16 de octubre del 2018
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1. La furibunda reacción de la vieja política y sus cebrianes a las intervenciones de Pablo Iglesias y Gabriel Rufián señalan dos cambios interesantes: 1) que se acabó el tiempo de encubrir las malas prácticas, las vergüenzas parlamentarias y la corrupción bajo el paraguas de la corbata, de la seriedad y de la impostura y 2) que las formas han cambiado, que los partidos rupturistas con el Régimen del 78 van a escupir sus verdades con irreverencia, humor, sin agachar la mirada y de tú a tú. Esta legislatura será corta, seguro, pero también divertida.

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2. El PSOE consumó lo que algunos sabíamos desde hace meses que iba a hacer (concretamente desde las primeras elecciones) pero que otros no quisieron creerse: pudiendo gobernar, otorgó sin reparos el bastón de mando a Mariano Rajoy y al Partido Popular, siguiendo el dictado de Felipe González y Susana Díaz. Esa alta traición al socialismo fue representada por un deprimente Antonio Hernando que se tragó sus palabras pretéritas y el mayor sapo de la historia de un partido que firmó su defunción con una actuación contradictoria, cómica, vacua, al servicio del IBEX y sobre todo, triste, muy triste.

3. Que José Manuel Villegas (C’s) diga que Podemos “está con los terroristas” desvela el nivel al que está dispuesto a llegar la formación naranja, un nivel más propio de Rafael Hernando y los hooligans de la bancada del PP. Si ya sacaban punta del asunto de Venezuela (con un Albert Rivera desatado), ahora cualquier propuesta parlamentaria en la que Bildu y Unidos Podemos coincidan será un arma arrojadiza. Se presenta una legislatura complicada, bronca, donde las flechas cruzadas pueden herir a cualquiera que pase por ahí. Unidos Podemos tendrá doble tarea, una vez que el PSOE se ve obligado a recomponerse desde sus escombros, combatir a Rajoy y a su más firme aliado, Rivera, empecinado en dedicar la mayor parte de su tiempo en el Congreso a verter basura sobre Unidos Podemos.

4. Pedro Sánchez optó por la salida más inteligente que tenía; renunciar a su acta minutos antes de la investidura. Se prolonga, por tanto, su pulso con el sector Cebrián aunque poco podrá hacer desde el extrarradio de un PSOE moribundo y sin credibilidad. En pocos meses, Sánchez será historia, se arrepentirá de cómo se desarrolló su pesadilla en el partido y de sus propias decisiones, y será recordado como “el hombre que pudo reinar”. Es un cadáver político que, después de todo lo que ha pasado, todavía cree en las siglas de un PSOE, que son, a día de hoy, un oxímoron.

5. Rajoy no va a dejar de ser Rajoy aunque carezca de mayoría absoluta. Del impostado papel conciliador y dialogante escenificado estos 300 días, ha pasado a otro rol mucho más tajante en el que asegura que las reformas no se van echar atrás —traducción: más recortes— y que el Gobierno debe tener condiciones para gobernar. El PP ya está al mando, y va a recortar, va a seguir obedeciendo las órdenes de La Troika, va a dilapidar más derechos sociales y ayudará a los bancos, al Ibex y los Amancios Ortegas de turno. Las prioridades del PP son las que son y por ellas va a servir, una vez más, a cambio de favores personales. Las élites están brindando con champán.

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6. Los partidos continuistas (#PPCSOE) impulsan el discurso de la criminalización de la calle desde el primer día. No parece que vayamos a conseguir normalidad democrática en este aspecto. La triple alianza del Ibex lleva semanas diciendo que la política se hace exclusivamente en el parlamento. Como si la política no lo fuera todo y las organizaciones y los movimientos sociales no pudieran expresarse libremente. Política hay que hacer en el parlamento, de acuerdo, pero no la tiene secuestrada. La calle, con Rajoy y su mafia en el Gobierno, es más necesaria que nunca.

7. ¿Y ahora, qué? Levantarse un lunes con la certeza de soportar a Rajoy otra legislatura como presidente es durísimo, pero no debe nublarnos la vista. Cada uno de nosotros y de nosotras tendrá que aportar desde su ámbito para hacer enjambre y dar la batalla a un PPSOE que sabemos lo que son y de lo que son capaces (de movilizar a los poderes fácticos o fundar un partido marioneta) con tal de frenar el avance de las clases populares. Se ha conseguido resquebrajar el sólido muro del bipartidismo y de los privilegios, aunque solo contemplemos una rajita. La idea es seguir golpeando a la plutocracia hasta acabar extendiendo esta fractura, derrocar a la mafia que dirige el país y volver a respirar. Un escenario utópico, dirán los más pesimistas, pero que está más cerca de lo que parece.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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