13 de noviembre del 2018
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Después de que El Confidencial destapara lo que ya era un secreto a voces, que el gobierno había intercedido para ocultar y paralizar la convocatoria de la plaza designada casi a dedazo a José Manuel Soria en el Banco Mundial, los protagonistas quedaron retratados con cara de póquer y no quedó otra solución: El enésimo esperpento en esta España de pandereta que gobierna el Partido Popular. Soria señala que se lo pidió el PP, Rafael Hernando señala a Soria, Luis de Guindos tarda en comparecer y al final sucederá lo de siempre: Que nunca pasa nada.

El caso Soria, tan esperpéntico como fuera en su día el teatro del absurdo de Mónago, supondría el enésimo delito del Partido Popular -tráfico de influencias-, imputado ya este año, con un ministro de justicia señalado por prevaricador y récord Guinness de la corrupción política mundial. El mismo día que, ojo que se dice pronto, se imputa al que fuera número dos de Rita Barberá en Valencia y se descubren más miserias del que fuera diputado del partido, Arístegui. Es difícil de creer que todo ello no tenga que ver con el hecho de que el estado sólo haya recuperado el 5% del dinero público que sirvió para sanear la deuda privada de los bancos. En otras palabras, las corruptelas continuadas dentro de nuestras instituciones es lo que lleva a un país a la quiebra y por eso el Partido Popular no puede permanecer ni un segundo más gobernando. Sea, o no, en funciones. Lo increíble es que los ciudadanos aún no hayan entendido esto.

El problema ya no es el enésimo cargo por enchufismo, ni la reincidencia del actor de doblaje de Aznar, ni siquiera Luis De Guindos o Rajoy como presidente, el problema es el Partido Popular en sí mismo, incapaz de controlar su propia naturaleza. La de un partido que nació corrupto, vivió corrupto y va a morir corrupto. Demasiadas redes clientelares para un partido que acumulaba en enero de dos mil dieciséis más de 500 imputados, demasiados favores que cobrar en la mochila, demasiados sinvergüenzas en sus filas. Ni cambiando la nomenclatura de lo que hacen, ni controlando leyes y legisladores, ni con tres campañas del miedo seguidas, el Partido Popular va a lograr librarse la inercia de lo que ha estado haciendo toda la vida. Delinquir. Por más que tiempo que pase, cada mañana se enfrentarán al monstruo del espejo. Su enésimo pulso a las instituciones y a la opinión pública puede ser más perjudicial de lo que ellos mismos suponen -y retratan, de paso, a su principal muleta, Albert Rivera-.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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