28 de octubre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Arden las calles de Minneapolis. Llevan así seis o siete noches. Masas de ciudadanos se amontonan frente a la Casa Blanca. Otros tantos, en la puerta de la Trump Tower. Miles de personas protestan, enfurecidas, ante el enésimo asesinato racista de la policía norteamericana. Ante otro caso de brutalidad inhumana de quienes se supone que han de velar por nuestros derechos. Hay quien dirá que también ha ocurrido con personas blancas, pero esa suerte de inocencia naif esconde un pensamiento oscuro que no trataremos en este artículo.

En esta ocasión, el caído en desgracia -mortal- fue George Floyd. Se le ocurrió pagar en un establecimiento con un billete falso -supuestamente-, llamando la atención del dependiente de la tienda, quien avisó a la policía. Ésta llegó en pocos minutos y arrestaron a Floyd. Pero terminaron asesinándolo porque uno de los agentes (Derek Chauvin) estuvo con su rodilla en el cuello del detenido hasta asfixiarlo, pese a que Floyd dijo en repetidas ocasiones que se ahogaba. Solo quería respirar. Está en los vídeos, hay pruebas gráficas. La era de Internet móvil no perdona.

A la espera de ver cómo se resuelve judicialmente el enésimo caso de violencia policial contra los negros, la ciudadanía ha decidido que está harta. Y quienes lideran las protestas que se han extendido a lo largo de todo el país son las personas de raza negra, que siguen viendo cómo en pleno 2020 son vilipendiados y tratados como ciudadanos de segunda -o tercera, cuarta- por unos cuerpos de seguridad que deberían estar velando por sus derechos en lugar de destrozarlos. Da igual que ocurra menos que antes, o que algunos -personajes, medios, opinión pública- intenten, en un extraño juego de prestidigitación asqueroso, justificar las acciones policiales sacando a relucir extraños datos sobre robos, drogas y violencia. Los negros son menos, pero acaparan lo peor de la sociedad, vienen a decir. Y pretenden que eso -que es más que cuestionable- exculpe todas y cada una de las muertes de chicos y chicas negras del país a manos policiales en los últimos años.

Las calles arden porque una juventud observa cómo las oscuras vivencias de sus abuelos siguen vigentes; el fuego alimenta su odio y al mismo tiempo es un grito de aviso al mundo, una llamada de auxilio porque piensan que el futuro que les espera es el de seguir viviendo en la desigualdad de oportunidades, viviendo en un país que ayudaron a construir bajo el yugo del esclavismo y que ni siquiera ahora pueden disfrutar en plenitud de sus libertades. La raza negra sigue viviendo en un umbral económico muy por debajo de la media estadounidense, llegando a acaparar altos grados de pobreza en no pocos estados. Ese desequilibrio no ha sido remediado a lo largo de los años, un peso que las clases bajas no podrán soportar durante mucho tiempo.

Y más allá de la esfera económica, la brecha en lo social y cultural continúa siendo abismal. Porque siguen siendo sospechosos principales cuando algo ocurre. Porque en la televisión se repiten los clichés raciales, en tono de humor o en un tono más serio, perpetuando situaciones y escenarios que deberían haberse superado hace décadas. Porque los blancos siguen pensando que están por encima, manteniendo el racismo en los estamentos estatales y procurando que ese estatus no cambie.

Los jóvenes que protestan -muchos negros pero también gente blanca- tienen la prepotencia de quien todavía no ha vivido lo suficiente como para tener humildad, pero ahora eso es una virtud, les envalentona a manifestarse, a clamar ya no por unos derechos sino simplemente a que se digan las cosas como son: la gente de raza negra sigue siendo de segunda categoría en Estados Unidos, y el caso de George Floyd es uno de tantos, otra gota que sigue colmando un vaso que hace demasiado tiempo que se derramó. Hasta ahora no parece que a nadie le haya importado, y cuando no te hacen caso has de intentar captar la atención de la manera que sea. Si eso implica quemar y protestar sin parar, no queda otra.

No solo les empuja la necesidad de manifestarse ante la injusticia. La rabia ayuda, porque es un sentimiento inseparable de los hechos que mucha gente está viviendo allí. Uno no puede quedarse impasible ante las imágenes de Floyd en el suelo, clamando simplemente por respirar, mientras esa rodilla sigue en su cuello. Ese hombre podría haber cometido el peor de los crímenes, o haberse resistido durante horas, o estar armando un follón de tres pares de narices. Pero merecía respirar. La policía no está para matar sino para proteger, y eso solo se cumple dependiendo de quién ha de ser protegido. Cuando no cumplen con el código, la impunidad que se demuestra en algunos casos roza el insulto. La sensación de indefensión que sienten ciertas razas en Norteamérica es enorme. Haya mejorado o no, sigue existiendo y es motivo de vergüenza.

Las protestas eran inevitables en cuanto el vídeo se hizo viral. ¿Acaso nadie se lo esperaba? ¿Cómo no iban a reaccionar así los jóvenes? La protesta es probablemente la última herramienta que tenemos como individuos para visualizar los problemas que de verdad importan, antes que el mundo digital nos convierta en datos andantes, antes que seamos controlados las veinticuatro horas del día. Todavía podemos salir a la calle, gritar y clamar por unos derechos que nos hacen humanos, que nos hacen ciudadanos de un mundo que todos compartimos. Todavía nos resta el derecho a queja. Eso es lo que está ocurriendo en Minneapolis, frente a la Casa Blanca.

Quienes abogan por no hacer nada y esperar a que la ley cumpla su cometido son, en cierta manera, cómplices de un sistema que ha demostrado sin parar que no entiende de justicia, sino de poder. Y los blancos lo tienen, así que podemos entrever el desenlace en los juzgados de este caso. Como ha pasado con otros, como seguirá pasando si no se pone realmente en valor la necesidad de luchar contra un racismo que sigue siendo una de las grandes lacras de Estados Unidos, el país de la libertad. Solo si eres blanco.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr
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