08 de diciembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Diez años antes, en 1991, el el director galo Jean-Pierre Jeunet había revolucionado las salas de arte y ensayo con su capital “Delicatessen», una de esas películas raritas, excéntricas, que se miran en el cine de animación, la stop-motion y que revelan un mundo interior riquísimo, en este caso, el del francés Jean-Pierre Jeunet. Un mundo radical, sepia, lleno de gente peculiar, que, si no se sabía canalizar, podría acabar fagocitando al propio autor (y no quiero señalar a nadie, Tim Burton). Vi “Delicatessen” con catorce o trece años y mi nivel de pedantería subió +35.

Me encantaba saberme exclusivo por ser tan joven y frecuentar salas de VO (aún a riesgo de que algún viejo pedófilo me metiese mano). Exclusivo y, claro, excluido: “mira, por allí va el mongolo de las películas en VO”. Como mote de instituto era demasiado largo, y, la mayoría de las veces, se me quedaba en un simple »mongolo». Pero yo no cejaba en mi empeño de ser diferente y hacer cosas de mayores. Yo no entendí muy bien “Delicatessen” pero la compré al momento. Quizás por eso. Luego llegó “La Ciudad de los Niños Perdidos” y su incursión en el mainstream americano con la cuarta secuela de Alien. Y, entonces, llegó ella. Perdón, ELLA.

amelie_bici

“Le Fabouleux Destin d’Amelie Poulain” (el título rima, ojo con eso) está protagonizada por una joven sensible. Por una joven muy sensible. Por una joven que, seguramente, sea la persona más sensible del mundo, más que Aless Gibaja, Gandhi o Pelayo, el ex de David Delfín. A Amelie le gusta meter la mano en un saco de alubias. Sí. Solo se me ocurre que haya otra persona a la le guste meter la mano en un saco de alubias más que a Amelie: a una anciana hambrienta de la posguerra. También le gusta mirar atrás en el cine y ver las caras de la gente viendo la película. Le gusta más hacer eso que ver la película en sí. Eso me hace pensar que, o bien tenía algún pariente trabajando en el cine y entraba gratis, o las entradas costaban más baratas que ahora, (eso seguro, pero estamos en Francia, y todos tenemos un amigo que ha ido a Francia y al que le han clavado 500 de las antiguas pesetas (no de las modernas, no os vayáis a confundir) por un café en los Campos Elíseos, o bien tenía tanto dinero que le daba igual no ver la película.

También le encanta partir el caramelo quemado de la crema catalana con la cuchara, que digo yo que claro, como no le va a gustar eso, porque para comerla hay que partir el caramelo. Vamos, no sé, a lo mejor es que, simplemente, TIENE que hacerlo, no es que le GUSTE. O, a lo mejor, parte el caramelo con la cuchara y luego no se come la crema. Pide el postre solo para partir el caramelo con la cuchara. Amelie es, en definitiva, un alma libre, una mujer a la que le suda el coño lo que piensen los demás, que vive en su mundo de gominola y fantasía, y no soporta que la gente esté triste. Amelie es, en definitiva, ese compañero de trabajo de que, nada más verte, a las 8 de la mañana llegar a la oficina, te suelta un »qué magnífico día hace hoy, ¿Verdad, Pedro”? (esto solo vale en el caso de que hipotéticamente te llames Pedro). Amelie es de esas que tienen un póster con un lema de Mr. Wonderful en su habitación, con un póster de Desayuno con Diamantes al lado, porque claro, es súper fan de Audrey Hepburn. Es ese tipo de persona que, en realidad, no sabes si es así porque se cayó en la marmita del diazepam cuando era pequeña o porque nunca, NUNCA, le ha ido mal en la vida.

Y no nos fiamos de la gente así.

Y nos jode que la gente sea feliz, sea TAN FELIZ, y nosotros no.

Y por eso, al final del todo, ACABAMOS ODIANDO A AMELIE.

Un daño colateral del impacto que supuso el estreno de Amelie fue el resurgir de los instrumentos cuquis: las cajitas de música, las gramolas, los PUTOS acordeones. Yean Tiersenn seguro que odia Amelie. Seguro que si vas a la casa de Yan Tiersen, llamas a su porterillo electrónico (espero que se le llame así a ese aparato en el resto de España y no solo en Sevilla, que es desde donde estoy escribiendo esto) y el te contesta: ALÓ y tú le dices:

-Yan Tiersen, tócame argodamelie (1)

Él te respondería, con todo su arte francés

-CONNARD! (2)

yann_tiersen

“Yan Tiersen se las veía muy felices componiendo para Amelie. “Lo voy a petar”, pensaba. “Voy a hacer la música más cuqui de la historia, porque la película es muy cuqui”. El tipo era un hacha en eso de la música de juguetes, la música pequeña, las melodías bonitas y cercanas, preñadas de nostalgia. MUY BONITAS, coño. E hizo una banda sonora preciosa, a pesar de que por ahí aparezca un acordeón, seguramente, el instrumento más irritante de la historia. Y se hizo tan famosa, TAN FAMOSA, que Tiersen paso de ser Yan Tiersen a ser “EL DE AMELIE”.

-Voy a un concierto

-¿A ver a quién?

-Al de Amelie

Una vez fui a verle en concierto, ya posteriormente a la fiebre Amelie, y aquello, claro, estaba lleno de gente que quería escuchar la banda sonora de Amelie. Pues se marcó un concierto coñazo lleno de guitarras pesadas y aires post-rock que ni Mogwai con empacho de Tortoise. Seguramente, a nadie le gustó el concierto.

audrey-amelie

Al final, acabamos odiando a Amelie porque se convirtió en la película comodín que se usaba para cuando querías dártela de sensible. “Me gusta Amelie”, como queriendo decir “tengo un gusto exquisito y refinado por el cine” cuando, en realidad, estás diciendo “qué ganas tengo de acabar este café y llevarte a la cama”. Amelie se ha convertido en el póster de Audrey Hepburn de la generación de los 2000, el póster del Chat Noir de los NiNi. Amamos a Amelie porque nos encantaría que nuestra novia fuese así pero, a la vez, la odiamos con toda nuestra alma, porque tiene toda la pinta de acabar con nuestra salud mental.

1.(N. del A.) Del andaluz: “Tócame algo de Amelie”

2.(N. del A.) Del francés: “Hijo de puta”

Amelie (Jean-Pierre Jeunet – 2001) Fecha de estreno en España: 19 de octubre de 2001.

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Antonio Bret

Nacido a finales de los 70 en el sur de España, Antonio Bret estudia producción de cine y TV pero se dedica, durante dos años, a contar historias de copleros en “Se llama Copla” de Canal Sur. Cinéfago y heterosexual solo de cintura para abajo, es fan de Lucio Fulci, David Cronenberg, Hayao Miyazaki y Mónica Naranjo. También es adicto a los one hit wonders de los 80 y el porno de los 70. Rechaza la depilación púbica y quiere abrazar, un día, a Phil Collins
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