La muerte en diferido de Carlos Pacheco y el maldito clickbait

La bochornosa cobertura periodística del fallecimiento de una de las mayores figuras de la historia del cómic español desvela el amateurismo de la industria y hace saltar las alarmas sobre la mala praxis periodística en medios generalistas que presumen de rigurosos.

La noticia saltaba este miércoles a primera hora de la mañana; Carlos Pacheco, el que quizás sea considerado el dibujante español más trascendente y prestigioso de la industria del cómic superheróico, había fallecido a los 60 años por complicaciones derivadas de una enfermedad diagnosticada meses atrás, la ELA, o como se le conoce sin abreviaturas, la esclerosis lateral amiotrófica. 

La exclusiva la ofrecía nada más y nada menos que la Asociación Sectorial del Cómic, de la que formó parte el autor gaditano, en su página web a las 8:38 de la mañana. Para ajenos al mundo del cómic, dicha entidad representa a un colectivo importante de profesionales y autores de la industria, cuyos portavoces copan los principales eventos, coloquios y jurados relacionados con el noveno arte en España. En su página web se autodefinen como un “colectivo integrado por personas y entidades procedentes de las diversas áreas profesionales que componen el sector del cómic en España, cuyo principal objetivo es intermediar con las administraciones y colaborar con otros colectivos en pos de promover acciones que contribuyan a la mejora del sector”.

No fue el único foco mediático que publicaba la noticia, a las 9:16 de la mañana lo hacía el periódico El País, en un artículo firmado por la periodista Amalia Bulnes. 

La noticia difundida por estas dos fuentes, en teoría fiables, más el pesar mostrado casi al instante por muchos de los compañeros de oficio de Pacheco, hicieron correr como la pólvora la defunción del dibujante gaditano, que fue publicándose en la mayoría de medios locales y nacionales a lo largo de la mañana. 

Pero a la vez que la noticia se difundía de un modo exponencial, se daba una circunstancia sorprendente y diametralmente opuesta: Carlos Pacheco seguía respirando, sedado, en el Hospital de La Línea de la Concepción, en Cádiz. No había esperanzas de recuperación, pero aún estaba vivo. Así lo publicaban en sus redes sociales amigos íntimos de la profesión como el guionista Rafa Marín, el dibujante Jesús Merino o el manager y representante David Macho. Marín escribió un mensaje inequívocamente explícito: “Sepultureros, dejad que la familia comunique la noticia. Porque sólo entonces será verdad. Y aún no es verdad”.

Poco después, fue el propio alcalde de San Roque, Juan Carlos Ruiz Boix, presidente de la Diputación de Cádiz y amigo personal de Pacheco, el que desmentía su fallecimiento, aunque reconocía que el dibujante sanroqueño se encontraba sedado “en una situación que su hijo ayer me describió como que su padre está en boxes, evaluando sus órganos y con tarea por delante”, escribía en su perfil de Facebook.   

Carlos Pacheco y Carlos Giménez, en una imagen del perfil de twitter del autor gaditano

La ansiedad por dar la noticia, ya fuera producto de un error humano, motivada por acaparar la exclusiva, acaso ganar unos cuantos miles de clicks o convertirse en el foco de atención en las redes sociales, nos habría mostrado la cara más perversa del sector. Ni siquiera el respeto al crepúsculo de la vida del dibujante español de superhéroes más importante de la historia había frenado el clickbait o la noticia falsa. Una práctica desinformativa que hoy día supone un modus operandi peligrosamente aceptado por buena parte de los lectores y la práctica totalidad de las redacciones en los medios de comunicación.

Pareciera que lo importante en esta carrera por la exclusiva es ser el primero en contar lo que ha ocurrido, incluso cuando todavía los hechos no han ocurrido.

Pero el bochorno seguía su curso; ni el diario El País ni la asociación Sectorial del Cómic emitieron comunicados claros de disculpas o rectificación (al menos no consta actualmente en sus perfiles y webs oficiales) por haber adelantado una muerte que, desafortunadamente, se produjo a última hora de la tarde. Si a esto le añadimos homenajes mediáticos algo precipitados y con el féretro en caliente, el retrato queda ciertamente desolador.

No es la primera vez ni será la última que se entierra a un personaje público antes de tiempo; ahí están los casos de Michael Robinson o Hugo Chávez (El País, again) por citar algunos ejemplos; y en la misma industria del cómic se vivió algo parecido con el malogrado George Pérez. Pero sí es la primera vez que ocurre en la frágil y precaria industria española del cómic, incapaz de asumir con rigor y profesionalidad sus desafíos comunicativos, cautiva de la endogamia y del narcisismo creciente en prescriptores, divulgadores y autores.

No obstante, el estado de la industria española del cómic y su grotesco reflejo no es la peor de las moralejas; lo realmente grave es la normalización de la mala praxis en el periodismo generalista, la reducción a la mínima expresión de la ética periodística. Es de lamentar la frustración que genera esta inmunidad periodística, lo poco o nada que se penaliza airear una noticia falsa antes de tiempo o no haber contrastado las informaciones faltando el respeto a la audiencia y al oficio.

Porque la mala praxis periodística genera hastío y desconfianza, y siempre deja un reguero de damnificados, en este caso, la familia y los allegados al dibujante, cuya jornada del miércoles fue durísima.

Porque si este es el trato que se dispensa a una leyenda de las viñetas, a un artista pionero que abrió camino en la industria del cómic superheróico americano como ha sido Carlos Pacheco, ¿que no serán capaces de hacer con las personas y artistas más humildes?

* Sectorial del Cómic fue contactada por este periodista para conocer su versión de los hechos, sin éxito.

* La foto de Carlos Pacheco es de Luisete Plastikete y Vero Bautista para Ficomic

“La diversidad se está utilizando como chivo expiatorio de postulados reaccionarios”

El filósofo malagueño Antonio Gómez Villar presentó en Jerez de la Frontera, en el Corral de San Antón, el libro Los Olvidados, una rotunda réplica a las teorías procedentes de un “conservadurismo sensible”, las mismas que afean las luchas culturales e identitarias.

En una época compleja para el progresismo en España, la izquierda se encuentra perdida en el laberinto. Una emergente y errónea dicotomía entre lo cultural y lo material alimenta fricciones y genera desafección. Antonio Gómez Villar (Coín, Málaga, 1985) se ha propuesto romper este marco de confrontación teórica y generar otros espacios más amables y constructivos. Un reseteo que huye de nostalgias y mira con optimismo al futuro; hablamos con el autor sobre esta intrincada controversia y profundizamos en la tesis de su ensayo.   

¿Son los olvidados del siglo XXI un constructo ideológico reaccionario? 

“Los olvidados” es el sujeto político de las nuevas extremas derechas. Se presenta una dicotomía entre “los olvidados”, “los perdedores de la globalización”, frente a la mal llamada “izquierda cultural”. O sea, lo progre como sobredeterminación, como superficie de inscripción de odios y resentimiento. Una reacción ante las nuevas demandas y reivindicaciones del feminismo, las luchas antiracistas o el movimiento LGTBIQ. 

Habríamos de añadir que la apelación reaccionaria a “los olvidados” es también un intento de politizar las angustias existenciales de la crisis material y simbólica de las clases medias, otorgándoles un estatuto simbólico superior desde el punto de vista de género o racial. La clases medias no están atravesadas tanto por un miedo concreto a seguir perdiendo capacidad de consumo o bienestar material, cuanto una angustia existencial a perder el estatus social que hasta entonces detentaban. 

El libro parece una apelación a “La trampa de la diversidad”, teoría defendida por Daniel Bernabé. Según tu tesis, centrar el debate en la contraposición entre las luchas culturales y las luchas materiales, debilita la emancipación de las personas más necesitadas. 

La obra de Daniel Bernabé está atravesada por una hipótesis de partida: hay una fuerte imbricación entre las “luchas culturales” y el neoliberalismo. Esta perspectiva encierra dos supuestos: primero, siempre se refiere a los dispositivos de captura neoliberales, pero nunca atiende a qué puede querer decir “diversidad” antes de que tenga lugar el “crimen perfecto”, es decir, no hay anterioridad ontológica de las luchas antes de quedar atrapadas en las garras neoliberales. El único ámbito de análisis posible al que nos convoca es el de la captura. Por ello mismo, y en segundo lugar, introduce una violencia epistémica, niega que las “luchas culturales” constituyan un lugar válido de enunciación. No expresan potencia alguna, siempre aparecen como formas neutralizadas y despolitizadas. 

La verdadera trampa reside en la operación argumental de Bernabé: ocultar las bases materiales, de dominación y explotación de lo que él llama “diversidad”. El resultado de todo ello es la construcción de una suerte de enemigo interior, la “diversidad” como chivo expiatorio de postulados reaccionarios.

Destacas en el libro que la frustración por no haber alcanzado el poder político tras las revoluciones que comenzaron en 2011 ha desembocado en el inmovilismo hacia lo material.  ¿Estamos actualmente derrotados y con los brazos bajados? 

Creo que estamos viviendo el cierre del ciclo político que se inició en 2011 con la ocupación de las plazas, repertorios de acción transnacionales; un ciclo que tuvo su continuación con la irrupción de nuevas organizaciones políticas en la esfera de la representación, incorporando nuevos lenguajes y nuevos gestos. Podemos decir que estamos viviendo un momento de frustración por los intentos y anhelos de cambio políticos no logrados. En este marco de fin de ciclo, de bajamar, de desertización, la esfera política plebeya está atravesada por una atmósfera enrarecida. Desde el lamento por la cancelación del futuro, se acusa a las izquierdas de haber abandonado las luchas materiales, la politización de lo social y abrazado las luchas culturales como síntoma inequívoco de derrota.

Esta falsa dicotomía ha permeado en muchos de nuestros espacios políticos y está introduciendo lógicas paralizantes. El libro es un modesto intento por tratar de desanudar esas dicotomías, romper las codificaciones fijas y abandonar una lógica que no hace más que afianzar bandos. Hemos de reconocer que muchas de las ideas que plantean quienes consideran que hemos desatendido “lo material” están atravesadas por cuestiones ambivalentes y heterogéneas. Me interesaba, pues, prestar atención a sus razones para, desde ellas, encontrar otros hilos con los que desandar esta impotente madeja en la que algunos nos quieren encerrar.

Un momento de la charla con Antonio Gómez Villar. FOTO: Alejandro López

Eres bastante crítico con la izquierda; “con cada derrota sufrida, hay un repliegue intelectual identitario en el interior de las izquierdas como síntoma de incapacidad de su propia renovación”. ¿Es posible salir del atolladero en el que estamos metidos en España? ¿Como se puede revertir la tendencia derrotista y cainita?

Por supuesto que sí. Me parece que lo primero que hemos de problematizar es la manera en que nos estamos relacionando con el pasado. He identificado tres formas que bloquean las posibilidades de trazar otros horizontes de futuro.

En primer lugar, asumir metáforas restauradoras que nos convocan a un pasado idealizado e hipostasiado. Si las extremas derechas han asumido la nostalgia como el tiempo político de la reacción (“volver a hacer América grande” de Trump, el “rejuvenecimiento de China” que propone el PCCh o la inspiración en la España Imperial de Vox), algunas izquierdas se han mimetizado con este gesto, una suerte de reflejo obrerista, construyendo una clase obrera pura que sólo existe en sus fantasías y una incapacidad para atender a las potencias del presente más allá de ataduras fetichistas.

La segunda forma tiene que ver con adentrarnos en el pesimismo existencial. Quien quizás mejor ha expresado esta tonalidad emotiva ha sido Ana Iris Simón en su novela Feria. El relato comienza con esta frase: “tengo envidia de la vida que tenían mis padres”. Hay quienes han visto en esta enunciación un retorno a aquella constatación quincemayista “somos la primera generación que va a vivir peor que sus padres”. Sin embargo, entre una y otra existe una diferencia importante. El grito del 15M se inscribía en un horizonte antagonista: es el 1% de este país, la casta, las élites, las que están depauperando nuestras condiciones de vida a través del austericidio y la corrupción. Ello dibujaba una gramática política y un horizonte de luchas. En cambio, en la enunciación de Feria no se intuye proyección utópica alguna; antes bien, nos convoca a un cierre interior nostálgico y retrotópico.

La tercera forma consiste en negar relación alguna con el pasado, finiquitar el trabajo de duelo y proyectarnos hacia un presente libre, sin lazos, siempre abierto a reciclarse y a la reinvención sin límites. Un imperativo de olvidar, sin referencias, vínculos ni historicidades. Esta mirada es la propia del individualismo neoliberal, inscrita en un orden del tiempo inherente a la racionalidad neoliberal.

Contraria a estas tres maneras de relacionarnos con el pasado que bloquean nuestra imaginación política, me parecía importante recuperar la concepción de historia de Walter Benjamin, mirar atrás para recuperar los horizontes inconclusos, los “todavía no”, las promesas incumplidas. O, dicho, con Mark Fisher, dejarnos asediar por los fantasmas del pasado. Quizás esta sea la mejor manera de neutralizar a los fantoches del presente. 

¿La “posmodernidad”, o el concepto peyorativo en el que se ha convertido en parte de la izquierda más conservadora, es una falacia del hombre de paja?

Absolutamente. Son muchas las voces que consideran que la izquierda está encerrada en un “giro posmoderno”, una nueva ideología que ha despolitizado las desigualdades económicas, abandonado el horizonte revolucionario, claudicado ante las posibilidades de derrotar al capitalismo y eliminado cualquier objetivo realmente emancipador y transformador. En este sentido, “posmodernidad” se ha convertido en un arma arrojadiza, un concepto que es usado con fines impugnatorios. Han hecho del concepto “posmodernidad” un cajón desastre en el que se introducen ideas y autores como un conjunto homogéneo. Incluso se suele señalar como “posmodernos” a autores y autoras que nunca se han identificado con esa etiqueta.

“Exacerban lo anecdótico”; ¿se está intentando ridiculizar los planteamientos progresistas con la etiqueta de posmoderno? Dices que un repudio simplista y una mera condena de la posmodernidad carece de sentido.  

Creo que sí. Desde un punto de vista analítico, sucede que muchas veces se toma como punto de partida hechos puntuales, o anecdóticos, y se les otorga el rango de categorías. Ello permite decir que la izquierda es esencialista, identitaria o particularista.

Es bien probable que “posmodernidad” no sea el concepto más acertado, incluso poco afortunado, y es cierto que confunde más que aclara, pero da cuenta de cambios estructurales profundos, designa fenómenos históricos que han configurado nuestras sociedades, delinea una condición histórica. Por eso creo que señalar una complicidad entre posmodernidad y lógica capitalista del mercado es simplista. Es preciso otro tipo de aproximación crítica que vaya más allá de la mera condena moral.

La universidad ha terminado encerrándose en un circuito privatizado, ajeno a cualquier compromiso con lo común, incapaz de intervenir en lo social. La “excelencia”, la “calidad”, la “competitividad”, son conceptos que han ido apoderándose de la esfera académica y que nos sitúan en un marco neoliberal. ¿Es esta una batalla perdida?

Diría que dibuja el campo de batalla política. La Universidad ha sido en este país uno de los grandes laboratorios para la reorganización del mando neoliberal desde los años 80, a través de la articulación entre precarización y neoliberalismo. La cuestión reside, entonces, en cómo pensar nuevas formas de sindicalismos, nuevas institucionalidades, atender a la función social del conocimiento, repensar qué significa la autonomía universitaria, cuál es su relación con el modelo productivo, etc. Considero que el traje categorial crítico del que disponíamos para pensar esta encrucijada se nos ha quedado estrecho. 

¿Por qué crees que se está intentando desvincular las luchas culturales de lo material? 

Quienes sostienen que las izquierdas han abandonado las luchas materiales y éstas han sido sustituidas por luchas culturales introducen una falsa dicotomía, un esencialismo fenomenológico (cada práctica política comporta un tipo de experiencia) que tiene como objetivo introducir una valoración normativa de la realidad: jerarquizar demandas y reivindicaciones.

Es un error creer que luchar por una subida salarial o por abaratar el recibo de la luz es una lucha material y que el racismo o el machismo son formas culturales, porque toda forma de dominación estructura la materia, deja huellas materiales en el cuerpo. 

¿Hay fórmulas para unir en objetivos  a esa izquierda “obrerista” y apegada a “lo material” con la que entiende que lo material, cultural e identitario está entrelazado? 

No sé si existe algo así como una fórmula, pero sí creo que el primer paso consiste en intervenir en este momento de desorientación, frustración y bajamar que viven las izquierdas posibilitando otra atmósfera. Se corre el riesgo de introducir un antagonismo en el interior del campo político plebeyo, “lo material vs lo cultural”, que construye enemigos interiores y chivos expiatorios. Para encontrar un espacio de encuentro entre diferentes lo primero es salir y desanudar estas dicotomías paralizantes, romper las codificaciones fijas. Creo que el sentido común “obrerista” está compuesto de muchas cuestiones que son ambivalentes y heterogéneas. De lo que se trata, entonces, no es de consolidar bandos, sino de atender a las razones del otro, descomponerlas y encontrar hilos desde los que tejer otros argumentos.

“Vivimos en un mundo donde cada vez hay más muertos en vida”

La banda sureña Doctor Doppler presenta la obra Balada de un Cuerpo Inerte, una propuesta musical virtuosa y arriesgada que expone un potente mensaje antisistema. Este primer trabajo musical tendrá su réplica este mismo invierno.

Los supergrupos son un rara avis del universo musical que nacieron allá por la década de los sesenta. Se trataba de formaciones musicales compuestas por artistas que ya habían despuntado en otras bandas y que se unían en momentos concretos para dar rienda suelta a su talento y aportar lo mejor de sí mismos en un proyecto común. Supergrupos míticos como los Traveling Wilburys o The Dirty Mac pueden dar buena cuenta de ello. 

A escala nacional siguen surgiendo algunos supergrupos; en Andalucía, por ejemplo, podemos decir que el Doctor Doppler es un supergrupo andaluz de nuevo cuño. Formada por Javier Escaño (Killem, Revolulu Band, Mah), Ángel Busto y Santi Castaño (Revolulu Band, Mah), Dani Cardiel (Antagonista, Envilo) y Rafa Caballero (Rafa Caballero en solitario, Hoja de Ruta), esta banda de múltiples referencias une saberes y experiencia en un osado laboratorio musical. 

Este otoño han publicado su primera obra, la composición de larga duración Balada de un Cuerpo Inerte, una experiencia musical y visual que ya está disponible para su escucha en las plataformas de Youtube y en Spotify, entre otras. Hablamos con sus componentes para conocer el proyecto y profundizar en sus mensajes.

¿Cómo surge el proyecto de Doctor Doppler y cuál es su intencionalidad y sentido?

Dani Cardiel: Pues es curioso cómo nace el proyecto. Rafa Caballero y yo hemos colaborado en multitud de ocasiones en nuestras respectivas carreras y hemos colaborado en creaciones conjuntas como la canción Contra el Mundo, lanzada en formato single. Un día fuimos a un concierto de El Twanguero y, en el coche, hablamos de volver a colaborar. Allí habíamos quedado con Ángel, Javi y Santi, con los que yo ya había trabajado anteriormente. A todos nos pareció una unión de amigos y músicos muy potente y lo demás sólo fue dejar volar la imaginación.

Ángel Busto: Siempre tuvimos en mente hacer algo peculiar entre nosotros. A pesar de que somos compañeros desde hace ya muchos años, nunca nos habíamos reunido los cinco músicos para plasmar un proyecto sólido. Aprovechamos las horas de encierro en la pandemia para trabajar y producir en nuestros laboratorios BDUCI, nuestra primera propuesta. En ese sentido, queríamos proponer al público una obra audiovisual cargada de mensajes y simbolismos que provoquen un ejercicio de reflexión en el oyente y espectador del siglo XXI. 

Esta es una obra conceptual, claramente introspectiva, muy intensa, ¿qué pretendéis despertar en el oyente?

D: Personalmente siento el acto de crear música como una forma de expresar sentimientos y emociones. No suelo darle vueltas a qué sentirán los demás al escucharla. Es cierto que esta obra en cuestión tiene escondida una gran crítica social al sistema. Y es que estamos vivos en un mundo donde cada vez hay más muertos en vida.

A: Creo que nuestra visión general de la música es de por sí arriesgada, vista desde el contexto actual, donde todo es de usar y tirar, de corta duración y fácil digestión. No pretendemos ser pedagogos de nada, pero sí mover los hilos de la mente y fomentar la reflexión sobre la sociedad actual, poner en interrogante muchas cuestiones que consideramos de vital importancia.

Javier Escaño: A nivel musical creo que todos teníamos claro que queríamos hacer algo que se pudiera sostener tras varias escuchas y siempre pudieras percibir algún elemento nuevo en la composición. Queríamos algo que tuviera distintos colores más allá del rock más directo y nos permitiera añadir capas de instrumentos y crear pasajes más ambientales y evocadores. 

Rafa Caballero: En la pregunta está la respuesta. Despertar al oyente es uno de los retos; crear atención. Balada de un cuerpo inerte es una canción de diez minutos que puede presumir de someter a los sentidos del espectador. Si entras y viajas a través de BDUCI no te quedas indiferente. Doctor Doppler es un presente para los oídos que no se han descuidado en las dos últimas décadas.

Os habéis unido músicos que proceden de diferentes ámbitos y estilos, ¿cómo ha sido este encuentro musical y qué creéis que habéis aportado los unos a los otros?

D: Todos nos conocíamos de otros proyectos. Para mí ha sido una auténtica gozada, pues he tenido la suerte de vivir muchas experiencias vitales y musicales junto a todos los miembros de la formación. El rock progresivo y psicodélico de Revolulu Band, unido a la voz y los textos de Rafa ha sido una auténtica mezcla de calidad y saber hacer. 

A: La experiencia que estamos disfrutando es muy enriquecedora a nivel artístico y emocional. Cada compañero vuelca toda su experiencia en el proyecto, y además nos sirve como una herramienta de aprendizaje y experimentación en algunos campos. El hecho de mezclarnos varios músicos de pop, rock, metal,etc nos ha ayudado muchísimo a que el resultado final sea un caleidoscopio sonoro que se asienta en el rock progresivo de los 70, pero que también bebe de algunos pasajes lentos y melódicos propios del pop o la canción de autor.

J: Cualquier creación musical en la que sus integrantes vienen de contextos musicales distintos, da siempre como resultado algo enriquecedor si estás abierto a que lo sea. 

Habéis trabajado este proyecto en la distancia, en plena pandemia. ¿De qué modo ha afectado esta a la hora de componer letra y música? 

A: Llevábamos mucho tiempo hablando de cómo plasmar una autoproducción potente, y la pandemia resultó determinante para decidirnos a dar el paso. Para nosotros tenía mucho sentido hablar del “yo” y del “todo” que nos rodea en un momento tan difícil. Desde luego el sentimiento que nos unía era el de hacer algo que tuviera impacto, en nosotros mismos primero, y en el exterior después. Trabajar en la distancia supuso afilar mejor el proceso de producción, ya que estábamos entre Sevilla, Jerez y Madrid y no hubo reuniones físicas ni ensayos. Todo fue a base de videollamadas y grabaciones a distancia. 

La balada tiene un punto reivindicativo; habláis de “generación perdida”, de desarraigo, de la hipocresía de algunos sectores sociales… ¿hacía donde enfocáis la intención del texto? 

A: Lo primero que sentíamos componiendo la canción es que necesitábamos crear inestabilidad en la moral de las personas. No se trata de incomodar, pero sí de fomentar en el espectador y oyente una observación profunda de los temas que abordamos.

R: Hay una palabra que desde ciertas esferas de la sociedad y a través de la repercusión mediática se ha ido ganando desprestigio; antisistema. Si analizamos su significado es de las palabras más poderosas y bellas. La libertad de pensar y creer que algo no funciona. Doctor Doppler es una propuesta antisistema. 

BDUCI es un texto humanista con un claro mensaje de lucha de condiciones. 

En cada acto de la canción la letra está estructurada de manera diferente. Hay dos, acto I y acto III, más libres en la rima y con una riqueza de palabras muy sonoras y gustosas de cantar. Y en el acto II, el rock agónico se funde con dos décimas espinelas. Esa combinación de poesía y rock es una de las cosas que van a estar muy presentes en el laboratorio de Doctor Doppler.

Habéis fusionado el apartado musical con las imágenes. ¿Quién se ha encargado del grafismo y por qué queríais presentarlo así? 

Dani: El lápiz lo ha puesto Santi. Ha sido un trabajo genial el que ha hecho. La estética, el color, el ritmo de la imágenes, la crudeza de las mismas… me parece una auténtica pasada. El guión del vídeo lo hemos hecho entre todos, al igual que la composición musical. Una constante lluvia de ideas acerca de los simbolismos que queríamos tratar. La cantidad de documentos que tenemos compartidos en la nube es alucinante. 

A: “Balada de un Cuerpo Inerte” se presenta como obra audiovisual donde música e imagen tienen la misma potencia. Santi, bajista del proyecto, ha dirigido y producido todo el apartado visual, con algunas aportaciones del resto de compañeros.

Santiago Castaño: He jugado con el simbolismo, con muchas metáforas; nada está puesto al azar y todo adquiere un significado. Para nosotros el vídeo tiene un sentido, pero cada uno puede otorgarle el sentido que desee, ahí está lo bonito y lo interesante de cuando arte y poesía caminan juntos. 

¿Qué influencias y referentes habéis manejado en la composición de esta balada?

A: Es difícil ponerle límites a esto porque realmente hemos sido totalmente libres a la hora de componer y hacer arreglos. Quizás sea el rock de los setenta en general el estilo predominante y como denominador común, pero con varios giros hacia la canción de autor, el pop o el metal. Hemos bebido de Pink Floyd, Steven Wilson, Calexico, incluso de la última era de Extremoduro etc… Todo es posible en el laboratorio de Doppler.

J: A nivel de producción nos hemos fijado mucho en artistas/productores como Steven Wilson o Alan Parson. Esto, unido a partes más acústicas al estilo de Pájaro o partes de rock sureño o blues, hacen de la obra algo al alcance de muchos tipos de oyentes.

¿Tiene Doctor Doppler afán de continuidad?, ¿hasta dónde llegará el proyecto?

D: Una vez que tuvimos terminada Balada de Un Cuerpo Inerte y vimos la calidad del trabajo no dudamos en darle continuidad. Seguimos componiendo nuevas ideas para poder lanzar algo este otoño. 

Como jornaleros de la música que sois, ¿estáis pendientes de las últimas novedades sobre la ley para artistas?, ¿qué reivindicaciones tenéis y qué le diríais al Gobierno?

A: Siempre y cuando la legislación esté acorde a la realidad laboral de los artistas y los gremios que los acompañan, me parecerá bien. No tiene sentido argumentar mejoras que luego en la práctica no se pueden llevar a cabo. Me parece necesario revisar y actualizar la ley para artistas para mejorar este mundo laboral tan peculiar.

Tenéis varios proyectos paralelos al margen de Doctor Doppler; ¿cómo se compagina todo a la vez?

A: Este es el pan de cada día de cualquier músico en activo. Aunque no es nada fácil gestionar varios proyectos musicales a la vez, las ganas y la motivación de hacer algo artístico y que sea gratificante para uno puede con todas las dificultades (económicas, de tiempo, esfuerzo…). Es cierto que a veces debes priorizar una cosa sobre otra, pero entendemos que, a fin de cuentas, es como la gestión de cualquier otra profesión.

R: No hay una fórmula. Distancia, idas y venidas, otros proyectos… Siempre hay un hueco para trabajar en aquello que se hace desde las tripas. Es un lujo que los cinco aportemos y sumemos. Pasión y oficio.

“La eclosión del fútbol femenino abre un nuevo espacio y es muy buena noticia”

El veterano periodista presentó en Jerez de la Frontera una versión revisada y mejorada del libro 366 historias del fútbol mundial que deberías conocer (Espasa, 2022) en un momento en el que el fútbol moderno está cambiando a una velocidad vertiginosa.

La vida sonríe a Alfredo Relaño (Madrid, 1951), figura clave para entender el periodismo deportivo de nuestro país en las últimas décadas. Hoy, ya al margen de la dirección del diario AS, compagina su columna diaria de lunes a viernes con su colaboración en El País Deportes escribiendo sobre fútbol histórico y sus intervenciones en la radio. Se le percibe liberado, disfrutón, con ganas de hablar sobre deporte y, claro está, sobre fútbol. Acude a presentar la reedición de su documentado libro 366 historias del fútbol mundial que deberías conocer al jardín de la Luna Nueva, en el centro histórico de Jerez, en una fecha muy especial para la afición futbolera; la conmemoración de los doce años de la victoria de la selección Española en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Hoy, hablamos sobre fútbol y sociedad.  

Este libro es una reedición de una obra del 2010, que habéis querido mejorar y ampliar. ¿Por qué actualizar este compendio de historias?, ¿cuáles son los criterios que has elegido para la selección de estos relatos e ir descartando otros?

Fue una iniciativa de la editorial. El libro había funcionado muy bien en su momento y seguía vendiéndose a goteo cada año. Podíamos reeditarlo, sí, pero habían pasado muchas cosas en estos diez años que queríamos que estuvieran presentes en el libro. El libro cuenta, día por día del año, una historia futbolística relevante que ha pasado en ese mismo día años atrás. Puedes buscar una buena historia que ha pasado el día de tu cumpleaños, por ejemplo, siempre dentro de los 150 años de vida que tiene el fútbol. No son anécdotas, hay episodios realmente importantes que han marcado el rumbo del fútbol. Hasta en los años bisiestos han pasado cosas importantes, por eso son 366 las historias que concurren en el libro. En los últimos años han sucedido cosas importantes como la irrupción de los clubes estados (con la Champions que ha ganado Abramovich), el traspaso de Neymar al PSG por 222 millones de euros, la irrupción del fútbol femenino en España, el el balón de oro a Alexia Putellas y la asistencia de más de 90.000 en el Camp Nou para un partido de mujeres, el asalto del FBI a la FIFA por motivos de corrupción, la muerte de Maradona que conmociona al mundo, la tragedia del Chapecoense en un avión que era una porquería, etc. Hay como veinte episodios nuevos que he recogido porque merecían la pena destacarse.

Existe en las redes sociales una corriente de animadversión hacia el fútbol moderno y su idiosincrasia, acompañada de una romantización del fútbol de antaño. No sé si participas de ella. ¿Crees que la gente tiene añoranza del fútbol antiguo?

Sé que hay una página de “odio eterno al fútbol moderno” y comparto muchas de las tesis, sinceramente. En cambio, eso de “todo tiempo pasado fue mejor” no creo que sea cierto. Lo único que siempre fue mejor en el pasado es la fruta. Hay cosas de este fútbol que no me gustan: hay una invasión del marketing, una sobreabundancia de partidos, ahora surge la pretensión de la Superliga, una especie de copa de Europa cerrada y sin descensos. Eso no me gusta nada; pero sobreviven muchas otras cosas que me gustan. Ten en cuenta que yo conocí el fútbol en los 60, que era muy distinto. Ahora los estadios y los campos son mejores, la preparación física es mucho mejor, los jugadores se recuperan pronto de las lesiones… pero por ejemplo, ahora Busquets declaró que no sabe lo que es mano o no. Y si Busquets no lo sabe, si uno de nuestros mejores jugadores que hemos tenido, que lleva desde los once años jugando al fútbol y que lo ha ganado absolutamente todo, te dice con total sinceridad no sabe lo que es mano… hay ahí un problema.

Deduzco que no te convence el VAR.

A mi no me ha gustado. Siempre desconfié de ello; intenté creer pero al final solo demostró su eficacia en las jugadas de geolocalización, las que son de GPS. Si la pelota ha salido o no lo ha hecho y ese tipo de casos. El problema del VAR es que deja un campo grande a la interpretación, dice que interviene cuando es claro y manifiesto, pero ¿qué es “claro y manifiesto”? Para uno es una cosa y para el otro equipo es otra. Puede servir para evitar jugadas tremendas que han pasado a la historia más infame; la mano de Henry que dejó a Irlanda fuera de un Mundial, ese tipo de casos, el penalti a Guruceta, etc. Pero esos episodios son pocos. Y cada aficionado espera que le arreglen lo que a él le parece. Antes si un árbitro se equivocaba te fastidiabas, pensabas “pues no lo habrá visto” o “se habrá asustado”, pero con el VAR, que lo miran varias personas a la vez, con seis tomas, y aún así no te cuadra, no te van a quitar la idea de la cabeza de que te están estafando. 

En el libro mencionas el reciente boom del fútbol femenino, ¿cómo has vivido este fenómeno? 

La eclosión del fútbol femenino me ha gustado mucho porque abre un nuevo espacio. Ten en cuenta que tengo 71 años; yo he visto el fútbol, y no sólo el fútbol, de otra manera. He vivido cómo una mujer no podía sacar el pasaporte o el carnet de conducir sin el permiso de su marido. En mi infancia cualquier chica que se le ocurriera jugar al fútbol aterrorizaba a su familia; le decían “marimacho”, que estaba trastornada y disparates de esos. Pero la mujer ha ido ganando representación en el deporte. Fue participando en el baloncesto (¡tenían que ir unos panties hasta la rodilla que le cubrían el muslo!), en la gimnasia rítmica… En aquel tiempo el fútbol era tan estrictamente masculino, que ver ahora cómo han llegado a primer nivel, en un país de tanta tradición futbolística como España, me parece una noticia muy buena. Ocupan un espacio que siempre ha estado muy cerrado. Destaco en el libro el caso de Lily Parr, una futbolista británica de un equipo que se llamaba Dick, Kerr’s Ladies team. Era un equipo inglés asociado a una fábrica de municiones; las fábricas por entonces la llevaban las mujeres porque los hombres estaban en el frente, luchando en la guerra. Conformaron un equipo de fútbol que tuvo mucho seguimiento; metían a 5.000 espectadores en el estadio. Tuvieron tanto éxito que la Federación Inglesa se opuso a ello e incluso emprendió una campaña con calumnias para desprestigiarlas. Con el paso del tiempo tuvieron que disculparse públicamente con ellas.   

Has comentado alguna vez que te hubiera gustado escribir la historia de las remontadas del Madrid este año en la Champions. Realmente han sido remontadas increíbles. ¿Por qué crees que le temblaban los pies al Manchester City o al PSG? 

Para mí hay dos instantes claves en esas eliminatorias. El primero, el día del PSG, cuando Donnarumma se equivoca y Benzemá le roba el balón, pero sobre todo en la eliminatoria del City, que es la más clamorosa. El Madrid tenía perdida la eliminatoria desde los primeros minutos del primer partido, en los que fue perdiendo hasta el minuto ochenta y nueve del partido en Madrid, que perdía por dos goles. Y de repente empata, mete otro gol, no mete el tercero de milagro; al final lo materaliza en la prórroga… fue tremendo. Además, cayó derrotado Guardiola con todo lo que representa. Él es una especie de némesis del madridismo; es un hombre que tiene muchos méritos pero que para el Madrid es un adversario en todos los sentidos, fue del Barça, tiene afán nacionalista… por todo ello tiene al madridismo muy en contra. Es curioso cómo, de repente, a estos dos equipos le temblaron las piernas. Cuando entró el primer gol se originó una atmósfera eléctrica en el Bernabéu. Hay una especie de aliento que baja desde la grada y fortalece a los jugadores del Madrid; entonces el rival se derrumba. Hay muchos fantasmas en ese estadio, la potencia del graderío, la mística del Madrid, la leyenda de Di Stefano, es una cosa casi parapsicológica, difícil de explicar, pero que sucede.  

Alfredo Relaño, durante la presentación del libro en el jardín de La Luna Nueva, Jerez. FOTO: Alejandro López Menacho

En esos días se volvió a hablar de fútbol a todas horas en la calle… 

Las cosas tan excepcionales llaman mucho la atención. Luego la final ya no fue así; ganó la final porque el portero estuvo formidable y atinó a meter un gol; pero las semifinales se dieron circunstancias casi milagrosas, nadie lo esperaba.

¿Te ha sorprendido que en los últimos años surjan goleadas escandalosas al más alto nivel? ¿El 1-7 de Brasil-Alemania o el 2-8 del Bayern-Barça tienen alguna explicación?

No veo un hilo conductor entre estos partidos. Son cosas que han ocurrido por circunstancias muy raras, excepcionales, impropias de ese nivel. Al Barça, aparte de que era una temporada extraña, con la pandemia y en una sede neutral, le ha pasado mucho que el equipo se abandona cuando Messi baja los brazos. Cuando me dicen que Messi es el mejor jugador de la historia lo pongo en duda porque en cuatro o cinco ocasiones he visto al Barça ser goleado y a él abandonar completamente el partido. Permanecía cabizbajo y fuera del partido. Ese desánimo contagia a todos los demás. El otro partido fue una cuestión más táctica, se desencajó por completo el sistema de mediocampo de Brasil. En ambos casos son dos resultados espantosos. 

El pulso de la Premier y la Liga, con permiso del Bayern de Munich, lleva dominando el fútbol Europeo décadas. ¿Seguirá esta tendencia?

La Premier se va fortaleciendo más con estos clubes que tienen dinero por fuera. Florentino y Tebas, frecuentemente enfrentados, se quejan ambos de que hay un dinero extra por fuera de la industria del fútbol que favorece a la Premier. Y encima La Liga ha perdido dos portaaviones, Messi y Cristiano. Nosotros tuvimos unos años, con la Ley Beckham, que nos daba cierta ventaja porque algunos extranjeros tributaban menos a Hacienda. Pero ahora es España la que tiene desventaja fiscal con respecto a otros países con los que compite; en Italia o Inglaterra te cuesta menos que un jugador se lleve 10 millones limpios a casa que aquí. Y después aparecen clubes inflados como el Newcastle, que estaba en descenso y de repente, en enero, se llevó a Trippier del Atlético que jugaba Champions. Y se fue porque le pagan mucho más.     

¿Qué opinas de la turistificación del fútbol y casos como el partido contra el Eintracht en el Camp Nou?

Este tipo de cosas ha pasado mucho en Barcelona, pero también en Madrid, a cuenta de Messi y Cristiano, que mueven masas. Pero el caso del Eintracht sucedió por razones muy concretas. La pandemia hizo que el Barcelona diera un año de margen a los socios; permitió reservar sus plazas. Muchos socios dejaron libre su asiento. Encima el Eintracht vestía de blanco, por lo que chocó muchísimo ver una cantidad ingente de camisetas blancas en el Camp Nou. Pero fue un accidente, un descontrol de las entradas. Además vino en un momento que el Barça no estaba bien, con mucha confusión, cambio de entrenador… es muy raro que estas cosas sucedan, de hecho, no había sucedido nunca.

La diversidad sexual en el fútbol femenino es algo totalmente normalizado pero en el fútbol masculino sigue siendo un tema tabú. ¿Cuándo saldrá el fútbol masculino del armario?

Fíjate que salió Fashanu y acabó suicidándose. Y hubo un caso inglés reciente, sin malas consecuencias. En el ámbito del fútbol masculino hay una tendencia hacia el brutalismo machista tan grande que, es posible, que vaya eliminando a los homosexuales por el camino. Se supone que hay un 10% de homosexuales en la sociedad, sin embargo, no creo que en el fútbol sea así. Claro que saldrá del armario, pero para ello tiene que llegar jugadores homosexuales al más alto nivel. Cuantos más personas haya de un colectivo es más fácil que alguien se atreva y se sienta respaldado.

¿Donde se encuentran las mejores historias del fútbol; dentro o fuera del campo de juego?

Eso que me preguntas me hace pensar, me da hasta la idea de contar cuántas hay de una cosa y cuántas de otra. Pero así, a bote pronto, te diría que las historias más interesantes quizá hayan pasado fuera del campo. A mí me impresionaron de manera especial dos ocurridas en Italia; la del suicidio de Bartolomei y la del atropello mortal de Meroni, ídolo del Torino, cuyo causante llegó a ser presidente del club, pero lo tuvo que dejar al poco tiempo. Por cierto, que hay varias historias andaluzas curiosas, dos en Málaga, los nuevo goles de Bazán en un partido y el asesinato del presidente del Malaga, Antonio López, y otra en Sevilla, el del caso Antúnez entre el Sevilla y el Betis.

“Nuestra narrativa pesimista corta las alas a las personas más jóvenes”

La escritora mexicana Brenda Navarro, que presentó en Jerez de la Frontera su última novela, Cenizas en la Boca, reflexiona sobre el rol de la mujer migrante y señala la necesidad de poner los cuidados y afectos en el centro de nuestra vida diaria.

Cuando la ópera prima de la socióloga Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) irrumpió en la escena literaria española, la crítica fue unánime; Casas Vacías era una brillante y vibrante novela sobre las maternidades. La autora heredaba así una difícil encomienda; volver a convencer apenas dos años después con su segunda obra, Cenizas en la Boca (Sexto Piso, 2022). Y en esa labor anda involucrada, recorriendo la península de presentación en presentación. El día antes de acudir a la Feria del Libro de Cádiz, Navarro participó en un club de lectura en la Librería el Laberinto, en Jerez. Su actividad es frenética, su discurso activista lo impregna todo. Hablamos con ella largo y tendido sobre literatura, sociedad y política. 

Casas Vacías fue una primera novela que causó un gran impacto en la comunidad de lectores, ¿tenías algún temor al encarar el siguiente paso?, ¿cómo te enfrentaste a esta nueva creación?

No tenía ningún tipo de temor porque sabía que tenía el respaldo de la editorial. Lo escribí en un momento en el que quería justamente darme el espacio para crear pensando en que estaba escribiendo un libro, porque la primera novela nunca sabes si se va a publicar o no, y con la segunda ya sabía que sí. Sabía que iba a ser leída y que se iba a comprar, y eso te da mucha tranquilidad especialmente en este sector, el literario, en que nunca sabemos qué va a suceder. Traté de retarme mucho más; de disfrutar del oficio de escritora, de pedirme cosas nuevas, de ser más consciente de que lo que iba a escribir con Cenizas en la Boca iba a tener un impacto distinto. 

Hay muchas violencias, en diferente grado, que afectan a Nel, la xenofobia, la violencia de clases, la violencia machista, ¿cuál crees que impacta más sobre su vida?

Es un compendio de violencias, no hay violencia específica. La más importante es la de pedirle que sea adulta, que se inserte en un mundo que no le gusta, que ella misma sabe que a Diego no le gusta, y que incluso a su propia familia no le gusta. Ella entiende que el mundo es injusto, doloroso,  incluso para las personas que tienen privilegios como en el caso de Laura; ella tiene ese rechazo, esta rebelión de no querer meterse ahí. Desde el amor le exigen “tienes que ser adulta”, “tienes que estudiar”, “tienes que darle un significado a la vida” cuando realmente ella ha entendido ya un significado de todo, y no es precisamente inspirador. 

¿Por qué el desarraigo es un motivo literario tan potente?

Porque aunque nos han dicho que el desarraigo nace cuando te mueves de un lugar a otro, geopolíticamente, en realidad es algo que vivimos todas las personas. Venimos de un periodo de transición en el que crecimos pensando que existía algo contra el capitalismo, luego nos dijeron que había un Estado del Bienestar al que podíamos aferrarnos, y al final, de lo que nos hemos dado cuenta es que no tenemos raíces en las que sentirnos cómodas. No hay un futuro desde las narrativas oficiales. Para mí era importante señalar que la migración o el movimiento de personas no es solamente de territorios, también de lugares dentro de las narrativas existentes. Creces pensando que eres una persona mexicana, luego el mundo te dice que eres una persona migrante, pobre, sin hueco en el mundo que te han prometido. Si eso no es desarraigo… te están diciendo además que te emancipes de una vida que te han construido. Pero esto es un fenómeno que también lo vivimos en España, no sólo en Latinoamérica. No conozco un espacio en el no haya incertidumbre y no se sienta desarraigado.  

¿Qué une y qué separa a la lucha feminista de una activista barcelonesa de clase media de una mujer migrante procedente de las clases populares de México?

Las mujeres latinoamericanas hemos crecido mamando toda la cultura europea y anglosajona. Dentro de las teorías feministas occidentales siempre habíamos pensado que éramos iguales y formábamos parte del colectivo de mujeres que se hablaban en ellas. Pero cuando te mueves en estos espacios desde la extranjería te das cuenta que no es así. No hablaban de ti, no te incluían y no les interesa incluirte. Alguna vez escuché en Barcelona a una mujer migrante que aseguraba que a las europeas les encanta hablar de mujeres latinoamericanas y tenernos en sus cuadros, pero en cuanto comprueban que tenemos voz, ya no les caemos tan bien. Somos personas incómodas para ellas porque les confrontamos; siempre vienen con este discurso de decir “somos hermanas, nos queremos, somos iguales”. Y no se dan cuenta de que nosotras no queremos igualdad, no queremos ser mujeres blancas con un trabajo precario y pelearnos con los hombres, nosotras, precisamente por venir de lugares donde hay una violencia estructural que nunca nos ha dado derechos, sin sanidad pública ni derechos laborales, lo que queremos es un mundo distinto. Y lo que hacen ellas es entorpecernos porque a fuerza quieren tener el altavoz para decir cuáles son nuestras necesidades. Por eso estamos en confrontación. Aunque he de decir que esta confrontación permite que seamos la mujeres las que llevamos a otros lugares el debate y la opinión pública; y lo hacemos sin matarnos. Eso está bien. Tengo amigas feministas europeas a las que quiero un montón pero les pido por favor que no me llamen “hermana” porque de lo que yo me quiero emancipar es de la idea que nos hacen creer que tenemos que aguantar todo porque somos “familia”. Quiero emanciparme como ser humano y de ahí partir para otra cosa, que no es precisamente lo que ellas están haciendo porque tampoco les está funcionando.

Un primer plano de Brenda Navarro en las calles de Jerez. Foto: Alejandro López

Entre Diego y Nel hay tanto amor como incomunicación, ¿a qué crees que se debe esa dualidad?

Lo he estado pensando mucho y no tengo una respuesta clara o contundente. Pero he concluido que, volviendo a las narrativas oficiales, la relación de hermanos y hermanas es la relación más auténtica que existe. Es donde se ve lo que significa querer a alguien por el simple hecho de compartir el mismo espacio; que tú no eliges a esa persona, en absoluto, pero la terminas queriendo por lo que sea, y a pesar de lo que sea. Por mucho que tu hermano haga la peor cosa del mundo tú siempre vas a querer a ese hermano estés o no de acuerdo con sus acciones. Viene de la narrativa cristiana, Caín y Abel y esos relatos. Siempre se ha hablado de una relación de confrontación porque son personas con puntos de vista distintos que en el fondo se quieren. Y creo que hay algo bonito ahí. Porque, por ejemplo, a nuestros padres les exigimos un montón de cosas, y les culpamos de muchas cosas, los padres nos tienen que meter en corsés sociales para encajar en el mundo, con los abuelos tenemos una relación bastante idealizada, con los amigos es más de camaradería y acompañamiento, pero con los hermanos es donde hay una cosa realmente muy pura de humanidad  y en donde podemos decir aquí hay cariño, también hay odio, también hay peleas, acompañamiento, etc. 

El suicidio, tema tabú por deontología periodística en España —donde existe un pacto de ignorarlo— es cada vez mayor entre adolescentes. ¿Cómo concienciamos sobre ello?

No sabía esto sobre el suicidio hasta que salió la novela y mis colegas periodistas me avisaron. La verdad es que me pareció muy absurdo. ¿La lógica cuál es? ¿No hablemos de esto para que no se propague?. Pero la gente se está suicidando, hablando de ello o no. La gente se suicida. Es un tema filosófico que ni siquiera lo hemos inventado en esta época, viene de las raíces de la cultura occidental. El suicidio siempre ha significado algo para la historia de la humanidad. Más que prevenirlo en un sentido aséptico como te previenes de una gripe o cualquier enfermedad, lo primero que tenemos es que revisar las heridas, escucharlas, aceptar que existen, y a lo mejor, a partir de ahí, encontrar algunas herramientas para que la adolescencia no concluya en eso. Aunque no sólo es un asunto de la adolescencia, las personas mayores también lo sufren. En la segunda parte del libro era muy consciente de reflejarlo en Laura, una persona adulta que también dice: “yo ya me quiero morir”. Quería situar ese paralelismo; hay adolescentes y personas mayores a la que se les quita la autonomía para vivir y somos nosotros, los adultos, los que decidimos el mundo y les decimos qué hacer y esto me parece un gran error. Porque nosotros tampoco sabemos qué hacer con nuestras propias vidas. Creo que más que creer que los adolescentes no tienen nada que decir, debemos escucharlos mejor. De ellos va a ser el mundo y tendremos que construirlos con ellos, no decirles qué hacer. ¿Cómo vamos a decirles qué hacer si les decimos que somos unos precarios, que todo es horrible, que no servimos para nada…? Nuestra narrativa pesimista les corta las alas.

“Soy de donde vivo”, afirma una de las voces del libro; que sin embargo siempre se siente extranjera. Me recordó a la canción de Bunbury, “Pero allá donde voy me llaman el extranjero // Donde quiera que estoy, el extranjero me siento”. 

Fíjate que en ese tiempo en la que salió la canción de Bunbury me parecía una canción muy romántica; cómo que daba a entender que el extranjero era un lugar en el que se quiere estar, sin pertenecer a ningún lado. A lo mejor desde su superioridad moral pensaba que era mejor no parecerse a nadie, ¿no? Pero cuando ya vives la extranjería en tus carnes, que además es una etiqueta que te ponen las personas (tu no te la pones) te das cuenta de que hay espacios donde no te permiten entrar y que las personas que abandonastes ya no te dejan estar en el mismo lugar. Esa especie de limbo te genera mucho dolor, pero a la vez tienes unas gafas más nítidas de donde te encuentras. También puedes entender, que es mi apuesta, que te vas construyendo en esos lugares. Y por eso ser de donde eres te permite generar redes de ternura, de afectos, de cuidados, porque de otra forma vas a vivir triste; y porque el ser humano es sociable por naturaleza.     

Da la impresión que el título, su metáfora y su mensaje estaba presente desde un comienzo. ¿Es así? ¿Cómo se te ocurrió esa imagen de las cenizas en la boca?

El título es lo último que salió de la novela. Tardé ocho meses en llegar a este título porque no me gustaba ninguno. Todo me parecía mal. El título lo sugirió Sexto Piso realmente y me convenció. Nunca pensé en ese, tenía algunos en la recámara como Elegía para una isla o Merengue duro. Este último tiene el tema del merengue de Madrid, de lo latinoamericano… 

Pero esa imagen de la ceniza en la boca le salió a la personaja, ni siquiera lo planeé. Empezó a salir cuando lo estaba escribiendo, y cuando después lo revisé, pensé que era lo más lógico. Incluso el conocimiento popular te dice “déjame digerir esto para entenderlo mejor”; creo que parte del dolor y de los miedos tienen que pasar por el estómago. Era una forma simbólica de decir; “estoy sintiéndolo para tener este duelo, procesarlo y seguir adelante”.   

Además de tu perfil como escritora, eres también una activista por un mundo más justo e igualitario. ¿Qué movimientos transformadores ves interesante en la actualidad?

Las plataformas para detener los desahucios son fundamentales. Siempre digo lo mismo; cuando era más joven yo quería hacer la revolución como toda nuestra generación, luego quise ser una feminista pura y abolir todo el patriarcado, y ahora, ya como adulta, que entiendes que no vas a ver el mundo cambiado mientras vivas, creo que la revolución a la que me gustaría que invitaran es a la vivienda, la sanidad y la educación. Vivimos en un país muy aferrado al Estado del Bienestar aunque ya no existe como tal, y parece que nos lo están quitando de las manos y nos estamos quedando muy tranquilos. Eso me asusta muchísimo. 

¿Qué opinas sobre la nueva Ley Trans?

La verdad es que no manejo suficiente información para entender el conflicto. Pero sí te puedo decir que cuando la clase medioalta se opone a algo es porque tiene miedo de perder sus privilegios. Y todas esas leyes que mueven esos privilegios son bienvenidas para mí. Crecí leyendo a teóricas feministas y lo que menos nos importaba era lo que hacíamos con nuestros culos, lo que nos importaba es que nos vieran como personas y pudiéramos ejercer nuestros derechos. ¿Por qué nos va a importar la identidad de las demás personas o su sexualidad? Esas mujeres que están contra las personas trans no saben o no quieren entender que cuando le niegas los derechos a unas personas te lo están negando a ti misma en otros espacios. 

¿Qué lee a día de hoy Brenda Navarro?

Justamente ahora estoy releyendo a Jorge Ibargüengoitia; he participado en muchos círculos de lectura en los que me hablan mucho de mi lenguaje mexicano como si mi literatura latinoamericana se pareciera a Juan Rulfo. Pero yo en realidad siempre quise parecerme a Ibargüengoitia, lo que pasa es que me he reencontrado con un tipo muy machista, pero que muestra un sarcasmo muy mexicano; entonces estoy redescubriendo la mexicanidad. Voy a ver qué sale de ahí para mi literatura porque tampoco me gusta la etiqueta “mexicana”. Yo soy como la personaja de mi novela, soy de donde vivo. 

Diez datos neutrales sobre el audio de Antonio García Ferreras y Villarejo que deberías tener en cuenta

1. El periodista Antonio García Ferreras presentó en su programa Al Rojo Vivo un montaje falso contra Pablo Iglesias y Podemos a sabiendas de que era una ‘noticia’ inconsistente y ‘burda’.

2. García Ferreras habló con el comisario corrupto Villarejo sobre este montaje. Su relación era cercana y venía de lejos. El tono de la conversación denota camaradería y aprecio mutuo. El comisario corrupto es una fuente recurrente. El audio de esta conversación procede del entorno de Alvise Pérez, activista de ultraderecha experto en difundir bulos .

3. Pablo Iglesias y Podemos han sido víctimas de un montaje ilegal que tiene arraigo en el Estado profundo, concretamente en los cuerpos policiales. Se han utilizado recursos públicos y se han valido para ello de varios periodistas interesados con gran relevancia pública como Eduardo Inda, Antonio García Ferreras o Ana Terradillos, entre otros.

4. Los presidentes de Argentina, Chile, Colombia y México, Jean- Luc Mélenchon y otros líderes de la izquierda política, que también han sufrido intentos de lawfare, han mostrado su apoyo público a Podemos y Pablo Iglesias horas después del escándalo de los audios de Villarejo y Ferreras. El presidente de España, el socialista Pedro Sánchez, no ha hecho mención alguna al respecto y, de momento, guarda silencio. Yolanda Díaz, acaba de hacer sus primeras declaraciones

5. Newtral, la autodenominada startup experta en fact-checking y verificación de bulos en ningún momento, hasta la fecha, ha hecho mención a los audios del periodista Antonio García Ferreras y el comisario corrupto Villarejo, a pesar de ser la noticia de la semana y recibir numerosas peticiones por parte de sus lectores. 

6. Ninguna Asociación de la Prensa ha condenado o lamentado públicamente los métodos utilizados por el periodista Antonio García Ferreras en su programa, Al Rojo Vivo, ni ha salido en defensa de la audiencia, la verdad o el interés público.

7. Eduardo Inda sigue sentado en las mesas de debate político como si no hubiera ocurrido nada. El periodista Antonio García Ferreras no ha pedido disculpas a la audiencia ni ha dimitido de sus cargos.

8. Algunas encuestas daban más de 90 escaños a Podemos al tiempo que se cocinaba el montaje policial contra la formación liderada entonces por Pablo Iglesias. Unidas Podemos llegó a obtener 71 diputados en el Congreso, actualmente cuenta con 35 y forma parte del Gobierno de España. 

9. Más de veinte querellas e investigaciones contra Podemos han sido archivadas por su inconsistencia y falta de pruebas en apenas siete años. 

10. El Partido Popular, que ha participado activamente en los entramados contra Podemos de la mano de Villarejo y cuyo presidente viajaba frecuentemente con un narcotraficante, lidera las encuestas a día de hoy, y podría contar, según Gad-3, con un 36% de los votos del electorado. 

¿Por qué ha habido una debacle de la izquierda en Andalucía? 10 claves para entenderlo todo

  1. Cuando en octubre del 2020 se produjo la desagradable y esperpéntica ruptura entre Podemos-IU con los Anticapitalistas de Teresa Rodríguez, traducida en una expulsión del grupo parlamentario de dicha facción, cualquiera que conociera la lógica en términos políticos pudo deducir que aquello garantizaba un mal resultado en las elecciones que estaban al caer. Lo que ha sucedido en Andalucía con las izquierdas no sorprende a nadie; y aunque haya habido una (aparente) tregua ante la opinión pública, ambas formaciones (en sus fundamentos y en lo personal) se odiaban, se odian y se seguirán odiando. El resultado de espolear tanto odio ha sido una estrepitosa y contundente derrota electoral. Todos sabían que iba a suceder pero nadie ha encontrado soluciones por el camino; y nadie lo ha hecho porque han antepuesto su inquina a los intereses de una mayoría andaluza.
  1. Cuando Maria Jesús Montero renunció a liderar una “misión Illa” en Andalucía, el PSOE firmó su renuncia a la batalla electoral. Al igual que en la Comunidad de Madrid, su candidato no ha tenido la más mínima opción de ganar. Juan Espadas era un remedo sureño de Ángel Gabilondo; un candidato aburrido, gris y tirando a conservador. Un profesional de la política que podría haber militado en Ciudadanos e incluso el Partido Popular sin que el electorado se percatara del cambio. Era una candidatura sin un ápice de frescura, herencia suave de Susana Díaz. Espadas reclamó una y otra vez el voto útil sin ofrecer propuestas de izquierdas de calado. Días antes de las votaciones se filtró a los medios una encuesta interna del partido socialista que no daba esperanza alguna al candidato. Imposible mandar un mensaje más nítido a tu electorado; vote usted otra opción.  
  1. En menos de un mes no se prepara una candidatura sólida de izquierdas. Por Andalucía empezó tarde y mal (con Podemos quedándose fuera de los formalismos burocráticos) y lo apostó todo a Inma Nieto, que tenía —y tiene— un gran cartel en San Telmo pero que en el resto de Andalucía era más bien una desconocida. Bastante gente de izquierdas no tenía ni idea de quién era, y aunque se le presumía destreza en la oratoria parlamentaria, en la campaña tampoco fue, digamos, un torrente de carisma. Con sorna, el periodista del Congreso Nacional, Pedro Vallín twitteaba el lunes, “Un liderazgo carismático, todo lo demás no sirve. La organicidad sirve para hacer paellas solidarias y ya”; a lo que podemos añadir, y menos mal que organizaron esas paellas, porque el resultado podría haber sido catastrófico. Sin menospreciar a Nieto, con una trayectoria sólida a sus espaldas, la realidad es tozuda; es probable que, pese a quien le pese y le duela a quien le duela, la opción de Pablo Iglesias, el conocido guardia civil andaluz Juan Antonio Delgado, hubiera reunido más votos. 
  1. Moreno Bonilla se transformó en “Juanma”, el yerno perfecto. Un caballero a la antigua usanza que parecía no haber roto nunca un plato, que jamás subió el tono y que resultaba hasta simpático. Este alter-ego siempre aparecía sonriendo y apenas dejaba hueco en sus carteles para las siglas del Partido Popular, escudriñadas en una esquina, avergonzadas de su pasado. La operación de marketing de los conservadores, tan obvia como efectista, fue un rotundo éxito. 
  1. La doble vara de medir de los andaluces merece una mención. Los andaluces y andaluzas parecen haber perdonado al Partido Popular y olvidado todas sus tropelías o la corrupción sistémica que ha demostrado en los últimos años. Rajoy fue imputado hace bien poco; Fernandez Díaz está en el disparadero por montar una policía judicial paralela al Estado, en Madrid la gestión sanitaria ha sido escandalosa. Nada de eso le ha pasado factura al PP. Tampoco la deriva privatizadora de la Educación y la Sanidad en Andalucía, con el despido de 8.000 sanitarios o el aumento de las aulas concertadas como banderas de Moreno Bonilla. A veces pareciera que al Partido Popular se le perdonase cualquier cosa; como muestra un botón, Antonio Saldaña, alcaldable del PP por Jerez, que condujo borracho en plena pandemia estrellándose contra varios coches, no sólo no dimitió de su cargo, sino que Moreno Bonilla lo premió con un relevante puesto en las listas electorales. Por contra, se le castiga a la izquierda cualquier desliz, incluso las habituales contradicciones ideológicas. El electorado progresista penaliza más duro a sus representantes. 
  1. La abstención ha sido atroz (un 41,23%). Y como Kiko Llaneras apuntaba en twitter, en los barrios de izquierdas la participación se ha desplomado, y ha pasado del 62% al 47% entre 2015 y 2022. En cambio, en los barrios más de derechas la participación ha subido. La llegada anticipada del verano a Andalucía, el hartazgo de un ambiente político crispado y polarizado desde hace años, la depresión del electorado progresista y la ausencia de líderes carismáticos (léase el punto 2 y 3) han mermado las opciones del bloque de izquierdas. Razones para votar había y habrá de sobra, pero para levantar a la gente del sofá hay que agitar el avispero; generar esa “tensión” que demandaba Zapatero.  
  1. Las campañas de la izquierda han sido más reactivas que propositivas, y eso vuelve a penalizar a la izquierda (a la derecha este asunto no le afecta absolutamente nada). Se ha tenido mucho miedo a Vox y a Olona. Demasiado. Sólo Teresa Rodríguez le plantó cara por derecho propio (y lo hizo especialmente bien) y cuando juegas, sólo, a que no crezca la bestia te crece un tercero que no esperabas. Bonilla ha capturado todo el voto útil que no quería a la ultraderecha en el parlamento. Y cabe señalar lo evidente; no eran pocos votos. 
  1. La comunión Podemos-IU-Más País y compañía era necesaria (no podía haber más escisiones), sí, pero fue impostada. Con una falsa sonrisa, en plena Feria de Sevilla y con Yolanda Díaz como arma decisoria definitiva, se consiguió conformar una candidatura a duras penas y a contrarreloj. Por Andalucía olía a cocina desde fuera y, siendo analíticos, no partía precisamente de un proceso de democratización sincero, abierto, claro y/o con “afán de desborde”. Las formas fueron urgentes y cutres, y cutres han sido los resultados. Por no tener, Por Andalucía no tenía ni sus redes sociales actualizadas en tiempo y forma. Por el otro lado de la izquierda, Teresa Rodríguez, que a posteriori (solo a posteriori) ha tendido la mano a “otras fuerzas de izquierdas”, había conformado una candidatura con un grupúsculo de fieles (y algunos andalucistas de antaño), la inercia y el bagaje de haber sido oposición durante años y el andalucismo como slogan. Mirando de reojo el modelo catalán de la CUP, y salvando su notable campaña electoral, antes sólo se le adivinaba resentimiento, salidas de tono y un tufo a folclore identitario-pop, a veces involuntariamente paródico, lejano a las necesidades materiales de nuestras gentes.
  1. A Podemos se le sigue castigando en los medios de comunicación, en la calle y en las tertulias con la misma ferocidad que en sus primeros e inmaculados años; como si, tras despertarnos, el tándem de Pablo Iglesias, Errejón, Echenique, Rodríguez y Monedero siguiera ahí. Es obvio que la campaña de odio ideada por los grandes holdings contra la formación morada ha calado profundamente en la sociedad. La derecha y el PSOE no le darán un respiro hasta que esté bien muerta, como actualmente lo está la marca Ciudadanos. El desgaste a día de hoy es enorme, el viento sopla fuerte y en contra, la implantación territorial es manifiestamente endeble y, por consiguiente, se antoja muy complicado que Podemos reflote. Instintivamente surge la pregunta, ¿refundación o disolución? 

  2. La peor noticia es que lo que en la izquierda llamamos “la calle” (una masa sin etiquetar y líquida capaz de agitar y revolver las mentes para según qué asuntos) está prácticamente desmovilizada. La llegada al Gobierno de Podemos colmó las aspiraciones de parte de este ente social, y las manifestaciones de hoy son puntuales e insuficientes para mantener viva la llama de la izquierda. Los partidos de izquierdas andaluces (aunque es extrapolable) perdieron tanto tiempo en su propio cainismo, en alimentar su vanidad y su endogamia, que abandonaron el pulso popular, a la gente cercana; y en política, cuando un espacio queda libre lo ocupa otro. En este caso, lo ha ocupado mayormente la movilización del descontento de brocha gorda aparejado a la extrema derecha.


    Hoy nos miramos resignados y abatidos, desconfiamos de unos compañeros y compañeras con los que antes, en un tiempo pasado, compartimos pancartas, anhelos y luchas sociales, sabiendo que, tanto ellos como nosotros, y por mucho que nos duela reconocerlo, todavía no hemos tocado fondo.