19 de noviembre del 2018
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Una de las últimas canciones que escribió Brian May para Queen llevaba por título The show must go on (El espectáculo debe continuar). May se la dedicó a Freddie Mercury tras enterarse de que le quedaba muy poco tiempo de vida.

La célebre frase se aplica a muchas situaciones cotidianas. De hecho, el espectáculo debe continuar es una de las máximas del liberalismo económico, pues este ha convertido todos los eventos deportivos, incluso aquellos más desconocidos y minoritarios, en un show. La ecuación es sencilla: a más gente mayor beneficio. Buen ejemplo de ello ha sido la evolución de los derechos de televisivos de los deportes, que se han ido encareciendo con los años hasta ser secuestrados por las plataformas de pago. Así pues, dentro del entramado del ocio en que se encuentra el deporte de élite, se ha operado en las últimas décadas una mutación de sus valores esenciales como consecuencia de la aplicación del liberalismo salvaje.

El mayor problema que observo respecto a la selección de contenidos de entretenimiento deportivo es la serialización; resultado del proceso industrial al que han sido sometidos. Todos los deportes buscan lo mismo; la fórmula del éxito del fútbol. El deporte rey ha hecho de todos los aspectos del juego un producto vendible;camisetas personalizadas, canales de pago, museos con trofeos, visitas guiadas a los estadios. Incluso se ha producido una suerte de transmigración de los hombres a sus propias marcas, como en los casos de CR7 o RF (Cristiano Ronaldo o Roger Federer). Egos, personalizaciones, procesos identitarios individuales. En los años ochenta los deportes de equipo eran una cuestión nacional. En plena Guerra Fría, un partido entre la Unión Soviética y los Estados Unidos suponía mucho más que el lucimiento de los Jordan, Edwin o Tachenko, era una batalla psicológica,una guerra deportiva, pura estrategia; los intereses del común prevalecían por encima de los individuales. ¡Y qué decir de actividades como el alpinismo! Los británicos en el Everest, los alemanes en el Nanga Parbat, los franceses en el Annapurna; las expediciones representaban a un país con independencia de quién hollara la cumbre. Hoy día los egos, los nombres de los grandes escaladores, prevalecen por encima de lo colectivo. Esto se debe en parte al papel de los patrocinadores, que aumentan la presión sobre los montañeros para que sea su marca la que consiga tal o cual hito, lo que conduce a muchos alpinistas a ignorar las órdenes del jefe de expedición y emprender la ascensión a la cima por su cuenta aun en las condiciones meteorológicas más difíciles; arriesgando sus vidas por encima de los límites que ya de por sí imponen las propias montañas.

Pero quizá la peor consecuencia de esta metamorfosis sea que los valores reales del deporte como práctica atlética se hayan transformado en los valores de un negocio. Se trata del show por el show; la gratuidad ética que ofrecen algunos espectáculos carentes de escrúpulos, moral y gusto. Un todo dirigido por los señores de las finanzas que autorizan traspasos millonarios, que se muestran laxos con el dopaje, que permiten las peleas en deportes como el hockey y que buscan cualquier tipo de polémica que espolee a la audiencia de su disciplina. Veamos algunos ejemplos. Casos que trascienden los tentáculos del fútbol y la mercantilización liberal operada en él desde los años ochenta:

Campeonato del Mundo de Motociclismo (Moto GP): un deporte muy seguido en España desde lostiempos de Aspar, Pons, Garriga y Crivillé, con las retransmisiones de ValentínRequena y Ángel Nieto. Durante varias décadas hemos vivido la evolución de las carreras en nuestro país y el alumbramiento de grandes campeones. No obstante,el seguimiento no había sido masivo hasta el Gran Premio de Malasia de 2015,con el famoso incidente entre Rossi y Márquez, que, como los gestores del campeonato sabían, iba a popularizar su deporte y lanzarlo a un ámbito de masas; dicho de otro modo, a futbolizarlo. Y vaya si o consiguieron; la carrera posterior a aquella fue un asunto nacional en España e Italia, con la prensa involucrada en plan ultra y los aficionados tomando partido a través de las redes sociales;o conmigo o contra mí. Desde entonces, el Mundial de Moto GP ha incrementado su audiencia de manera notable. Pero, en contrapartida, ha perdido la esencia que solía acompañar a los aficionados a esta disciplina deportiva; el amor a las motos y el respeto a los pilotos, que se juegan la vida para que unos cuantos nos divirtamos los domingos por la mañana; Márquez y Lorenzo tuvieron que ir a correr a Italia con guardaespaldas, en Argentina una caída de Márquez se celebró como un gol de Messi, en Mugello llegaron a representar una tumba con el nombre del piloto catalán. En otras palabras, el nuevo aficionado a las carreras de hoy está más cerca del ultra de fútbol que del clásico motero. ¿Globalización?

Artes marciales mixtas (UFC): comenzaron su andadura a principios de los noventa; los promotores, un poco perdidos aún, juntaban en un ring a luchadores de disciplinas tan distantes como el judo y el kickboxing para ver cuál era más completo. Esto condujo a situaciones rocambolescas y vergonzosas como las palizas que le propinaban los boxeadores a los luchadores de sumo. Con el paso de los años, las MMA fueron evolucionando en sus reglas y los combatientes fueron aprendiendo la técnica de otras disciplinas para hacerse más completos. Pues bien, hace unos años la empresa que gestiona estas peleas desarrolló un producto que pretendía vender en la televisión de pago en los Estados Unidos, la actual UFC (Ultimate Fighting Championship). Y, dado que ofrecía violencia real, el producto funcionó muy bien. Y así llegamos hasta la creación de los grandes mitos y las montañas de dinero. Momento en que despuntó un personaje más mediático que el resto: el irlandés Conor McGregor; pretencioso, chulo, malencarado, la típica historia del hombre hecho a sí mismo. McGregor ha dominado su categoría y ha amasado una fortuna en los últimos años. Pero en fechas más reciente ha sido eclipsado por un ruso que parece más fuerte que él y que le ha derrotado en el combate por el campeonato del mundo, Nurmagomedov Khabib. Entre ellos se desató el típico pique que se da en los pesajes para calentar el ambiente, algo falso e impostado, que se ha convertido esta vez en el detonante de una pelea callejera y macarra entre los equipos de ambos luchadores tras el mencionado combate por el título mundial. Un espectáculo deplorable que, sin embargo, ha llegado a los medios generalistas de todo el mundo y que ha potenciado aún más este deporte y su número de espectadores. Los promotores de la UFC se plantean suspender de por vida a ambos boxeadores. Sea como fuere, el beneficio ya está conseguido gracias al show post combate ¿Cumplirán los dueños de la UFC la amenaza de suspensión o se seguirán frotando las manos?

-NBA: muchos recordamos aquellos años en los que el baloncesto americano se retransmitía en la Televisión Pública con la voz de Ramón Trecet. Los duelos Lakers-Celtics. Los Pistons de Detroit con su equipo de bad boys. Magic, Thomas, Bird. Un espectáculo que, con sus enganchones y sus incidentes, solía ser bastante limpio y que, sin embargo, con los años se ha ido volviendo más físico, más competitivo, más individualista y, sobre todo, más violento. En los últimos tiempos han sido varias las denominadas “grandes peleas” de la NBA, como la de Carmelo Anthony y Kevin Garnett o la de MetaWorld Peace, en 2004, que involucró también a parte del público. Ya no son excepciones, es algo que se asume como parte del espectáculo. De hecho, en la jornada inicial de esta temporada 2018/2019 hemos visto ya los primeros puñetazos entre Chris Paul y Rajon Rondo. Es cierto que la competición aplica sanciones muy duras en función del sueldo de cada cual, pero en realidad no debe de importarle mucho a los organizadores institucionalizar el uso de la violencia, pues en una sociedad como la americana es un aliciente más para el show, algo que complementa los triples y los mates. ¿Llegará un día en que sea extraño ver un partido sin peleas?

Estos ejemplos demuestran que el deporte, como espectáculo y motor económico, no es más que el reflejo del neoliberalismo salvaje que domina la sociedad. Una sociedad en la que todo vale, en la que se impone la ley del más fuerte, la del abusón de la clase, la del pez grande que come al pez chico, etc. Una sociedad donde se sacrifica la esencia, la sustancia de las cosas, en favor de cualquier posible beneficio económico. Una sociedad donde la política juega con la misma suciedad y las mismas trampas que lo hacen algunos deportistas. Una sociedad donde algunos parlamentarios abren bolsas de basura en los escaños del congreso para convencernos de que su olor tumefacto es lo más normal del mundo. El deporte es pues la materialización del mundo de hoy; la dictadura de los bancos y las finanzas. Algo abstracto, ficticio, un engaño, una ilusión. Una trampa para que el espectáculo pueda continuar…

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Mario Crespo

Mario Crespo (Zamora, 1979) es licenciado en Historia del Arte y Documentación. Ha escrito y dirigido los cortometrajes Sin título y Death y es autor de las novelas LS6 (2010), distinguida en el Festival du Premier Roman de Chambéry y traducida al inglés, Cuento kilómetros (2011), Biblioteca Nacional (2012) y La 4ª(2014). También ha coordinado, junto a José Ángel Barrueco, la antología Viscerales (2011). Es colaborador habitual de prensa y su obra poética y narrativa aparece antologada en varios libros. Actualmente reside en Madrid.
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    2 Réplicas

  1. J J K

    “el seguimiento no había sido masivo hasta el Gran Premio de Malasia de 2015”
    Vaya cuñao.

    Qué tu, que de motos no tienes ni idea, descubrieras la existencia de las carreras en ese momento, no significa que MotoGP no tuviera un seguimiento masivo antes de que tú bajaras del guindo.

  2. Mario Crespo

    “El GP de Malasia de Moto GP, líder de su franja con
    un 35,1% de share y casi un millón de espectadores,
    mejora 15 puntos su registro de 2014 (20,2%)”

    Fuente: Mediaset España.

    Siempre mejor ser un cuñao que un troll que se esconde tras una pantalla para decir tonterías sin fundamento . No sé si sabrá usted mucho de motos, pero valor se ve que no tiene mucho. Duda que sea capaz de pilotar motos.

    Saludos cordiales.

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