12 de diciembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El pasado fin de semana fuimos testigos de un acto de españolismo mal entendido, otro de tantos, a los que nos tiene acostumbrados la derecha y más la ultraderecha, donde el patriotismo y la españolidad se confunden con una simbología de la que se creen dueños exclusivos.

Para ellos, patriotismo es gritar muy fuerte “viva España” y llenarse la boca con el nombre de este país al que, por otra parte, pisotean, al pisotear los derechos de las personas que en él habitan, o al esquilmar su recursos; unos recursos que consideran suyos como consideran suya su simbología, y critican a otros por utilizarla. Recordemos en este sentido las críticas de hace ahora algo más de dos años cuando Pedro Sánchez intervino en su proclamación como candidato para las elecciones del 20 de diciembre de 2017 con la proyección de una gran bandera de España.

Que el futuro Presidente señalara frente a dichas críticas: La bandera de España es tan del PSOE como del resto, manifiesta no solo la apropiación simbólica, si no casi física – del derecho exclusivo a su exhibición pública – por parte de la derecha política.Un símbolo que, en lugar de servir para unificar sensibilidades políticas y hacer causa común en favor de un interés colectivo, es utilizado por la derecha española y españolista para desunir. No se trata únicamente de la “apropiación indebida” de un símbolo, si no – y lo que es más grave- de una identidad. Recordemos el famoso yo soy español, español, español de los actos electorales o las celebraciones de resultados por parte del PP, Ciudadanos o Vox. Ellos son los españoles o españolas con independencia de su lugar de nacimiento –recordemos los casos paradójicos de Cayetana Álvarez de Toledo o Rocío Monasterio- pues la nacionalidad española no es un tema de partida de nacimiento, si no de ideología. Una ideología maniquea nacida del Golpe de Estado de Julio de 1936, que, más allá del conflicto bélico, supuso esa apropiación simbólica que se mantiene hoy en día. Como señala Andrés Gil (eldiario.es de 9 de octubre de 2017 no en vano, el golpe franquista se llamó Alzamiento Nacional; la Guerra Civil que desató se bautizó como Cruzada Nacional; y el régimen dictatorial de partido único: Movimiento Nacional.

Esta dicotomía entre españoles versus antiespañoles, que tiene su origen en los acontecimientos del 36, se explicita cada vez que -en una manifestación, acto político o similar- se hace este uso indebido de una simbología que debiera ser patrimonio de todos y cada uno de españoles y españolas con independencia de su color político y no solo de unos pocos que intentan imponer su ideología como identidad hegemónica de un país.

Si para afirmar tu identidad patria necesitas recurrir a una bandera de 1.000 m2  y 130 kilos de pesola bandera «más grande en la historia de España», como pudo escucharse en el acto donde tuvo lugar dicha exhibición, es que para ti “el tamaño es importante” pues eres más patriota cuanto más grandes sean los símbolos patrios que utilizas o más veces hagas uso de los mismos. La utilización de la bandera en los sobres de publicidad electoral de manera exclusiva por Vox nos habla de ello, así como nuevamente de la confusión entre ideología e identidad patria. Este uso y abuso de los símbolos viene a decirnos: los auténticos españoles somos nosotros y cuanto más alejada está una persona de nuestra forma de pensar, menos español es.

No es casualidad que la misma semana en la que el dictador fue sacado de su mausoleo, Vox exhiba esta bandera gigante con el escudo constitucional que, en su paseo por la plaza de Colón, en Madrid, iba tapando a un buen número asistentes. Tal vez, esa bandera y ese escudo constitucionales quieran tapar las banderas inconstitucionales que pudieron verse en la concentración de ultraderechistas – esto es; simpatizantes de Vox-  a las puertas de cementerio donde se sitúa el panteón donde fue reinhumado, o pueden verse en todos actos del partido, incluido el referido de Colón, así como las sucesivas apelaciones al aplazamiento electoral de sus dirigentes, cuando, en opinión del Catedrático de Derecho Constitucional, Eduardo López Garrido, disolver las Cortes y aplazar las elecciones es el equivalente a un golpe de Estado.

Pero no importa: la bandera, cuanto más grande mejor; gritar “viva España” con voz en cuello y pronunciado muy bien la p; o decir “a por ellos”, te convierte en más español y más constitucionalista que nadie. Pues como dijo el propio Abascal en el referido acto: frente a la inutilidad del PP, el oportunismo de Ciudadanos, las traiciones del PSOE y el separatismo criminal, sólo está Vox. Y es que, querámonos o no, ellos y solo ellos son los salvadores de la patria. O al menos eso se creen y nos quieren hacer creer.

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Antonio Ureña

Antonio Ureña García es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como escritor, ha publicado ensayos y relatos en diferentes revistas y medios electrónicos. Es coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho y editor de la revista Tiempo de Poesía. En sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos.
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