13 de junio del 2018
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Por fin se puede decir, en España gobierna una banda criminal.

Por salud democrática, por sentido de la decencia, por recuperar mínimamente la credibilidad de las instituciones del estado, por tantas y tantas personas que sufrieron los recortes, por los que fueron señalados como terroristas por el simple hecho de protestar, por los represaliados, los difamados, los perseguidos, los acosados y sobre todo, por los que lucharon por nuestros derechos y libertades, la condena de la trama Gürtel tiene un significado especial.

Más allá de que el Partido Popular nunca pueda pagar por todo el mal que ha causado a este país, oficializar que el partido estafó a la ciudadanía y que albergaba un entramado mafioso en sus entrañas es una victoria de todos los que han luchado por una democracia real. 1678 páginas de sentencia condenatoria, que aluden a sus principales protagonistas pero también a los medios que han colaborado con semejante expolio (Libertad Digital, del inefable Jiménez Losantos). Es poco, es tarde, pero es tremendamente simbólico. 

Los casos aislados del partido de los que hablaba Rajoy eran la gente decente de un partido en el que, o estabas dentro de su organigrama mafioso, o estabas fuera del partido. Allí donde ha hallado poder, ha reinado la corrupción. Más allá de Bárcenas, Correa o Ana Mato, la práctica totalidad del PPCV ha desaparecido o está entre rejas, los últimos presidentes de la Comunidad de Madrid están imputados o poli imputados, el presidente de Murcia tuvo que dejarlo porque no cabía donde ocultar tanta desvergüenza y del gabinete Aznar apenas el expresidente se ha librado del acoso judicial. El arma de destrucción masiva ha sido el Partido Popular, que ha dinamitado el normal funcionamiento de una joven democracia. 

Se abre un escenario donde el empuje social debe barrer toda la escoria vertida sobre suelo público, aunque Ciudadanos actúe como muro de contención. Y es que, si los cálculos electorales del partido naranja se resienten, cambiarán de parecer como hacen a menudo.

Por último, la redacción de la condena desacredita la versión negligente y altanera del presidente del Gobierno, empeñado en minimizar hasta la anécdota la delincuencia del partido más corrupto de Europa.

Después de esto no se va a ir, por más que llueva, nieve o truene, pero lo vamos a terminar echando.

La fotografía apareció en el Confidencial. 
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Escritor y Social Media Manager. Ha publicado artículos culturales para medios como La Marea, Secretolivo, Perarnau Magazine o La Voz del Sur. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie 2016) y Juan sin miedo (Alkibla 2015). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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    2 Réplicas

  1. xavier

    Es bastante triste que hasta ayer la corrupción no parecia existir y a partir de ayer, todo el mundo se rasga las vestiduras, cuanta gente , cuantos votantes, cuantos mediso de comunicación mirando para otro sitio, un fuerte aplauso para ellos.

  2. Miguel Valiente

    Me encanta el adjetivo que das a la gente del PP en tu antepenúltimo párrafo: escoria, término que, según la RAE significa “cosa vil y de ninguna estimación”. ¿Se puede definir a esa gentuza de forma más acertada y sintética?

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