14 de junio del 2018
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Hace varios días se adjuntó una tragedia más al lúgubre inventario que, a diario, crece recopilando las más despreciables miserias del ser humano.

Ángel Ariel Escalante Pérez, un niño nicaragüense de 12 años que vivía con sus padres en Ciudad de Guatemala, salía de la escuela el pasado viernes 18 de junio camino a su casa. Unos pandilleros le asaltaron por el camino. Eran dos las opciones que le daban: o mataba a un chófer de bus o le matarían a él.

Ángel se negó a asesinar a nadie, a sabiendas de que no se trataba de una mera amenaza verbal. Acto seguido, estos pandilleros, con macabra cortesía, volvían a darle a elegir entre dos opciones: o le descuartizarían o sería lanzado desde el puente Belice.

El niño volvió a insistir en que no mataría a nadie y que antes preferiría ser lanzado.

Luis y Clarivel, padres de la criatura, informaron el mismo día a la Alerta Alba Keneth de que su hijo no había vuelto a casa de la escuela. Dos días después, lo encontraron aún con vida sobre la cima de un árbol en el barranco de puente Belice, una caída de 125 metros de la que Ángel milagrosamente sobrevivió.

Con múltiples fracturas, dos días y dos noches permaneció allí hasta que lograron encontrarle. Al ser rescatado por los bomberos, fue el propio niño el que, aún consciente, les contó lo que le había sucedido. No obstante, la Policía Nacional Civil inició las pertinentes diligencias sumariales para poder esclarecer lo sucedido.

En cualquier caso, el niño fue trasladado al hospital San Juan de Dios, donde permaneció luchando por su vida durante dieciséis días hasta la mañana de ayer. Su cuerpo no pudo aguantar el severo traumatismo craneal que sufrió. Tras su muerte, su padre denunció que el hospital no disponía de suficiente abastecimiento para los cuidados que su hijo precisaba. Incluso él tuvo que comprar de su bolsillo agua esterilizada. Su cuerpo, por deseo de sus padres, fue repatriado a Managua.

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El padre de Ángel junto a su féretro

Ángel quería ser de mayor arquitecto. Ángel prefirió perder su vida antes que arrebatársela a nadie. Ángel sufrió la criminalidad incesante que sufre Guatemala, como también sufrió la precariedad de su sistema sanitario. Probablemente, la causa será archivada y jamás se sabrá qué responsables hubo tras esta tragedia.

Ángel en los periódicos no ocupará más que una pequeña esquela en alguna crónica local, cuando para éste y tantos otros Ángel deberían guardarse las portadas. Para niños como Ángel no deberían existir honores póstumos, porque jamás deberían morir.

Ángel se fue de este mundo como su nombre indica.

Descanse en paz.

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Alejandro García Maldonado

Licenciado en Derecho, ha colaborado en diversos medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno y Cubainformación. Autor de las obras "Testigos cegados" (2011) "Transcripción del Manifiesto Comunista" (2012), "Al resguardo del tilo rojo" (2014), "Tra due anime" (2015) y "Son de Lirios" (2016). Ha realizado estudios sobre proyectos biográficos coordinados por la Bernard Lievegoed University y dirige el proyecto literario "Etreso Biografías". Actualmente realiza un "Postgraduate Diploma of Journalism" dirigido por el National Council for Training of Journalist e impartido por la University of Strathclyde.

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