13 de diciembre del 2017
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Cualquier proceso de catarsis supone enfrentarte al dolor, a tus fantasmas, a tus miedos, a tus vergüenzas.

Nuestra sociedad está viviendo una más que necesaria nueva ola feminista que le está enfrentando al espejo. Sus reivindicaciones públicas, su transparencia, su asociacionismo en red, su politización y, en definitiva, su empoderamiento, se hacen cada vez más evidentes y supone un éxito para nuestra sociedad.

Lo que antes eran espacios de poder indiscutibles o tabúes que nadie osaba enfrentar, ahora, por fin, se discuten. Escojan cualquier ordenamiento social o económico de la vida, allí encontrarán espacios opacos, habitualmente dominados por la lógica heteropatriarcal. Hoy, las mujeres no son solo capaces de liderar corrientes de pensamiento, han discutido las estructuras de poder, su presencia y rol en la vida pública, las brechas de género, su derecho a sentir la maternidad como quieran, han obligado a la revisión de la historia de las artes –literatura por ejemplo-, han provocado un huracán en Hollywood, en el Parlamento Europeo y en el mundo del deporte, han generado un debate en torno a los modelos familiares, sociales y laborales, y, en definitiva, han hecho temer al hombre que abusa de su poder por el simple hecho de serlo.

Su apelación a la totalidad tambalea algunos convencionalismos de dudosa hegemonía y provocan un nuevo entendimiento del espacio común.

Su acción ha supuesto la reacción inmediata de los actores más retrógrados de la sociedad, que tienden al enroque, empeñados en deslegitimar el movimiento, reorientarlo o desnaturalizarlo. Desde los políticos cavernarios, hasta los troles de ultraderecha, los machos alfas heridos, intelectuales añejos o mujeres sin sentido de la sororidad, han alzado la voz. Pero están muy lejos de pararlo.

La lucha feminista destapa otro tipo de injusticias -opresiones de clase, de raza, de orientación sexual o de lugar de nacimiento-, y por ende, otro tipo de cuestionamientos. A lomos del movimiento feminista, la sociedad puede conseguir muchas otras conquistas en materia de igualdad, derechos y libertades.

Si estos días ves, una y otra vez, cómo se cuestiona a mujeres con influencia o poder por el simple hecho de serlo, si lees intrincadas teorías para acallar sus voces o troles actuando en la red como si les fuera la vida en ello, si te parece que porque griten muy alto y muy desesperados este mundo va a peor, no te alarmes, es normal. Por primera vez se ha abierto la tapa de una fosa séptica que llevaba siglos cerrada a cal y canto. Como los médicos cuando curan una herida, primero tiene que salir toda la podredumbre. Las futuras hemerotecas pintarán más de una cara de rojo.

El cambio duele y no sucederá de la noche a la mañana, pero sucederá. No hay dudas, el mundo está cambiando y va a ser feminista.

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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    2 Réplicas

  1. TT

    Se habla mucho en los últimos años de machismos, micromachismos, feminismos, sexismos, feminicidios… y a mi me parece muy bien todo, pero quiero hacer una reflexión incómoda, sobre el caso español al menos.

    No he escuchado todavía ninguna denuncia pública, con nombres y apellidos, contra los que realmente mandan, parece que a los políticos españoles que han cometido abusos sexuales, a los realmente poderosos, banqueros, deportistas de élite, etc… no se les toca. E imagino que en los años del franquismo o el R78 habrá gente muy importante que haya cometido estos delitos

    En España se asocia al violador con el lumpen, lo cual es injusto para las clases más bajas. Fuera de España se ha juzgado o condenado a Strauss Kahn, a Polanski, a Weinstein, a Marlon Brando, a Woody Allen, a Bill Cosby, Berlusconi, Assange… incluso a Trump o a Clinton, me pregunto por qué en España se callan estos delitos, y resulta que nadie habla.

    Esa fosa séptica de la que habla el artículo se ha abierto, efectivamente, pero la mierda está saltando solo al lumpen. Cuando actrices de cine o periodistas españolas denuncian abusos, deberían dar nombres, para que sepamos a qué tipo de basura votamos o qué tipo de basura consumimos.

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