22 de abril del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Ayer me dio por hacerme con un parche de la bandera andaluza, de esos que uno normalmente añade a su mochila para darle más sentido cosmopolita. Es curioso que tras años de viaje y trabajo en más de cinco países nunca había pensado en hacerme con uno de mi tierra.

Entre mi variada colección de parches internacionales y regionales la blanquiverde no compartía espacio aunque no por falta de méritos. Uno es de donde se siente, pero además, Andalucía es la tierra que entre vides, el Atlántico y el Mediterráneo me vio nacer, crecer y marchar a ver mundo con una forma de entender la vida íntimamente ligada a la cultura andaluza.

Andalucía es ante todo una tierra llena de diversidad natural y cultural. Mientras nuestros paisajes varían desde las marismas del Guadalquivir a la alta montaña de Sierra Nevada o el desierto de Tabernas en pocos kilómetros, no es menos la herencia cultural.

Enriquecida gracias al paso de Tartessos , Íberos, Fenicios y Cartagineses, Romanos y musulmanes capaces de crear una historia llena de mezcla y mestizaje. Desde el estoicismo de Séneca a la Córdoba capital cultural de Europa en el siglo X, a figuras de la talla de Velázquez, Góngora, María Zambrano, Victoria Kent, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Alberti, Picasso, Manuel de Falla, la Paquera de Jerez, Paco de Lucía… entre otras muchas.

Una de las tantas esculturas de Blas Infante.


Uno recuerda de niño a finales de los 80 la pasión del 28 de Febrero. Un día de fiesta que comenzaba las jornadas previas en la escuela con una comunidad educativa comprometida capaz de transmitir la singularidad de una tierra y sus valores. El Andalucismo encabezado por la imagen y pensamiento de Blas Infante reconoce de forma generalizada al malagueño como padre de la patria andaluza. Su imagen, muchas veces explotada sobremanera de forma transversal e incluso folclórica, ha ganado terreno a su comprometida y a veces contradictoria obra literaria, enterrada en un olvido selectivo por su incómoda visión de Andalucía y España hoy día. El llamado andalucismo histórico y su principal creador representan un andalucismo honrado, solidario con los más desfavorecidos y federalista.

“Yo tengo clavada en mi conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales…” – El ideal Andaluz.

Y es que frente a la realidad de una Andalucía latifundista llena de desigualdad todavía latente, el movimiento jornalero impregnó su idea de ser andalucista muy bien resumida en la frase “La tierra para el que la trabaja”.

Mientras que el nombre de Blas Infante se recuperó masivamente en los 80 y adorna numerosas calles, plazas y edificios públicos en toda Andalucía, recuerdo como la clase de historia en los 90 fue perdiendo contenido sobre la identidad andaluza y sus ideales. De la misma manera que el curso académico no daba para estudiar en profundidad momentos históricos del siglo XX como la segunda república, la guerra civil o la dictadura franquista y la transición a la democracia, el andalucismo quedaba fuera como materia de estudio. Con la perspectiva del tiempo, uno imagina que muchas veces el alivio del profesor de turno al no tener que explicar a fondo ciertos temas del siglo XX sería más que placentero, por esa idea tan sesgada de la historia que llena cada mesa a la hora de comer en este país. Esta pérdida de análisis histórico riguroso y abandono tiene mucho que ver con el Andalucismo actual, descafeinado y centrado en una autonomía de competencias pero sin aspiraciones a cambiar la realidad de Andalucía y España de abajo a arriba.

Está muy lejos del anhelo federalistas de Blas Infante como una fuerza de cambio desde la libertad individual, municipal, provincial para dar vida a una junta capaz de ser un elemento de cambio real en el resto del país.

“En la forja de las autonomías individuales, está la base indeclinable de la creación y de la autonomía de los pueblos”– Fundamentos de Andalucía.

Hoy día hemos llegado a un andalucismo político folclórico y vacío de un ideario de ser como pueblo capaz de redefinir una realidad nacional. Es clave para entender el andalucismo su universalidad que se contrapone a la idea nacionalista que se encuentra en otras regiones o el propio nacionalismo español. Existe un ideal de humanidad que no ve otros pueblos como competidores sino todo lo contrario y no existe un ápice de anticatalanismo o antivasquismo en sus textos. Algo que muchos de los hoy día autoproclamados andalucistas no practican al lanzar discursos poco fraternos hacia otros territorios. Tampoco existe antiespañolismo al defender una idea de España plural y descentralizada.

“Andalucía por sí, para España y la Humanidad, no es una fórmula arbitraria. Es una expresión síntesis de la Historia de Andalucía” – La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Mucho que ver tiene un andalucismo histórico que nunca se organizó como partido político sino en centros andaluces y juntas liberalistas como un movimiento de concienciación. En definitiva el andalucismo de Blas Infante defiende abiertamente un sentir solidario, abierto y humanista.

No es coincidencia que ante un momento débil del ideario andaluz por dejadez una opción como VOX aparezca en el gobierno de Andalucía. De igual manera no es casualidad que entre sus propuestas de pacto con PP y Ciudadanos se encuentra la de eliminar el 28 de febrero como día de Andalucía. Ante el hecho esperpéntico de la propuesta, se esconde mucho más, existe una crítica a un movimiento deliberadamente integrador con otros pueblos como es el andalucismo. El ideario andalucista y sus valores más profundos son contrapuestos a una derecha clásica y centralista que hasta ahora había tragado a regañadientes con la coletilla andalucista por no desentonar. La derecha reaccionaria que luce discurso ahora reconoce el andalucismo como su mayor peligro por universal, solidario, humanista, integrador y profundamente federalista.

Esta propuesta es un aviso al paso estudiado de dinamitar la autonomía con la estrategia de tildar cualquier elemento autonómico de chiringuito y derroche innecesario. En Andalucía queda mucho por mejorar pero los ideales andalucistas atemporales son clave fundamental para defender una forma de ver el mundo propia desde la solidaridad entre pueblos. Hay que poner en valor la Andalucía llena de tiempos para la vida, la reflexión y un vivir difícil anclado a la tierra y la mar que se endulza sabiendo disfrutar de los buenos ratos. La Andalucía con ese ronroneo sabio y eterno de las olas, de la mesa de picón en invierno punto de encuentro entre generaciones y de quejíos flamencos incomprensibles capaces de condensar sentimientos, saber e historia. La Andalucía con nombre de mujer porque son las mujeres ese pilar fundamental y poco reconocido de esta tierra que ahora se intenta criminalizar. Una tierra donde todavía el “cómo estás” importa más que el “a qué te dedicas”.

En un momento político revuelto, un mundo global lleno de contradicciones neoliberales y movimientos reaccionarios por toda Europa no estaría mal que este 28 de febrero cada ciudadana y ciudadano andaluz se acercara a la obra de Blas Infante. Y de la misma manera que Blas Infante sintió la necesidad de inspirarse y defender a los más desprotegidos en su tiempo como base de un movimiento concienciador andaluz, pregúntese quienes son esos desfavorecidos hoy día. Más que nunca es necesario volver a su ideario y universalidad, con las contradicciones propias de todo pensador, pero vitales para entender y actuar en el presente y futuro de Andalucía, España y la humanidad.



Bibliografía:
Blas Infante, El Ideal Andaluz, 1914. Blas Infante, La dictadura pedagógica, 1921. Blas Infante, Fundamentos de Andalucía, 1929. Blas Infante, La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, 1931. Paco Doblas, Blas Infante y el andalucismo histórico: pensamiento y praxis.

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Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
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