25 de septiembre del 2018
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Se lo vuelvo a repetir, ¿qué hace usted en Venezuela? Pero espere, no responda todavía, que ya me parece a mí por dónde irá su respuesta.

No me hable de violación de derechos, señor X.

Usted para las generaciones nacidas en los 80 fue señalado por nuestros padres como un icono de la democracia. El tiempo demostró que usted fue un maravilloso prestidigitador de la política. Pero poco más.

Se presenta en Venezuela como defensor de Leopoldo López y Antonio Ledezma, dos hombres imputados por ser partícipes de un intento golpista. ¿Qué habría dicho usted cuando estaba en el mostrador del mercado de votos si viniese un venezolano a defender a Tejero? Ah, espere, que no es lo mismo, que lo que llamamos aquí golpistas y terroristas pasado el charco los llamamos presos políticos.

Claro que olvidé. Ese golpe se lo inventó Maduro. Como se lo inventó Chávez en 2002, Aristide en Haití en 2004, Evo Morales en 2008 y Zelaya en Honduras al año siguiente.

¿Cómo dice? Sí, disculpe, que mezclé churras con merinas, tiene razón. No es lo mismo.

Qué buena salió su oposición. Qué bien vino reemplazar a Llopis. Qué curioso su 27 congreso “clandestino”. Extraña clandestinidad la que se radia y televisa y en la que nadie sale detenido.

Qué falta le hacía un oculista o tal vez un psiquiatra cuando quiso vender a Eduardo Massera, almirante de la Junta Militar argentina, como un socialista. Qué curioso que esto lo sacase a la luz Baltasar Garzón. Qué triste verle a sueldo de Iberdrola. Qué pena que no contento con terminar como un vendido para esos anónimos que usted dijo ayudar también quiera empeorar su imagen internacional.

Claro que usted siempre fue un socialista bastante raro. Lo fue cuando vendió armas a Pinochet en 1983. Lo fue cuando condecoró al almirante Rubén Franco, condenado posteriormente a prisión por la barbarie perpetrada durante la dictadura de Videla. Lo fue cuando apoyó acabar con el sandinismo en Nicaragua. Lo fue cuando apoyó el informe Kissinger y negó apoyar al FMLN en El Salvador. Lo fue con sus tejemanejes millonarios con Carlos Slim.

Y ahora, ¿a qué va usted a Venezuela?

Usted no tuvo problema alguno en entrar al país. Aunque quizás habría estado precioso que le recibieran parafraseando aquello que usted dijo antes de meternos en la OTAN: “Venezuela, de entrada, no.”

Respete el principio de Derecho Internacional de no injerencia y no vaya de salvapatrias por las tierras de Bolívar, que le queda grande.

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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho, ha colaborado en diversos medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Al resguardo del tilo rojo" (2014), "Tra due anime" (2015) y "Son de Lirios" (2016). Ha realizado estudios sobre proyectos biográficos coordinados por la Bernard Lievegoed University y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Actualmente realiza un "Postgraduate Diploma of Journalism" dirigido por el National Council for Training of Journalist e impartido por la University of Strathclyde.

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    3 Réplicas

  1. Franzis Maldonado

    Buena critica a Felipe Gonzalez,pero solo eso .En Venezuela hay presos politicos,acusados de todo lo que quiera la dictadura,que es lo que tienen.
    La cobardia de Maduro no queriendose ver con Felipe o con el Papa ,para despues escondido en su canal,soltar bravuconadas en una mala imitacion de su padre politico el fallecido dictador Chavez.
    Mas nos valdria pedir el cumplimiento de los Derechos del Ser Humano y no justificar la dictadura bolivariana con un y tu mas

  2. Averroes

    Como crítica a Felipe González, a mi me parece bien. Se le olvidó al autor comentar la ¿conexion? con los Cisneros, casualmente beneficiados con Galerias Preciados tras la expropiación de Rumasa. Con ese detalle hubiera quedado más completo.
    Pero justificar el régimen venezolano, antes con Chaves y ahora con In-Maduro obedece exclusivamente a no querer ver la realidad. En Venzuela no hay libertad. Ni bienes de primera necesidad. Es un régimen totalitario, y eso no admite discusión. La justificación es otro cantar. Hay quien justifica todas las dictaduras de izquierdas y critica las de derechas. Tal vez por eso hay izquierdas y derechas.

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