22 de agosto del 2017
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En pleno verano, época caracterizada por cierta calma política, saltó una noticia que nos produjo un cierto desasosiego: los militares turcos daban un golpe de estado. Quienes nos hemos asomado alguna vez a la reciente historia de este país, no nos sorprendía mucho la noticia porque no era la primera vez que el ejército se proclamaba salvador de la patria y de la democracia. Pero esta vez nos parecía extraña esta sublevación en una Turquía muy controlada por el régimen que actualmente gobierna manos de hierro el presidente Erdogan.

Es verdad que últimamente el ejército turco –o al menos una parte de él- estaba un tanto molesto con el trato y la política que practicaba el Presidente. Y había un soterrado enfrentamiento entre ambas instituciones que no aventuraban nada bueno. No hay que perder de vista que el Ejército siempre ha sido muy poderoso en la sociedad turca y siempre ha intentado rectificar las posibles desviaciones de los gobiernos de turno en relación a los principios institucionales que Atatürk  –padre de la patria turca- había establecido para la moderna Turquía.  Y uno de esos principios siempre ha sido el conservar la laicidad de la sociedad turca. Por ello, desde que Erdogan se hizo cargo del gobierno, primero, y después de la Presidencia de la Nación, el Ejército le ha mostrado cierta distancia por su carácter islamista. Erdogan ha pretendido siempre cambiar la faz laicista que mostraba la sociedad turca por otra más islamista y para ello ha ido introduciendo cambios significativos en esta línea con la consiguiente desconfianza del Ejército.

El fallido golpe de estado que ha protagonizado un sector según parece algo minoritario del ejército turco ha revalorizado la figura de Erdogan, últimamente decaída por su desmesurado autoritarismo. Teniendo en cuenta el poder del ejército en Turquía y su teórica cohesión, resulta sospechosa la forma chapucera y cutre con que la rebelión se ha manifestado, de tal manera que prácticamente la llamada del Presidente —que llegaba de sus suspendidas vacaciones— a sus partidarios para que hicieran frente a los militares sublevados, acabó sin problemas con el conato golpista.

 

ISTANBUL, TURKEY - JULY 16: Clothes and weapons beloging to soldiers involved in the coup attempt that have now surrendered lie on the ground abandoned onBosphorus bridge on July 16, 2016, Istanbul,Turkey. Istanbul's bridges across the Bosphorus, the strait separating the European and Asian sides of the city, have been closed to traffic.Turkish President Recep Tayyip Erdogan has denounced an army coup attempt, that has left atleast 90 dead 1154 injured in overnight clashes in Istanbul and Ankara. (Photo by Gokhan Tan/Getty Images)

Material abandonado por los golpistas (Gokhan Tan/Getty Images)

Nos alegró enormemente que el golpe acabara pronto y con sus responsables detenidos, a los que ahora habrá que juzgar; pero nos ha producido un creciente desasosiego que Erdogan se haya constituido en brazo ejecutor de una purga política que no solamente toca al sector militar sublevado sino también a jueces y fiscales que, según dicen los expertos en la política turca, les estorbaban para sus planes y que ha aprovechado para tacharlos de traidores al país y quitárselos del medio. Parece que de lo que se trata es ir contra un antiguo aliado suyo, ahora exiliado en Estados Unidos, el clérigo Fethullah Gülen, que encabeza una importante feligresía islamista que se ha ido introduciendo paulatinamente en todas las instituciones importantes del país, y actúa como opositor al propio Erdogan. Y éste no permite que nadie se le oposite porque  se considera como el factótum de la Turquía actual.

Erdogan se ha constituido como el salvador de la patria y se está dando un gran baño de masas y permitiéndose una serie de acciones no democráticas de purga de “traidores a la nación”. Lo último que parece haber trascendido  ha sido la posibilidad de establecimiento de la pena de muerte, con el fin de acabar con quienes tache de enemigos, esperemos que al menos sean juzgados justamente, aunque podemos imaginarnos lo que les espera.

Cada día nos asusta más los poderes que adquieren los gobiernos aprovechando acontecimientos que generan temor, miedo y, por supuesto, generan actitudes muy conservadoras en la población en general. Cuando aquí y allá se dan atentados o situaciones que alteran el curso normal de la vida diaria, los Gobiernos suelen reaccionar armándose de leyes represivas y autoritarias que aplican sobre personas o sectores de la población más indefensas y que ellos consideran peligrosos para su status quo. En España, las protestas del 15M derivaron hacia la fatídica Ley Mordaza, impulsada por el gobierno del Partido Popular.

Por supuesto, que condenamos todo intento de golpe de estado o de atentado que suponga pérdidas de vidas humanas, pero también denunciamos aquellas respuestas de los Gobiernos que aprovechan los estados anímicos de miedo y angustia que generan para imponer medidas destinadas a reprimir a los sectores menos afines a la ideología oficial.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.

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