18 de octubre del 2017
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La escena fue ciertamente ridícula. UPyD había convocado a la ciudadanía en la emblemática Puerta del Sol, símbolo del 15-M, para pedir la dimisión de Mariano Rajoy y de su junta directiva tras las numerosas imputaciones que ha traído la trama mafiosa de la Gürtel y la posterior Operación Punica. Nada más digno y loable que el propósito de la enmienda. Sin embargo, la sorpresa fue que acudieran a esta llamada apenas un centenar de personas, entre ellas Rosa Díez, Andrés Herzog o Martínez Gorriarán. Asistió la dirección del partido más unos pocos militantes y curiosos que aguantaron con esmero y una sonrisa impostada el durísimo frío madrileño. Una asistencia ínfima, que podríamos encontrar en Sol si alguno de los músicos ambulantes habituales andara inspirado.

El mínimo poder de convocatoria de UPyD esconde análisis subyacentes. Primero, y el más evidente, discute la fortaleza del partido y señala una clara línea descendente en la intención de voto, a las encuesta nos remitimos. Segundo, plantea el relevo de UPyD en el imaginario colectivo como alternativa al bipartidismo, relegada y superada indiscutiblemente por la fuerte irrupción de Podemos y también por una Izquierda Unida en proceso de modernización.

Cabría también analizar que parte de UPyD ha abandonado el barco tras las últimas disputas internas y la renuncia de Sosa Wagner.

Un dato, el 70% de sus simpatizantes (con Pedro J como portavoz principal) demanda una fusión con Ciudadanos que no llega pese a que sus principios políticos son primos hermanos. Según la dirección del partido esto se debe a la poca predisposición del partido liderado por Albert Rivera. ¿Cuánto hay de tozudez política y cuánto de apego al poder en la cúpula de UPyD para ignorar a su electorado?

No lo sabemos, pero disputas internas al margen, deberíamos enfocar nuestra mirada en el modelo de país que proponen: una España neoliberal -económicamente hablando-, unionista, monárquica, federalista y reformista que apenas tiene tirón en el contexto sociopolítico actual, tampoco en el seno de una población que señala a los cimientos del sistema, al modelo de la transición en general y al sistema cleptócrata del Partido Popular en particular, como principales culpables del Estado del malestar en que vivimos.

A UPyD no le queda otra que buscar convergencias. No sería descartable que en un giro brusco de los acontecimientos, y tras este episodio de debilidad pública, el partido magenta gire 180 grados y busque esa alianza con Ciudadanos que le permita seguir participando en la vida política. Aunque tampoco sería extraño que Díez y los suyos se enrocaran en su pureza en un suicidio político como tantos otros hubieron. A pesar de que en las últimas generales cosecharon algo más de un millón de votos, UPyD hoy apenas cuenta en los sondeos y paga su indisimulada esencia, y es que, aunque las formas parezcan distintas, el fondo está demasiado cercano a las políticas capitalistas y pseudoprogresistas que nos han llevado al abismo.

El vídeo de UPYD media se basa en primeros planos y apenas deja entrever la escasa movilización de la convocatoria.
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Periodista, fotógrafo y diseñador gráfico. Ha escrito en Diario de Cádiz, Rock Estatal, y El Club de los Imposibles. Es director de La Réplica. Participa en Ganemos Jerez.
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