15 de diciembre del 2018
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Hace un par de semanas, Enric González firmó en El País una oda al fútbol argentino en relación al primer partido entre Boca Junior y River Plate en la final de la Copa Libertadores. Filosofaba sobre el placer de lo prohibido: “Es la vieja absenta auténtica, el tabaco sin filtro, el sexo sin precauciones, la droga sin mesura“, se explicaba el periodista catalán. Luego concluía, después de una serie de elogios al ambiente que se respiraba en las canchas argentinas, con una pregunta en voz alta: “¿Cómo no disfrutar loca, absurda, ciegamente de este placer insano, del que los europeos nos privamos hace tiempo?

Pronto estallaron de júbilo las redes: “Enric González describe como nadie el deporte rey“, “es Argentina en estado puro“, “una joya que explica perfectamente el partido del siglo“, “texto delicioso“, y un sinfín de incomprensibles elogios, la mayor parte procedentes de sus compañeros de profesión. Eran periodistas veteranos y muy respetados (pocas mujeres, por cierto) los que aplaudían a González. Nadie se alarmó de la soslayada y terrible irresponsabilidad del texto, condescendiente con la violencia derivada de la euforia y de la pasión. El texto defendía, entre el lirismo y la demagogia, la ilógica sensación de placer que le produce un ambiente caldeado y bronco.

González hacía una analogía de las barras bravas con los tifosi (ultras italianos) y señalaba el “perfume dulzón que dejaban atrás cuando destrozaban una estación ferroviaria“, intuimos que con ironía, haciendo referencia también al picor de los gases lacrimógenos.

Ayer se suspendió el segundo partido de la final de la Libertadores precisamente por esa euforia desmedida. Debido a la sinrazón de unos pocos indeseables que hacen del fútbol un campo de batalla, de la violencia algo cotizable y de la barbarie su mejor negocio; son fanáticos capaces de apedrear el autobús del equipo rival y rociarlos con gas pimienta para luego venderse como víctimas.

El periodismo tiene una ineludible competencia pedagógica. No todo vale para situar un texto de opinión en lo más leído ni para contagiar nuestros gustos personales. Cuesta creer que una de las mejores plumas de España —en todos los ámbitos—, y para muchos de nosotros, el mejor cronista de fútbol desde las gradas, firmase un texto tan imprudente, vanidoso y permisivo consigo mismo. A un periodista de su experiencia se le atribuye un mayor compromiso con el deporte (el fútbol) y con la concordia en las gradas, entre las aficiones. Una pluma tan talentosa no puede deslizar que es fascinante ver al populo jubiloso filtrear con la violencia cual emperador ávido de circo. No es de recibo banalizar la trifulca. A un cronista de su altura se le presupone mayor responsabilidad con lo que escribe. Y sin embargo.

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Periodista. Codirector de La Réplica.

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    Una Réplica

  1. FUTBOL OPIO DEL PUEBLO

    Gran artículo, así es, hay mucho desinformado que alaba la “pasión” de estos energúmenos, una cosa es el fútbol y otra es el salvajismo, la miseria moral y el tercermundismo del fútbol en Argentina

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