como psicóloga. Ha formado parte de El Mundo, Tercera Información, El Mostrador, Harper's Bazaar o Showrunner, entre otros.
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