15 de septiembre del 2019
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Se cumplen ahora cuatrocientos años de la muerte de Cervantes -aquel sublime patriota que todos dicen haber leído sesudamente y la mayoría ni siquiera ha hojeado- y a los españoles se nos llena la boca alabando su talento. En España el halago se prodiga en los muertos y se contiene en los vivos, vaya a ser que se lo crean y no se mueran nunca.

Pero don Miguel, aunque genio, también cometió deslices, hasta en la Wikipedia vienen. Dejando a un lado los líos de faldas y otros escándalos menores y yendo a lo prosaico, dicen las malas lenguas que don Miguel, como Blesa y Rato, contribuyó a hundir un banco. Supuestamente se apropió de dinero público. Auditada la contabilidad se advirtieron irregularidades en las cuentas de don Miguel y lejos de ser nombrado consejero de una naviera o asesor comercial de un emporio en las Américas, fue imputado, juzgado, sentenciado y encerrado por meses en la Cárcel Real de Sevilla –nadie sospechaba que era un genio, menos mal, porque siendo esto España lo hubieran reconocido con la perpetua.

En la masificada cárcel de Sevilla era impensable concebir una novela sin ser un talento. Allí los retretes eran hoyos profundos llenos de excrementos y los presos se mantenían a salvo de palizas zambulléndose hasta el cuello y lanzando pergañas de mierda a verdugos y carceleros. En aquel idílico retiro –metáforas de la historia, hoy sede de un banco-, concibió Cervantes el Quijote. En Soto del Real, con televisión en color y agua caliente, ni Blesa ni Rato serían capaces de urdir una redacción decente para 2º de la ESO.

Los españoles hemos dejado mucho atrás en cuatro siglos. Antes un patriota era un idealista que perdía una mano en un frente de batalla, caía prisionero de los turcos -que entonces eran muchos turcos y muy turcos, no lo que son ahora-, sufría cautiverio en Argel, trapicheaba a su vuelta para llenar las tripas y de camino concebía una obra de arte capaz de inmortalizar a su nación; hoy un patriota es un tipo que eludió la mili, que vende la nación a trozos mientras pregona unidad, que presume de bandera mientras manda su botín a Panamá, que solo por error acaba en la cárcel y que encima lo acusa a usted de venezolano si lo señala con el dedo.

Mucho ha perdido España en cuatro siglos. Algo hemos hecho mal en muchos aspectos: antes un escritor leído era un señor como Cervantes y hoy es una señora como Belén Esteban.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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