03 de agosto del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



1. Empecemos por el caso Dylan. Desprendámonos de lo morboso en primer lugar para después pasar a otras consideraciones más reconfortantes. En A propósito de nada Woody Allen ofrece su versión de todo lo ocurrido en torno a la acusación de abuso sexual sobre su hijastra de siete años que lo ha perseguido durante tres décadas.

No se ahorra nada; cuenta cosas muy íntimas de la vida familiar con Mia Farrow y sus hijos e hijastros y cómo se desarrollaron las dos investigaciones que concluyeron en sus informes finales que nunca sucedió tal abuso. Si a estas alturas no conoces nada del asunto, las memorias recogen el testimonio del acusado y su legítima defensa. Ni más ni menos. Según él, la acusación es una reacción de odio y despecho de Mia Farrow tras conocer su aventura con Soon-Yi Previn, otra de sus hijastras. El relato es durísimo, complejo y delicado. Allen tiene derecho a contarlo porque existe eso que se llama presunción de inocencia, algo que mucha gente parece olvidar según el caso.

2. Son unas memorias fascinantes, amenas y divertidas, divididas claramente en tres partes; un primer tramo en el que abarca desde su nacimiento hasta que comienza a escribir para el mundo del espectáculo (lo hizo desde muy joven, con apenas 18 años ya era parte de ese universo) ; un segundo periplo que relata su trayectoria como guionista y monologuista, y un tercer acto que va siguiendo el orden vital en torno a sus películas. Entre medio va relatando episodios de su vida personal. Las memorias no están divididas por capítulos ni nada parecido, por lo que un lector puede tranquilamente leerlas viajando atrás o adelante en el tiempo según sus propios intereses.

3. Allen utiliza el humor como recurso habitual e hilo conductor; en las páginas más inspiradas parece estar inmerso en uno de los monólogos que interpretaba en los clubs nocturnos de Nueva York. Pero también es un alivio cómico para los pasajes más oscuros y desagradables relacionados con su torbellino familiar y emocional. Él insiste en que no es tan ingenioso como parece y que no tiene grandes talentos, pero las páginas lo desmienten: usa el absurdo y la autoparodia constantemente con inmenso talento. Nada que no conozcamos: el retrato de un tipo neurótico, inteligente, hipocondríaco, tímido, a veces pedante, otras vulnerable que solo quiere vivir muchos años escribiendo y rodando.

4. El libro es un viaje por la historia cultural de la industria del espectáculo de Estados Unidos durante el último siglo. Recoge anécdotas, vivencias, ocurrencias, personajes y desacuerdos a lo largo de más de seis décadas. Si el lector no conoce nada del universo del entretenimiento norteamericano puede sentirse offside, pero es una oportunidad de oro para investigar y descubrir las personalidades y los entresijos detrás de los focos.

5. Allen descubre y libera su libro maestro sobre la dirección de cine. Si vamos hilando y reuniendo lo sorprendentemente poco que habla acerca de la técnica cinematográfica (estilos, preferencias, referentes, etc) nos damos cuenta que Allen es un director que dota de gran libertad a su reparto, que improvisa, que le gusta rodar rápido, con ritmo, sin ensayos buscando la espontaneidad y el verismo. Da mucha importancia a tres aspectos clave; el montaje, la fotografía y el guión. De este último viene a decir que es más fácil que un director malo haga una gran película partiendo de un guión bueno, que un director bueno salve una película si su guión es malo.

6. El libro se revela como una estupenda guía de su filmografía. Allen, aunque asegura que no suele revisionar sus películas, da su opinión sobre cada una de ellas. Se empeña en decir que hasta hoy no ha hecho ninguna obra maestra (aquí hay que quitarle la razón) pero le tiene especial cariño a La Rosa Púrpura de El Cairo, Manhattan y Balas Sobre Broadway. No parece tener sobrestimados algunos de sus grandes e incontestables éxitos (Annie Hall, Hannah y sus hermanas), pero sí que es comprensivo y condescendiente con sus fracasos más sonados. No se revela nunca como un director ensimismado, egocéntrico u obsesivo, sino más bien como un calvinista sin remedio que siempre está pensando en su próximo proyecto y que resta trascendencia a toda su obra.

7. Allen cuenta una gran cantidad de anécdotas con su habitual y descacharrante verborrea, alguna, como la de que se presentó con Soon-Yi Previn en una fiesta organizada por Roman Abramovich, el magnate ruso, creyendo que el anfitrión era otro Roman, Polanski, no tiene desperdicio. Solo por cómo cuenta estas historias ya merece la pena leerse algunas páginas de sus memorias.

8. Woody Allen reflexiona una y otra vez sobre una de sus grandes obsesiones: la muerte. Es una relación tremendamente divertida de la que huye despavorido. El director es consciente de que le queda poco en este mundo pero se resiste a dejarlo, empecinado en hacerse chequeos médicos y tener una buena alimentación. Nadie nos queremos morir, obvio, pero Allen menos que nadie.

9. Allen da pistas sobre su próxima película; una comedia romántica (no podía ser de otro modo) rodada en San Sebastián, España, y que lleva el título provisional de Rifkin’s Festival. Cuenta con varios actores españoles y europeos (Elena Anaya, Andrea Trepat, Sergi López…) y parece que relatará varios enredos en torno al Festival de Cine. Se estrenará en nuestro país en septiembre de este mismo año.

10. Son unas memorias agradables; Woody Allen utiliza más elogios que reproches. Se deshace en palabras halagadoras hacia sus compañeros de profesión y suele evitar las polémicas y los choques frontales, aunque podemos encontrar algunos ajustes de cuentas. Pese a todo lo que ha sucedido a su alrededor no parece encerrar rencor o ira, ni siquiera su verbo es violento, más bien muestra un sincero agradecimiento a todo lo que ha podido vivir. Las últimas páginas de las memorias, una especie de epílogo vital, son tremendas. Es el testimonio de un hombre que viene de vuelta y que, muy a su pesar, ha superado un linchamiento público a base de escribir y rodar: un tipo que ama su oficio, que vive muy bien (es multimillonario, aunque incomprensiblemente se considera «clase media») y que va a seguir rodando mientra pueda. De momento, puede. Le dejan. Y eso es una gran noticia.

The following two tabs change content below.
Alejandro López Menacho
Periodista. Codirector de La Réplica.
Alejandro López Menacho

Últimas entradas de Alejandro López Menacho (ver todo)

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies