15 de diciembre del 2018
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Leticia Dolera se equivocó. No procuró una solución oportuna y sensible (de las cientos posibles) para Aina Clotet, la actriz embarazada de su serie. La discriminó cual patrón y optó por la vía fácil, indicarle que no era apta para el papel en la ficción ‘Déjate llevar’, patrocinada por Movistar. Luego actuó intentando escurrir el bulto y ahora se abraza al silencio, quizás la estrategia más recomendable hasta que pase el temporal.

Pero el daño ya está hecho y será irreparable. La mancha perdurará. Dolera ha aprendido, y seguramente no se le olvidará nunca, que el feminismo será con perspectiva de clase o no será. Es lo que vienen reclamando numerosos colectivos feministas de base que han alertado sobre cómo el feminismo light va ganando terreno (véase el caso de Ana Botín) y del blanqueamiento del capitalismo bajo la excusa morada.

La apuesta por la igualdad debe ser integral, multidimensional y solidaria, no caben medias tintas. La perspectiva de clase es incuestionable si se quiere ganar el pulso al heteropatriarcado; la sororidad pasa por ponerte en la piel de la otra. Dolera fue primero empresaria y luego feminista. Pensó primero en sus intereses y luego en su compañera. Y ahora le llueven palos de todos lados, del patriarcado oportunista que estaba esperando con el cuchillo entre los dientes cualquier resbalón, y de cientos de personas feministas y pro-igualdad que han sentido la decepción en sus carnes. 

Dolera merece redención porque nadie nace experta. Y porque las garras del patriarcado neoliberal llegan a lo más hondo de nuestro interior, desde nuestro inconsciente hasta lo más preciado de nuestra soporte vital. Sobre la actriz y directora planeará con razón la sombra de un feminismo impostado y posmoderno marca Planeta. En cualquier caso, el movimiento feminista está muy por encima de actos puntuales de personas puntuales. Convivir con las propias contradicciones es perfectamente comprensible en un movimiento rupturista, que tiene que aprender a no dogmatizarlo todo y aplicar el concepto de sororidad también cuando surgen equívocos y desengaños.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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    3 Réplicas

  1. Jorge

    Y aquí se ve el doble rasero, la moral demagógica, lo mercenarias, hipócritas, y un largo etcétera de estas femilistas de manual, q son lo q son porque no tienen otra manera de ganar popularidad y hacer caja.

    El feminismo actual es una auténtica farsa, manipulado por el poder, de mero escaparatismo de buena moral, cuando en realidad a cambio de su “defensa” de la mujer arrastra con todo, la culpabilidad de inocentes, la falta de protección real de las mujeres q lo necesitan (y de cualquier víctima q si no es de sexo femenino se invisibiliza), para dilapidar presupuestos en campañas, cursos, y estigmatización del hombre, para ingresar las subvenciones de la Unión Europea.

    Cuando hoy en día, en q las leyes daban derechos y libertades por igual a ambos sexos, lo normal hubiera sido unificar demandas y necesidades en un movimiento unitario con la perspectiva de ambos sexos. Sin embargo, el “feminismo” se ha puesto a rizar el rizo, a seguir justificando su existencia olvidándose de la otra parte q compone la igualdad, y sobre todo, a darle visibilidad a mercenarias q solo han soltado discursos hipócritas para vender su imagen y sus libros.

    Después se topan con la dura realidad. Y mira q en esto había arreglo. Una mujer embarazada, salvo q el mismo embarazo se lo impida, NO TIENE NINGÚN PROBLEMA para rodar. NINGUNO. Hay miles de soluciones. Pero claro, había escenas de cama, y a una mujer embarazada no se la puede cosificar. Hay q enseñar carnaza. Carnaza para vender feminismo. Menuda paradoja de serie feminista.

    En fin, yo no veré esa serie y nadie debería hacerlo. Y a todas estas hipócritas q usan a las mujeres para sus propios intereses, habría q irles dando puerta (tb a esos partidos e instituciones q hacen negocio en nombre de una falsa igualdad q en la realidad no les interesa). Irantzus Varelas, Doleras, Towanda (otras falsas de tomo y lomo), etc etc…no merecen ningún respeto. Al final sí, era una guerra…una guerra provocada por ellas donde había paz y consenso, y para q ésto último impere, mujeres como estas (y tb los q consideren a la mujer como un ser inferior, sin dudarlo), SOBRAN.

    Salud y honestidad!

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