23 de julio del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En los días previos a la Semana Santa, en muchas ciudades andaluzas nos encontramos con grupos de jóvenes alrededor de unos “pasos” sin figuras. Están ensayando la puesta en escena de los recorridos que les espera cuando procesionen en los días de Semana Santa. Es admirable su entrega a la causa.Con su “molía” disponible para entrar, en cualquier momento, en las trabajaderas que le esperan para hacer su turno y sustituir al compañero. Dedican a este entrenamiento varias horas durante días.

¿Qué les mueve a hacer este esfuerzo físico, que a muchos les cuesta hasta lesiones de espaldas? No parece una motivación religiosa y espiritual que mantengan todo el año; es más, en muchos de ellos se observa una idea muy rudimentaria de su religiosidad.  ¿Qué es lo que les mueve, entonces, a invertir su tiempo y esfuerzo, en una dedicación que no parece reportarle beneficio? Una suerte de heroicidad, de superación y autoafirmación que necesitan socializar y, en ocasiones, una adhesión difuminada a lo que llaman su Cristo o su Virgen, parecen explicar su entrega. Resulta paradójico que muchos de estos muchachos, que andan parados y tienen un horizonte muy incierto de futuro, no se movilicen para exigir trabajo, no luchen con la misma fuerza por sus derechos laborales y sociales, tan vejados en los últimos tiempos, y sin embargo, se ilusionen a sobremanera con cargar con un paso de Semana Santa. 

Esta situación lleva a reflexionar sobre la incidencia que tiene la Semana Santa en nuestro ambiente sociológico. No hay duda de que tiene un arraigo especial en nuestra idiosincrasia y unas repercusiones que van más allá de lo religioso y se concretan, sobre todo, en la tradición, la familia, la festividad y el fenómeno turístico. La Semana Santa como manifestación religiosa nace en un tiempo histórico peculiar, donde el brote protestante movió a las autoridades eclesiásticas a movilizar al pueblo llano, y para ello sacó a las imágenes a la calle, en un afán no tanto de interiorizar la fe sino de fomentar la adhesión a los postulados de la fe católica.

La Semana Santa tiene dos manifestaciones: una lo que se llama el Triduo Pascual, que se celebra en el interior de los templos y trata de revivir, con lecturas bíblicas y cantos alusivos, la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, tal y como lo contaban los testigos y que quedaron reflejados en los Evangelios; y, después están las manifestaciones en la calle que provienen del Concilio de Trento, que se celebró para hacer frente a la amenaza protestante que entonces se extendía por el centro de Europa. Alrededor de estas manifestaciones fueron apareciendo las Hermandades cofradieras que trataban de aglutinar a los fieles más comprometidos alrededor de advocaciones de cristos y de vírgenes de especial sintonía con las creencias locales. Muchas de estas Hermandades han durado hasta hoy, a las que se han ido sumando otras muchas a lo largo del tiempo. Y hoy, alrededor de la Semana Santa existe una red de Hermandades que son las que montan todo el escenario visual que contemplamos cada año. Están formadas por un número importante de “hermanos” que, previo pago de la papeleta de sitio para salir, forman el conglomerado de “penitentes”, ataviados con un ropaje característico propio de otras épocas para desfilar por las calles de la ciudad.

 

La Semana Santa trata de recordar a Jesús de Nazaret, un hombre sencillo que, por defender unos principios, fue humillado por el poder político y religioso de su tiempo, algo parecido a lo que suele pasarle a quienes luchan por unos ideales que estorban los intereses de los poderosos de este mundo. Es una celebración del compromiso humano pisoteado  y ultrajado por los poderes que no permiten que los pobres y humildes de la tierra tengan la dignidad y el respeto que, como seres humanos, tienes derecho a gozar.  Esto es lo que hay que renovar  en estas celebraciones: mirarse un poco en ese Jesús de Nazaret para revivir esas actitudes y comportamientos que nos hacen más humanos, más solidarios y comprometidos con los débiles de este mundo. Esto es lo que se quiere celebrar en estos días, y no ese ambiente de jolgorio y frivolidad que se vive en la calle.

La Semana Santa, como manifestación de una religiosidad adobada con aires populacheros y de espectáculo, transita por nuestras calles como una fiesta importante en nuestro calendario turístico. No en balde tiene consideración de Fiesta de Interés Turístico Nacional, lo cual significa que todo el tinglado comercial se mueve al son de su trompetería. Algo que no tiene mucho que ver con el drama que vivió un hombre, que ofreció su vida por los ideales y compromisos que predicaba, y que debiera servir de ejemplo para quienes lo tienen como referencia. El escenario que se monta en estas fechas en nuestras calles y plazas tiene muy poco que ver con lo que se recuerda.

Sería interesante que la Semana Santa mostrara un interés especial por las personas y familias que lo están pasando mal, con poca esperanza de salir adelante ante una situación de crisis que se ha cebado, de forma cruel, con su forma de vida. A través de los innumerables recortes en los servicios sociales, del aumento del paro conjugado a veces con la disminución o privación de sus prestaciones, del aumento de una situación de desamparo social… muchos de nuestros ciudadanos pueden ver la Semana Santa como una festividad ajena a su desgracia, como una celebración artificiosa y, a veces, derrochadora de la muerte de una persona que nunca tuvo que ver con este boato desproporcionado, al menos. En la conciencia de los creyentes debería pesar más el mensaje profundo de aquel personaje histórico que sufrió el desamparo de los suyos, la crueldad del poder político y religioso de su época y el dolor material de la tortura que le aplicaron. Quizás así a muchos de los asistimos al espectáculo de las procesiones de estos días, se nos movería el corazón y, a lo mejor, miraríamos más a nuestro alrededor para ver la realidad de quienes hoy sufren la ignominia de una sociedad más interesada en gastar su esfuerzo y dinero en manifestaciones religiosas que apenas nos tocan el alma.

The following two tabs change content below.

Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
Tags: , , , , , ,

    Una Réplica

  1. Juan González

    Me ha parecido un artículo magnifico, tanto por el análisis histórico, sociológico como reivindicativo de la autentica figura de Jesús de Nazaret. En estos días me ha chirriado la presencia de los políticos en las hermandades, en algunos casos, como nuestra alcaldesa desfilando con una vara en las presidencias de varias cofradías, se aprovechan de todo para salir en las fotos y así procurarse algunos votos. No tienen escrúpulos pero también las cofradías deberían de hacerse respetar. Otra cuestión es el interés de los políticos de hacer nuestra Semana Santa de Interés Turístico Internacional. Se ha perdido el norte y las hermandades deberían de salir a la palestra y cortar por lo sano esta barbaridad. Según ellas salen a la calle para manifestar su fe, que demuestren que es así y alejen todo aquello que va en contra de esa fe que dicen tener. Enhorabuena Sr. López.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies