10 de julio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica

Fiscalía del estado

“Llegaba la hora de salir aquel sábado noche y mi pareja y yo no nos poníamos de acuerdo sobre dónde ir. Yo llevaba tiempo pensando en ir a ver la peli que había conseguido una ristra de Oscars®, mientras que mi mujer tenía ganas de ir a una obra de teatro de su autor favorito. Por primera vez en dos años íbamos a salir solos, sin las niñas. Era un momento que esperábamos con fruición pero que se antojaba complicado debido a que ambos manifestábamos, a priori, diferentes formas de dar contenido a aquella salida especial.

– Delia –le dije-, ¿qué te parece que vayamos a ver esta noche, que por fin estamos solos, la última peli de nuestro director favorito?

– ¡Qué dices! –me contestó ella- para una vez que vamos a salir me gustaría ir al teatro. Ya sabes lo que me gusta y hace tiempo que no hemos tenido oportunidad de salir. Además, la peli la puedes ver cuando salga en DVD o cuando la pongan por televisión. Para una vez que salimos vamos a ir al teatro –me pidió con cierto tono lastimero-.

– Deli –le contesté un poco mosqueado-, es que lo del teatro sabes que no me hace mucho chiste. Además –le argumenté-, la peli que te digo seguro que no nos va a defraudar, las críticas la ponen…

– Tiene guasa la cosa –comentó ella con tono de enfado-. Para una vez que podemos salir solos, estamos aquí discutiendo a dónde vamos a ir. Además, me sorprendes Simón ya que la última vez que salimos recuerdo que también tuvimos que ir al cine, y la anterior, si me apuras, creo que también…

– Ahora resulta que siempre hacemos lo que yo propongo –le espeté-. ¡Es increíble! No quieras ir de víctima porque sabes que al final casi siempre te sales con la tuya –le respondí con un tono algo más que agrio-.

– ¿Pues sabes lo que te digo? –me contestó ella de muy mala forma-. Que yo me voy al teatro, te guste o no. Ya sabes, si quieres me acompañas y si no haz lo que te salga de las narices… -su voz era prácticamente un grito-

– Pues vete al teatro o a donde te de la gana –le solté ya muy fuera de tono- Es que tiene miga la cosa. Que seamos incapaces de llegar a un acuerdo en algo tan sencillo para poder disfrutar de esta noche juntos… Es alucinante de verdad…

Al llegar a este punto se creó un silencio incómodo que inundó la estancia. Ambos estábamos en lugares distintos de la habitación. Yo, de pie mirándola a ella fijamente y ella sentada en el sofá medio llorando con los codos dejados caer en las piernas, las manos aguantando la cabeza y mirando hacia el suelo.

Conociendo las consecuencias que podría traer todo aquello para nuestra relación y viendo cómo se podía ir al traste esa noche de “libertad” que teníamos por delante, me acerqué a ella, me senté a su lado y pasé mi brazo por su espalda.

– Deli -le dije-, disculpa si me he pasado con el tono. Se me ha ido la cabeza un poco. Es una pena que estemos aquí discutiendo cuando realmente lo que tendríamos que hacer es plantear una solución a este tema. Estas cosas sabes que pasan factura a la relación. Además, no estamos ante un problema, sino ante una oportunidad de pasarlo bien.

Ella levantó la vista y me miró a los ojos atenta.

– Qué te parece –continué- si hoy vamos al teatro como tu quieres, pero me tienes que prometer que la siguiente salida que podamos hacer, que espero que no se prolongue tanto como esta última, iremos al cine y a la película que yo elija. ¿Te parece? Eso sí, después del teatro yo escojo el sitio donde vayamos a ir a tomar algo, ¿vale? Anda, dame un besito que no merece la pena pegarse estos mosqueos tan tontos…”

Seguro que la discusión doméstica anterior no nos parece en absoluto desconocida. A lo largo de nuestra vida encontramos infinidad de situaciones donde debemos de llegar a acuerdos con otras personas para poder sacar adelante determinados asuntos. Por lo general, dependemos de los demás para hacer cosas, lo que hace absolutamente necesario el tener que llegar a puntos de encuentro para afrontar tales situaciones.

El manifestar intereses contrapuestos, tal y como aparece en la discusión doméstica anteriormente expuesta, hace aparecer un fenómeno consustancial al ser humano y sus relaciones interpersonales: el conflicto. Los conflictos en el ámbito de las relaciones sociales son “el pan nuestro de cada día”, ya que las personas tienden a tener opiniones e ideas distintas sobre asuntos comunes.

En nuestra pareja observamos unos intereses contrapuestos que se ponen de manifiesto un día que tienen la posibilidad de salir a dar una vuelta. Dichos intereses nos conducen a una confrontación entre los protagonistas debido fundamentalmente a dos razones: en primer lugar, la existencia de una relación de interdependencia entre las partes y, en segundo, la relación de poder que se produce entre ellos. Si la actividad que fueran a realizar ambos la hubieran hecho solos, no se habría producido ninguna situación de conflicto. Uno hubiese ido al cine y el otro al teatro sin más problemas. Dicho conflicto se produce porque las partes mantienen una relación de interdependencia entre ellas y quieren realizar una actividad, la de salir, de manera conjunta.

Además, las partes tienen un equilibrio de poder entre ellas. Si en vez de una pareja, la situación hubiese sido la de una organización donde comité y empresa dirimen un problema, claramente hubiésemos visto que ambas partes tienen un poder real (además del percibido por la otra parte) que hace que se necesiten la una a la otra. Si en vez del caso de la pareja del ejemplo hubiésemos hablado de un modelo de pareja distinto (por ejemplo, una pareja de carácter patriarcal) donde una parte ejerce un mayor poder que la otra, el conflicto no se hubiese producido dándose la sumisión de una parte a la otra. En el caso que nos ocupa se da un equilibrio de poder que hace necesario un procedimiento para conseguir “desatascar” la situación de conflicto en la que nuestra pareja se encuentra.

Esta situación de confrontación, de relación entre partes interdependientes y con una relación de poder determinada, necesita de un procedimiento de resolución de conflictos que se denomina negociación.

La negociación es un procedimiento que es inherente a la resolución de conflictos cuando se dan las circunstancias de interdependencia y equilibrio de poder que hemos citado anteriormente. La negociación, por tanto, se va a producir cuando se da una confrontación entre los protagonistas con una relación estrecha e interdependiente ligados por una cierta relación de poder. Se hace necesario, además, que las partes presenten una mínima voluntad de acuerdo, reduciendo divergencias de manera que se llegue a una solución aceptable para las partes. Dicha búsqueda de solución aceptable para ambas partes deberá de estar en función de los objetivos que se hayan propuesto y del margen de maniobra que se hayan otorgado.

En nuestra pareja se dan todos los elementos para que se dé un proceso de negociación. Poseen una relación de interdependencia, así como una relación de poder equilibrada; tienen también motivaciones distintas que influyen en la forma en la que desean ocupar su tiempo libre, uno quiere ir al teatro, el otro quiere ir al cine; y, por último, los dos quieren llegar a una solución aceptable guiados por esa mínima voluntad de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos.

Nuestra pareja al final consigue llegar a una solución aceptable para ambas partes mediante un proceso comunicativo que será el medio a través del cual se sustente la negociación. En el proceso de comunicación cada una de las partes de la pareja ha ofrecido un recital de tácticas y estrategias, de ofertas y contraofertas que han conducido a la resolución del conflicto inicial y que les permite seguir manteniendo esa relación de interdependencia y de equilibrio entre ellos.

Pero, ¿cómo han planteado los miembros de la pareja la negociación? De manera habitual, y en función de los elementos que se negocian, los procesos de negociación suelen ser de carácter distributivo o integrativo. La negociación distributiva suele ser una negociación donde las partes exponen al límite sus aspiraciones, de manera que la otra parte se vea obligada a aceptar las propuestas de la primera. Son negociaciones donde lo que no se lleva la otra parte, se lo lleva uno. Es decir, si hablamos de negociar aspectos como salarios, precios u horas de trabajo, aquello que una parte no obtiene, repercute en la otra parte. Se les suele denominar coloquialmente negociación de “pastel fijo” debido al hecho de que “el trozo del pastel que no se come una parte, se la come la otra”.

Por otro lado, tenemos las negociaciones de tipo integrativo. Son aquellas que lejos del proceso de imposición de una parte sobre la otra, lo que se busca es un nuevo estado de equilibrio en la relación que se establece entre las personas. En este caso se busca que ambas partes ganen en ese nuevo estatus creado. Aunque en un principio las partes querían subyugar la una a la otra en sus planteamientos, al final nuestra pareja resuelve el episodio con un estilo más integrativo en donde se busca que ambas partes puedan salir ganando con el acuerdo alcanzado. De hecho, las partes llegan a un acuerdo sustancioso que beneficia a ambos, eliminando aquellos problemas que pudieran entorpecer el llegar a un punto de acuerdo y se proponen nuevas opciones y planteamientos que, aunque en un principio no estaban en relación con las propuestas iniciales (aunque una de las partes quiere ir al cine, lo cambia por el teatro a cambio de otra concesión), permiten satisfacer, de manera global, los intereses subyacentes de las mismas.

FASES DEL PROCESO NEGOCIADOR

La discusión de la pareja surge de una manera natural, lo que significa que seguramente no habrían podido preparar dicha negociación. Pero en la vida real sí vivimos situaciones donde se pueden (y se deben) preparar los procesos de negociación. En el mundo empresarial, sin ir más lejos, sería un auténtico dislate ir a una mesa de negociación sin haber realizado la primera fase de dicho proceso: la preparación.

La preparación nos debe llevar a conocer nuestro nivel de aspiraciones y hasta dónde estamos dispuestos a ceder, es decir, cual va a ser nuestro “punto de resistencia”. Deberemos de establecer una serie de elementos que estamos dispuestos a conceder durante el proceso y que nos permita, por otro lado, darle a la otra parte señales de que nos movemos en busca de un acuerdo. Cuando negociamos es absolutamente necesario moverse desde las posiciones “más favorables” para nuestros intereses (nuestro “punto más favorable”) en dirección al punto por debajo del cual no nos moveremos, es decir, dejaremos de ceder (el “punto de resistencia”). Además, también será necesario establecer un plan estratégico-táctico que podamos desarrollar para poder satisfacer nuestras demandas. Los miembros de nuestra pareja desarrollan dicho plan pero no tanto debido a una planificación previa, sino más bien a una manera espontánea o natural de llevar a cabo el proceso de negociación.

La siguiente fase de la negociación sería la de discusión. Esta fase sí la lleva a cabo nuestra pareja de una manera clara. Se exponen y lanzan las alternativas, se comunican cuáles son los niveles de aspiración y se tantean y analizan las posiciones. Nuestros personajes sabían lo que querían. Cada uno expuso su deseo y argumentó sobre el mismo, e incluso en algún momento se forzó a la otra parte con algún tipo de amenaza o presión.

En este momento, la discusión ha llegado a una especie de punto de ruptura aparentemente irreconciliable y lejos de poder llegar a una postura de consenso. Son habituales estas situaciones en los procesos de negociación. Incluso podríamos encuadrarlos en el “ritual clásico de negociación”. Podemos ver cómo de manera frecuente, las partes tienden a tensar la cuerda y llevarla a un punto de ruptura que da a entender que no existe posibilidad de solución al conflicto. Esto les permite estudiar la situación, replantear lo expuesto, darles valor añadido a las nuevas propuestas o simplemente ganar tiempo. Además, es un elemento importante para salvar las apariencias y dar la imagen de negociadores expertos y profesionales.

En la fase de proposición las partes deben mostrar si van a decantarse por una postura competitiva o bien una de colaboración. De manera habitual se platean ofertas del estilo “si yo hago esto, entonces tú haces lo otro”, tal y como sucede en nuestra pareja donde, al plantearse una propuesta, se solicita a la otra parte un compromiso sobre otra propuesta. En esta fase se acercarán las posiciones siempre que se perciban señales de reciprocidad por ambas partes.

Por último, en la fase de trato las ofertas que se han lanzado de manera firme, pero condicionadas a otras (tal y como se ha comentado en la fase anterior) tienden a consolidarse y a formar parte del acuerdo que aceptan las partes. En nuestra pareja, la propuesta que lanza él cediendo ir al teatro, pero condicionándola a ir en el futuro al cine e incluso teniendo la posibilidad de elección del sitio donde ir a tomar algo tras la función, es una buena muestra de lo que estamos comentando.

Esto describiría las fases del proceso de negociación, pero si volvemos a nuestra pareja y su discusión, podemos encontrar una serie de elementos que deberíamos de tener muy en cuenta.

ESTILOS DE GESTIÓN

Por un lado, merece la pena comentar los estilos de gestión del conflicto que tienen los personajes de nuestra escena. El estilo de gestión podríamos denominarlo como la manera en la que encaramos la forma para solucionar el problema. En el caso de nuestra pareja se presenta un estilo que denominamos de compromiso en donde ambas partes tienen un interés medio tanto por sus objetivos como por los de la otra parte. A pesar de ser la mejor forma de afrontar una situación conflictiva, esto no siempre es así. Hay partes que hacen prevalecer un interés alto por sus objetivos y un interés bajo por los objetivos de la otra parte, dando lugar a un estilo de dominación; o bien pueden manifestar un interés bajo tanto para sus objetivos como para los de la otra parte, con lo que nos encontraríamos con un claro estilo de evitación. Hay personas que, aunque parezca extraño, permiten a la otra parte que muestren un interés muy alto por la consecución de sus objetivos, a expensas de sus propios objetivos. Estaríamos aquí ante un estilo de servilismo. Por último, señalar que lo ideal sería un estilo de integración donde prevalezca un alto interés para alcanzar tanto los propios objetivos como los de la otra parte. Pero esto resulta bastante idílico cuando sabemos que el planteamiento de la negociación conlleva necesariamente concesiones mutuas para llegar a un acuerdo. Es decir, muy difícilmente se dará un proceso de negociación donde ambas partes obtengan lo máximo que desean.

CARACTERÍSTICAS DE LAS PARTES ENFRENTADAS

En nuestra escena hay también que analizar otros elementos que pueden estar influyendo en el proceso de negociación.

En primer lugar, tendríamos que señalar cómo es la percepción que los actores tengan el uno del otro. La comunicación (y, por ende, la negociación) quedará tocada de antemano si la percepción que tenemos del otro es negativa, o tenemos una ausencia de empatía con nuestro interlocutor, o suponemos que el otro tenderá a engañarnos en el proceso. Si esto es así, dicho proceso se va a ver lastrado desde un principio, independientemente del contenido del mismo.

Otro elemento a destacar estaría relacionado con el procesamiento y la distorsión de la información. En los procesos comunicativos la información puede distorsionarse debido a elementos perceptivos sobre nuestro interlocutor, por la credibilidad que le otorguemos a la fuente, por nuestro propio estado de ánimo o incluso por la dificultad semántica de los contenidos del mensaje.

La distorsión de la comunicación puede eliminarse llevando a cabo un proceso denominado “escucha activa” y dando además una retroalimentación adecuada. La escucha activa nos permite comprender el contenido de nuestro interlocutor de una manera aséptica, libre de todo prejuicio y no contaminado de actitudes negativas o sentimientos de “chivo expiatorio”. Además, debemos de generar ese feedback adecuado que permita dar entender al otro que comprendemos el mensaje que nos está enviando de una manera correcta y adecuada.

ESTRATEGIAS Y TÁCTICAS DE NEGOCIACIÓN

Cada uno de los miembros de la pareja de la escena descrita ha llevado a cabo un plan estratégico con la intención de conseguir sus intereses cuando se hallaban negociando qué hacer esa noche. Casi sin un diseño previo, han planteado un conjunto de actividades tácticas dirigidas a imponer sus condiciones en la discusión. Ni que decir tiene que este proceso, si lo trasladáramos al mundo empresarial, tendría que haber estado perfectamente diseñado y engrasado, no dejando ningún elemento a la improvisación tal y como puede suceder en una discusión cotidiana.

En nuestra escena se mezclan tácticas cooperativas y competitivas. Por un lado se muestra cómo, llegado un punto, se plantean estrategias de resolución de problemas, mientras que en algún momento de la conversación se desarrollan claras estrategias de rivalidad y competición.

Cuando él intenta desbloquear la situación y proponer una salida integrativa al problema, está manejando una táctica cooperativa. Plantea unas condiciones mínimas y muestra cierta flexibilidad. Sin embargo, en otro momento de la discusión ambos muestran comportamientos agresivos, con un alto nivel emotivo, y una “personalización” del problema que abordan, manifestando posiciones intransigentes que desembocan por parte de ella en la amenaza.

La amenaza es una herramienta muy utilizada en la negociación, pero su mayor problema reside en el hecho de no llevarla a cabo llegado el caso. Si una de las partes no cede ante una amenaza y resulta que ésta no se cumple, el interlocutor que la haya planteado sufrirá un menoscabo en su imagen negociadora. Se habrá producido un “bluff” (fanfarronada). Es decir, cuando se amenaza hay que estar dispuesto a llevarla a su consumación. Sólo así será un “arma” efectiva.

Por otro lado, el tono emocional hace que los problemas se personalicen y la discusión se centre sobre las personas y no sobre el tema que se está negociando. La agresividad o el tono emocional elevado es un mal elemento dentro de los procesos de negociación. Si en el caso de nuestra pareja, él no hubiera rebajado el tono emocional y planteado una alternativa plausible para ambas partes, la discusión habría terminado muy mal para ambos.

Si nos encontráramos en un proceso de negociación dentro del ámbito empresarial, lo correcto sería tomar una estrategia de resolución de problemas en donde se definieran los mismos de manera asumible y comprensible por ambas partes, evitar la “personalización” del problema y todo el componente emotivo, así como presentar un conjunto de opciones viables que recojan los intereses y necesidades de las partes.

Por último, señalar dos aspectos importantes que afectan al desarrollo táctico de la negociación de nuestra pareja. Por un lado, cuando él plantea una solución desbloqueando ese “punto de ruptura” al que se llega en la discusión, lo que está haciendo es proponer una estrategia de flexibilidad en donde a pesar de darse una reducción en sus objetivos y aspiraciones, se llega a una posible solución que pueda contar con el beneplácito y el compromiso de la otra parte. Esta estrategia de flexibilidad viene apoyada por el segundo aspecto que afecta al desarrollo táctico de la negociación de nuestra pareja y que es la premura de tiempo. Ellos desean solventar su problema antes de la noche. Cuando se da un límite temporal, las partes tienden a “relajar” un poco más sus posiciones, facilitando la posibilidad de plantear acuerdos y compromisos. La ausencia de un límite temporal puede llegar a enquistar posiciones tremendamente polarizadas durante largos periodos de tiempo, eliminando la posibilidad de acercamiento de las posiciones, lo que es absolutamente necesario dentro de un proceso negociador.

HABILIDADES DE LOS NEGOCIADORES

No era la primera vez que nuestros personajes se veían en una tesitura parecida. A lo largo de su vida compartida, ambos han tenido que afrontar situaciones en las que negociar ha sido preciso. Esto ha dado lugar a que hayan ido adquiriendo habilidades que les hace a ambos afrontar con mejores “técnicas y recursos” situaciones como las del ejemplo.

Nuestros personajes han escuchado mutuamente sus diferentes argumentos y han reformulado sus propuestas intentando mantener niveles de empatía con el otro. Es cierto que podrían haber conseguido antes sus resultados si hubiesen identificado y regulado sus emociones. Han intentado persuadir a la otra parte, pero al final se han planteado ideas y soluciones que han podido solventar satisfactoriamente el conflicto. Además, aunque se han mantenido firmes en sus propuestas iniciales, se han buscado los compromisos y acuerdos necesarios para que puedan ser ratificados por ambos y, finalmente, se han mostrado asertivos de manera que, aunque han mantenido sus propuestas y las han defendido, no lo han hecho a expensas de la otra parte.

En definitiva, hemos asistido a un conflicto y a su resolución mediante un proceso basado en la comunicación. A pesar de presentarse como una situación coloquial y habitual en nuestras relaciones personales, hemos visto como se dan una serie de aspectos, fases y características que conforman y estructuran algo inherente a nuestro ser: la negociación.

A partir de este artículo de Ana Domínguez Rama y Quique Madrid donde reflexionaban en torno a la normalización de la precariedad, he escrito un manifiesto con diez aspectos sobren los que vale la pena trabajar para combatir la precariedad y vencer a medio plazo esta lacra social.

Es una verdadera suerte para las personas que luchamos en contra del sexismo que concursos de bellezas hayan perdido fuelle con el pasar de los años. Recuerdo cuando niño en los noventa, como cada año emitían el certamen de Miss España. Nunca entendí por qué unas mujeres debían caminar en tacones y bikini frente a un jurado. Todos hombres. Además debían sonreír como si caminar en tacones de aguja fuera placentero o divertido.

La “paz social” es el argumento (o fraude) que utiliza el poder para adormecer las conciencias. Mientras el pueblo intenta hacer realidad sus reivindicaciones pacíficamente, el poder utiliza todas las argucias legales e ilegales disponibles para convencer a asociaciones, jueces, fiscales, policías y medios de comunicación para que todo siga igual con el objetivo de perpetuarse.

Ahora que se ha viralizado un vídeo de Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, realizando un alegato clasista a favor de la enseñanza privada, situándola por delante de la enseñanza pública y señalando las limitaciones de esta última, me veo obligado a reivindicar el papel que jugó la enseñanza pública en mi vida y a romper una lanza por los profesionales que a diario se dejan el alma por la educación pública, universal y gratuita. 

Cuarenta años de Orgullo

28 junio 2018 Actualidad

Hace cuarenta años un puñado de activistas convocamos la primera manifestación del Orgullo en Madrid. Acabábamos de constituir el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC), convocante de la manifestación.

Desde hace algunos años el área de Igualdad de Jerez organiza unos premios que favorecen la visibilidad y agradecen la lucha de colectivos, personas u organizaciones que se dedican al activismo LGTBIQ. Este año ha ido a parar el premio “Arcoiris” a la asociación Delta. 

Partamos de la base de que el espacio público debería ser un espacio de la gente, para darle un uso comunitario y si es posible ser un espacio libre de innecesarios contrastes urbanísticos. Es decir, que llegar al punto de tener que alquilar una rotonda no parece lo más deseable para un Ayuntamiento y tampoco es una acción política normal, sino más bien excepcional.

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