27 de marzo del 2017
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En estos días, encontramos muchas noticias sobre la guerra en Siria y las personas refugiadas que huyen de ella. Al mismo tiempo, siguen apareciendo informaciones sobre la extensión de la crisis económica a nivel internacional, con las potencias “emergentes” con problemas para hacer crecer sus economías y crecimientos débiles prolongados en los países enriquecidos. En el Estado español, en particular, vemos y sufrimos como el crecimiento económico reflejado en cifras macroeconómicas no mejora de la calidad de vida de la gente trabajadora.

Los medios de comunicación al servicio de la casta política profesional, y esta misma casta, tratan de hacernos ver que estas dos problemáticas no tienen nada que ver. Por un lado está la guerra en Siria (y en otras zonas como Yemen, Irak o Afganistán), y por otro muy distinto la crisis económica. Sin embargo, ambos fenómenos son dos caras de la misma moneda: el funcionamiento de un sistema capitalista excesivamente maduro y reaccionario en el que los poderes económicos intentan aumentar beneficios a toda costa.

Como se ha descrito en muchos análisis, la crisis económica se construye en un contexto de sobreproducción a nivel de la economía real, agravada por burbujas especulativas infladas mediante el capitalismo financiero. Esta crisis económica a escala global, y que en un principio golpea especialmente a los países enriquecidos, aumenta la presión sobre los grandes capitalistas y sus empresas transnacionales a la hora de aumentar sus beneficios (si no lo hacen perderían capacidad competitiva y podrían desaparecer). Los capitalistas, a su vez, trasladan esta presión a sus estados, y los gobiernos de turno, para que éstos les faciliten controlar nuevos mercados, enclaves geoestratégicos y zonas extractivas de materias primas. Así, la crisis económica acrecienta las dinámicas imperialistas producto de la expansión de los diferentes bloques económicos (Estados Unidos-Unión Europea, Rusia, China…).

Esos mismos capitalistas que inflan las burbujas especulativas, y que explotan brutalmente al medio ambiente y al ser humano, son los responsables finales de las guerras y de que se originen monstruos políticos como el Estado Islámico. Esos capitalistas (todas conocemos a alguno por los medios de comunicación) y sus gobiernos son también los que intentan cerrar las fronteras europeas frente a la gente que huye de la miseria y la guerra buscando una vida digna.

Estas contradicciones sociales, políticas, ambientales y económicas no se prolongarán por mucho tiempo. Acabarán resolviéndose de una manera u otra y provocando cambios muy profundos. Cambios que hacen que nos encontremos en un momento histórico tremendamente fluido y cambiante en la que nosotras, la gente trabajadora, tenemos mucho de decir y hacer más allá de votar en las elecciones.

A los políticos de la casta y a sus medios de comunicación, que tratan de mostrarnos la realidad encajonada y etiquetada para que no veamos las conexiones que nos conduzcan a un análisis radical (porque busquemos las raíces, las causas finales) de los problemas, tenemos que gritarles: ¡Es el capitalismo, estúpidos!

 

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla y miembro del círculo Macarena y miembro del Colectivo Acción Anticapitalista.
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