21 de septiembre del 2018
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El documental “The Propaganda Game” ha sido dirigido por el español Álvaro Longoria, poseedor del Goya al mejor documental por “Hijos de las nubes”. No es el primer ni será el último documental que aborde la situación de este hermético país que se tilda a sí mismo como último bastión del comunismo, pero sí aporta un elemento realmente distintivo que resume perfectamente en su sinopsis: <<El film analiza las estrategias utilizadas por los diferentes “jugadores” para manipular la “verdad” y sus intereses. Noticias falsas, medias verdades y  polémicas surrealistas sirven para que el espectador llegue a sus propias conclusiones y reflexione sobre lo difícil que es saber la verdad>>.

Es decir, hasta ahora el material del que disponíamos había pretendido hacernos testigos sobre cómo los norcoreanos son adoctrinados hasta un extremo orwelliano, ¿pero existe algún tipo de manipulación sobre el país para nosotros? ¿Qué rigor tienen las informaciones que nos llegan con cuentagotas? La cinta se estrenó en salas de Madrid y Barcelona el 30 de octubre, para el resto de mortales interesados se encuentra previo pago y de forma legal en varias páginas web de contenido audiovisual que no citaremos por no publicitar ninguna en concreto.

Después de los prolegómenos necesarios, damos pie una breve sinopsis y crítica de lo que este humilde espectador ha sacado en claro del material que Longoria nos ofrece sobre la República Democrática Popular de Corea (contiene numerosos SPOILERS, quedáis avisados):

-La mera estética de este documental es distinta a los anteriores. No hay música de terror, apenas hay especulaciones sobre lo que no es estrictamente observable y tangible. En cambio, tienen cabida no pocas imágenes cotidianas de Pyongyang, la capital del país: niños patinando, atracciones acuáticas, espectáculos de diversa índole… etc. No se trata de un asunto baladí, las sociedades y los regímenes del mismo modo que las personas rara vez son blancas o negras, sino llenas de matices. Cuando se nos ha pretendido mostrar que toda la gente en Corea del Norte es infeliz, que todos ellos están descontentos y que permanecen así todo el tiempo, es obviamente una versión maniquea de la 000000;">realidad. Incluso entre los escombros de las peores barbaries afloran las sonrisas de los niños cuando juegan, si censuran esta parte en Corea del Norte es obvio que inherentemente pretenden encauzar nuestra opinión, no informarnos de lo que sucede. Y lo peor de ello es que no es necesario, existen muchas críticas que pueden ser legítimamente realizadas al país, semejante método de abordar la coyuntura norcoreana banaliza enormemente la realidad. En este sentido, estamos ante un gran punto a favor para el documental de Longoria.

Pyongyang es hermosa y exótica: con una mezcolanza de arquitectura tradicional y modernos bloques de viviendas, enormes parques y zonas verdes llenas de vida, formidables edificios públicos y calles especialmente limpias que denotan un cuidado considerable -demasiado, para nuestros estándares-. Por otra parte, se nos muestran infraestructuras impecables que a veces también pecan de parecer una suerte de escaparate en tanto en cuanto permanecen prácticamente vacías. Que el régimen pretende mostrar la cara más amable y moderna del país es obvio, lo cual no es inherentemente malo, pero no es menos cierto que a tenor de estas imágenes poco o nada podemos saber sobre el grado de representatividad de las mismas en otras zonas del país, siendo inevitable, en esos casos en los que aparecen desocupadas, que surjan ciertas sospechas.

Bajo la Invasión de EEUU

-La presión externa sobre el régimen es inmensa y ha de marcar la política e incluso las convicciones de sus habitantes. Además de las acusaciones de todo tipo de vulneraciones de derechos humanos que sí revisten una inmensa gravedad y sobre las que hablaremos posteriormente, persisten en una maraña informativa toda una serie de denuncias realmente absurdas pese a ser contrastadamente falsas. Un ejemplo de ello es el caso de Jang Song Thaek, cuya supuesta muerte ante una jauría de perros fue difundida por todo el globo, proviniendo la noticia –parece ser- de un bloguero chino que la escribió en tono jocoso.

-Derivado parcialmente de la situación relatada con anterioridad, el régimen norcoreano se ha militarizado y armado hasta los dientes. Sin embargo el discurso de que el país es peligroso para otras naciones por este hecho es altamente falaz, dado que aún en el supuesto de que albergara una vocación colonialista, no tiene poder para llevarla a cabo. Sería como arrojarse a una piscina sin agua, teniendo en cuenta el tablero geopolítico en el que prácticamente todos los países del globo están en su contra y poseen más armas y más capacidad destructiva. No, la conocida como política “Songun” que eleva al estamento militar al más alto grado de importancia en el país proviene de la absoluta convicción –sea ésta o no acertada- de que sin ella el país ya habría sido invadido.

-Las denuncias de supuestas violaciones de derechos humanos y una acuciante falta de libertades son las acusaciones más serias a la que se enfrenta el país. Se basan casi exclusivamente en desertores y en este punto poca certeza podemos obtener. Si bien algunos de estos supuestos represaliados políticos se han retractado o han incurrido en contradicciones –un punto que el documental tan sólo abarca lamentablemente de forma muy tangencial- no es menos cierto que la política del régimen que permite visitas únicamente guiadas impide contrastar o despejar estas acusaciones. Lo único que podemos saber de forma veraz y desde un punto de vista objetivo es que los desertores podrán haber “adornado” sus historias y que la prensa occidental las ha explotado de forma rentable, pero esto no es indicativo, en cualquier caso, de que sean inciertas o de que no estemos ante un país pobre y oprimido.

The Propaganda Game La Réplica Dos

-El ampliamente difundido culto al líder sí puede verificarse prácticamente en cada plano y en cada conversación. Alejandro Cao de Benós aduce a una supuesta sensación de comunidad en la cual los líderes serían algo así como un padre, un pensamiento colectivista frente al individualismo capitalista que emana de la figura de sus líderes políticos. De ser esto cierto sería exótico, difícilmente comprensible a ojos occidentales, pero no necesariamente algo perverso ni un mecanismo de control. Sin embargo es este el punto más obvio donde la versión oficial del régimen no resiste –a mi juicio- un análisis crítico: no existe admiración o respeto hacia esas figuras “paternas”, sino una deformación malsana y casi teológica que las dota de unas capacidades sobrehumanas y una presencia omnipresente. Siempre son nombrados, siempre resultan decisivos, siempre son partícipes de todo y en todas partes… inclusive cuando se visita el parque de atracciones acuático es citado cómo el líder sugirió que se instalara una rampa de acceso para que los niños no sufrieran caídas. Cada actuación, cada construcción, cada conducta personal ha de agradar al líder. Si compramos ese símil paternal, pareciera que la sociedad norcoreana no alcanza nunca la mayoría de edad, anclados siempre la visión heroica y acrítica que tiene el infante con su progenitor.

En conclusión, estamos ante el primer documental que procura –por lo menos lo intenta, y casi lo roza- ser aséptico y honesto ante una temática tan peliaguda, poniendo de manifiesto el falseamiento de muchas noticias por parte de nuestros medios de comunicación de un lado, y arrojando más preguntas que certezas en el espectador ante la imposibilidad de contrastar otras, sin atenerse a conjeturas ni aspirando a encauzar de antemano nuestra opinión.

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.

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