21 de septiembre del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Tengo debilidad por las que denomino “metapelículas”, es decir, aquellas pelis que narran el proceso creativo de otras. O simplemente, películas dentro de otras películas. Ejemplos de éstas serían: “Adaptation”, “La sombra del vampiro” o más recientemente “Super 8″. En España un buen ejemplo sería “La niña de tus ojos”.

Por otro lado, hay otro subgénero que muchas veces se solapa con el anterior, y es el de las películas que tratan sobre la vida, obra y anécdotas de alguna figura directamente relacionada con el cine (directores, actores, productores, etc.). Este subgénero es más amplio y cabe recordar títulos como “Cautivos del mal” (indirectamente), “Chaplin”, “El aviador”, “Hitchcock” o “Ed Wood”.

Pues bien, “The disaster artist” conjuga a la perfección los dos subgéneros mencionados. Si a Ed Wood se le otorgó el dudoso honor de ser considerado el peor director de la historia del cine, “The disaster artist” es un biopic sobre el extrañísimo, misterioso e inquietante director de la que es considerada como una de las peores películas del siglo XXI. Ese director es Tommy Wiseau y su vástago (que algunos llamarían engendro) fue “The room”.

No tengo claro si recomendaros que sigáis el orden lógico y veáis primero “The room” para después ver el “homenaje” de James Franco o al revés. En mi caso vi primero “The disaster artist” y después la original de Tommy Wiseau. Y tal vez, pensándolo detenidamente, mejor que sea así, ya que si empezáis viendo “The room” es probable que perdáis toda esperanza, apaguéis la tele y se os quiten las ganas de ver cine por una temporada.
Así que os hablaré de las dos pelis en ese orden.

The Disaster Artist (2017; dir: James Franco)

Cuando uno ve el biopic que James Franco dedica al tal Tommy Wiseau, piensa que es una exageración paródica en aras de aumentar la carga cómico-dramática de la historia. Pues no, al parecer no deben existir demasiadas diferencias entre el personaje que interpreta Franco y el Wiseau real. Ni tampoco demasiadas diferencias entre el proceso creativo real de “The room”, con el mostrado en “The disaster artist”. James Franco imita a pie juntillas al controvertido director de origen, edad y fortuna incierta. Franco se basó tanto en el libro de Greg Sestero (el coprotagonista del film original), como en el propio making off que Wiseau mandó grabar para dejar constancia al mundo de tan magna aportación al cine. Eso se puede ver en unos divertidísimos créditos finales, donde se compara varias escenas de ambas películas. Prácticamente idénticas en todo, incluido el acento resbalado de Franco y su peculiar (y contagiosa) risa, que no es suya, sino tomada de la de Wiseau. Uno puede llegar a pensar que Wiseau es un personaje de ficción, por lo surrealista de su personalidad. Pero no. El tipo debe ser así en la realidad. Y no menos delirante fueron las circunstancias que rodearon a la filmación de lo que hoy en día se considera un clásico del mal gusto.

James Franco se marca la mejor actuación de su vida, lo que le valió el globo de oro. Galardón que no lo llevó sorpresivamente a ser nominado a los Oscars, debido al escándalo sobre acoso sexual en el que se vio envuelto. Lo que nos lleva a la conclusión de que en este tipo de premios se juzga mucho más que propio el trabajo de una persona. Es como si la obra de Caravaggio dejara de estudiarse porque el tipo fue un asesino. Pero prefiero no entrar en este debate. En definitiva, si no sabes nada de The room” ni del tal Wiseau, no pasa nada. Ve a verla. Yo tampoco sabía nada de Wiseau y ahora soy un fan (en el peor sentido del término) del personaje y su obra. Por cierto, el propio Wiseau sale en la peli en un breve cameo. A ver si encontráis el momento en que aparece.

The Room (2003; dir: Tommy Wiseau)

Más allá de la mitología que envuelve a esta película, lo que no se puede negar es que es mala. Mala, mala, mala. Mala hasta decir basta. Y es mala porque la dirección es mala, los actores son malos, el guion es malo y hasta el gato que sale en la floristería tiene pinta de no ser buena mascota. Y da grima (no el gato, que también, sino toda la peli). Es como si la historia hubiera sido escrita por un individuo con personalidad infantiloide y con muy poco (o casi ningún) bagaje sobre cine. Es una sucesión de clichés uno detrás de otro, donde para ir de la A a la C, claramente hay que pasar antes por la B. Y una presentación de los personajes totalmente maniquea: el bueno es buenísimo y la mala malísima. Y por si no te queda suficientemente claro, te lo repiten desde el minuto uno. Cada personaje tiene sus motivaciones que son mostradas al público desde el primer momento. Hay atisbos de giros argumentales que no se desarrollan; es más, ni se vuelven a tocar (como el cáncer de mama de la madre de la protagonista o el problema con las drogas del “ahijado” adolescente).

Pero de mala que es se le coge cariño (donde digo cariño vale también poner “síndrome de Stendhal”, porque uno no puede dejar de mirar hipnotizado tamaña abominación). Si uno la ve en plan guasa, puede incluso llegar a entrar en el absurdo juego de la película, y de camino echarse unas risas. A mí me pasó. Un pequeño spoiler a modo de ejemplo (os aseguro que no os estropeo la película porque eso es materialmente imposible): en la primera media hora hay nada menos que cuatro escenas de “sexo” bastante grimoso; en tres de ella participa la misma chica, una de ellas en una escalera de caracol (!). Y aunque por la estética uno pueda pensar nada más comenzar a verla que es una peli porno, no, no lo es. Y menos aún una película de bajo presupuesto (de hecho, la producción costó la friolera de 6 millones de dólares que aún nadie sabe de dónde los sacó su creador).

Dicen que lo peor que se puede decir de una película es que haga gracia sin pretenderlo. Que sea cómica cuando pretendía ser dramática. Pues bien, “The room” es el ejemplo arquetípico de esto. No deja de tener gracia que Wiseau pagara de su propio e insondable bolsillo los costes de mantenerla dos semanas en cartelera para poder cumplir el requisito de una posible nominación a los Oscars.

En definitiva, hay que verla, sin duda, al menos para ser consciente de aquello que decía Paul Éluard de que “hay otros mundos, pero están en éste”. Y sobre Tommy Wiseau, su director, actor principal, productor y guionista casi prefiero no hablar más para no estropear el factor sorpresa de aquellos que aún no conocen a tan singular personaje. Aunque yo tengo una teoría sobre él que, de momento (y alimentando el velo misterioso que el propio Wiseau crea en torno a sí mismo), prefiero no decir.

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.
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