21 de mayo del 2018
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La vigorosidad del grito unánime de las mujeres que salieron a la calle el 8M ha sido de tal magnitud, que el mensaje no ha podido quedar más claro y diáfano: SI LAS MUJERES PARAMOS, EL MUNDO SE PARA. Costó que se entendiera cómo debía ser la implicación de los hombres en esta convocatoria, pero finalmente en un porcentaje bastante aceptable el mensaje ha calado. Y es que la capacidad de trabajo y organización del movimiento feminista no tiene límites, y cuando de embestir se trata, nos llevamos por delante “toloquesemenea” cuando aquello que se mueve supone una amenaza a nuestro trabajo y razón de ser.

Del alcance y magnitud de la respuesta de la convocatoria se hacen eco, no solo la prensa nacional e internacional, sino también el gobierno, que no ve otra salida que claudicar ante un éxito que ya nadie duda en catalogar de histórico, a pesar de que fue ninguneada desde sus orígenes. Parece que ya podemos sentirnos satisfechas, el gobierno toma nota y empieza a mover ficha: Se habla de la creación de la figura del “embajador en Misión Especial para la Igualdad de Género”, cuya misión será “velar por la eliminación de toda forma de discriminación y violencia contra la mujer.” Se ha anunciado que la ministra de Empleo y el de Función Pública empezarán a trabajar para dar respuesta a las demandas de conciliación de la vida laboral con la familiar, e incluso se ha anunciado que Emma Navarro sería la vicepresidenta del Banco Exterior de Inversiones (BEI). «¡Ya está!, todas contentas, vuelvan a sus rediles de sororidad y quiéranse mucho, que la maquinaria legislativa e institucional ya está en marcha y en breve empezaremos a ver los resultados».

Hay que admitir que este 8M no ha sido un ocho de marzo cualquiera, y que se ha producido un cambio cualitativo importante que permite reconocer, no solo en la calle, sino también en el ámbito institucional, que la situación de discriminación de las mujeres, a día de hoy, es insostenible, y por tanto aparece un clamor generalizado de que hay que darle respuesta, y es justamente aquí en este punto de inflexión donde es necesario hilar fino y preguntarnos qué hacer para evitar que se haga lo que el poder ha convertido ya en hábito y costumbre: hacer los cambios pertinentes para que nada cambie y seguir perpetuando el poder y los privilegios de los de siempre…y las mujeres detrás…

Que nadie se lleve a engaño, ahora al movimiento feminista le queda el reto más difícil. Por un lado, revolverse contra todas aquellas fuerzas que empiezan a emerger para fagocitarlo y vaciarlo por completo de contenido político transformador, y por otro encontrar la fórmula que impida el estallido de esta burbuja insuflada de aires feministas, la manera de que no estalle, y que tras su estallido se convierta en nada. Nos queda, pues una reflexión pausada que nos permita dar respuesta a las preguntas:

1. ¿Queremos acabar con la brecha salarial, el techo de cristal, la precariedad del empleo femenino, el injusto reparto de las tareas doméstica, las violencias machistas…y permanecer felizmente en este sistema organizado, creado, sustentado y mantenido en base a las desigualdades?

2. ¿Cómo establecemos ese tira y afloja, ese equilibrio que nos permita confluir con todas esas mujeres que, juntas, vibramos gritando en la calle convencidas de que “si las mujeres se paran, el mundo no funciona”?

3. ¿Cómo mantener esa diversidad (clave del éxito) de mujeres confluyendo, jubilosas por una sola causa común? ¿Con qué criterios vamos a establecer nuestras «líneas rojas» para diferenciarnos de ese otro feminismo institucional y vacío, sin que eso suponga el desvanecimiento de lo que podría convertirse en una ilusión óptica?

No encuentro otra respuesta que la que venimos repitiendo desde tiempo inmemorial: LA LUCHA ORGANIZADA ES EL CAMINO, y ahora, ante nuestros ojos, la oportunidad para materializar y hacer empírica esta consigna. Trabajo, organización, autoformación y pedagogía, (mucha pedagogía) se me presentan como las claves para crear la onda expansiva que siga difundiendo la esencia de un feminismo convencido de que no hay otra forma de implantar la verdadera igualdad que no sea acabando con los estamentos patriarcales que perpetúan las desigualdades, y que aquí y ahora apuntala a este sistema económico capitalista que no es igualitario, a este sistema monárquico que por definición no es igualitario, a un sistema que beneficia a la jerarquía eclesiástica católica, que no es igualitario. Un estado de derecho, en fin, cuyas leyes benefician a la clase política dirigente, a la banca, al mundo empresarial y con un ejército que defiende el poder y los privilegios de los poderosos, no puede ser igualitario.

LA IGUALDAD REAL, SOLO EN OTRO MUNDO QUE NO SEA ESTE, SERÁ POSIBLE. Sigamos trabajando y apostando por ello.

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Macarena Neva Delgado

Licenciada en pedagogía y Ciencias de la Educación. Profesora de enseñanza secundaria. Militante de la Asamblea Feminista Las Tres Rosas de El Puerto de Santa María.

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