29 de octubre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Me decía que tenía la capacidad de hacer esas fotografías porque llegaba al alma de las personas. Yo alucinaba porque todas las personas que pasaban por su objetivo estaba excepcionalmente bien retratadas. Uno reconoce un retrato Portnoy de inmediato. Tienen luz, tienen estilo, tienen belleza, tienen verdad. De alguna manera, retrató la Barcelona literaria de las dos primeras décadas de este siglo.

Pero más allá de su inmenso talento, Ana era una persona excepcional. Tenía encanto, tenía gracia, tenía sed de justicia social. La conocí haciendo reportajes para Sigueleyendo, el portal literario digital que dirigió Cristina Fallarás a comienzos de la década pasada. Recorríamos Barcelona rastreando lo noticiable, haciendo entrevistas y celebrando luego nuestro trabajo con una cerveza. Ahí cimentamos nuestra amistad, en el posteriori. Durante el primer encuentro fuimos a entrevistar a Joan Navarro, el editor de cómics de EDT, y nos cayó un chaparrón tremendo. A ella le gustaba recordar esa anécdota. A decir verdad, en esa Barcelona de la precariedad y la incertidumbre, es como si siempre estuviera lloviendo.

Luego fuimos acumulando experiencias, cómic underground, literatura, eventos. Un día, en una entrevista a Antonio Luque, Sr Chinarro, me hizo una sesión de fotos que ha acompañado durante años mis reportajes. Fue en el CCCB de Barcelona. Pasé de entrevistador a protagonista. Pero no pasaba nada, porque ante su objetivo todo era muy sencillo.

Nos fuimos apoyando con el tiempo, celebrando nuestros pequeños éxitos, Ana con sus exposiciones sobre Barcelona negra o la magnífica La vida entera, yo con mis libros, siempre en contacto. Mensajes cada varios meses, ¿Cómo andás? ¿Qué tal va todo?

Una tarde me contó su experiencia en Argentina, el drama de la dictadura que había azotado a su familia y que marcó para siempre su existencia. Pero ni eso, ni la precariedad de un sector cultural incapaz de pagar su trabajo como merecía, ni las inclemencias políticas en España, podían con ella. Era fuerte como una roca, dulce como la repostería argentina. Tenía a su hijo y a su hija, a los que amaba con locura, y un montón de amigos incondicionales. No me extrañaba, la buena gente suele estar bien acompañada.

La última vez que la vi hace unos meses, como no, estaba en un evento literario. Me dijo que la enfermedad había vuelto, pero que ella se encontraba bien, con fuerzas. Se dirigió a los autores del encuentro y les dijo que les iba a hacer unas fotografías, «sean naturales», dijo, abrió un pasillo hacia sus almas e hizo clic. Lo que había estado haciendo toda una vida.

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Javier López Menacho
Escritor. Comunicación digital. Sus cinco libros: Yo, precario, Hijos del Sur, SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital, El profeta y Yo, charnego. Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, cofundó La Réplica, periodismo incómodo.

    2 Réplicas

  1. Mike

    Ha sido muy triste oir hoy de la muerte de Ana, una amiga lejana pero querida desde hace diez años. Como a tí, un día me contó la muerte de los padres de su hija e hijo a manos de la dictadura y su huida con los bebés a Brasil. Era militante política, una de los nuestros. Y alguien cuya historia parecía inimaginablemente dura, pero ella siempre te saludaba con una sonrisa. A diferencia del otro Portnoy, no se quejaba.

  2. Carlos Silveyra

    Quise mucho, muchísimo a Ana. Fuimos pareja, pero duramos escasos dos años. Éramos demasiado chavales aún. Luego retomamos una extraña relación, en 50 años nos habremos visto 5 o 6 veces. Pero con mucho afecto en los ojos.

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