28 de octubre del 2020
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Partiendo de la base del antiespecismo, por el que todos los seres sintientes son iguales en trato y respeto porque son Vidas, humanas o no, es como mínimo curioso que las leyes que supuestamente amparan a los animales se convierten en inútiles por las excepciones a la propia ley principal escrita por los humanos, y en la ley natural. Como la sociedad tiene intereses, estos se reflejan en las excepciones.

En España, tenemos una ley de protección de los animales para cada Comunidad Autónoma muy dispar, diferente en cada una de las Comunidades, pero no tenemos una ley marco que rija sobre todo el territorio. Por lo tanto, cuestiones o circunstancias iguales son prohibidas o permitidas según cada ley autonómica. Y estas divergencias también se dan a nivel municipal. Esto es del todo incoherente. Pensemos cómo serían leyes diferentes por cada Autonomía que rigieran los derechos humanos.

En cualquier caso, un gran número de especies son deliberadamente excluidas de protección por interés humano. Me refiero obviamente a toros y vaquillas (por diversión), cerdos, vacas y terneros, gallinas y pollos, corderos, cabras, patos, conejos… (para la industria alimentaria), zorros, vacas, ovejas, conejos, chinchillas, visones , mapaches, linces… (para pelo y cuero), corzos, jabalíes, conejos, ciervos, perdices, palomas… (por la actividad cinegética), ratas, ratones, monos, perros y gatos, conejos (por la experimentación de químicos).

En ninguna de estas leyes autonómicas ni europeas se contempla la protección como seres sintientes de las especies marinas (merluza, sardina, pulpo, almejas…) cuando sí pertenece una distancia dentro del mar de 12 millas (llamado Mar Territorial) a cada país o comunidad.

Sólo se protege una especie, como ocurre con muchas desafortunadamente, en el momento en que disminuye la cantidad y se le da el derecho a respeto cuando se la declara Especie Protegida o En Peligro de extinción.

Protegemos por Ley a gatos y perros y otras especies, pero la decadencia moral y ética de nuestra sociedad es bien patente cuando ignoramos a otras en estas leyes. Todo se convierte en cinismo absoluto cuando damos derechos a unos y los negamos a otros. Todo es absurdo y desigual en la ley de Bienestar Animal, regida por un Convenio Europeo (aquí sí que los estados se unen en criterio) para «proteger» sólo los animales mal llamados «de granja».

Y yo río sarcásticamente. Río porque a cualquier cosa le llaman Bienestar Animal. Río porque los toros no se contemplan en ninguna ley de protección (sólo la actividad taurina está considerada, como patrimonio cultural, claro) al contrario, se crían para ser masacrados bajo conceptos como tradición, amor y arte. Otro eufemismo especista.

No, no río, en realidad no. He sido testigo, por acciones directas en granjas (Meat the Victims y otros) de miles de animales encarcelados en espacios sin sol ni aire, sin comida ni agua, con unas condiciones que nos vemos forzados a mostrar, porque todo consumidor merece saber de dónde viene su comida. Espacios sucios y pequeños, enfermos, seres tratados como máquinas para criar o ser cebados. Todo sin ningún tipo de escrúpulo.

Hoy en día, el Convenio de  Bienestar Animal (creado con poca intención de verdadera protección) es tan solo una estrategia de marketing para hacer sentir bien al consumidor.

Lo que por ley se considera bienestar animal es una auténtica falacia, una tapadera legal. Nada de cómo malviven se hace público excepto por miles y cada vez más personas sensibles, empáticas, veganas que hemos decidido mostrar al mundo la realidad cruenta de la dieta humana, de la ganadería que, sin ninguna vergüenza llaman industrial.

Tanto la Ley de protección animal como la de bienestar son dos farsas que no sólo esconden maltrato sino que protegen unas especies y otras no. Todo para seguir satisfaciendo paladares y bolsillos, sin contemplaciones, sin remordimientos.

La publicidad, incluso la que hacen los gobiernos, es un eufemismo especista y denigrante que muestra en dibujos e imágenes la felicidad de ir al matadero o vivir en un prado que, en realidad, no es más que una nave abarrotada de seres sufriendo angustia, estrés y miedo.

Si crees en «La vaca que ríe» estás creyendo en la venta de bondades falsas y demostradas por centenares de estudios científicos y documentales. También la OMS ha negado ya el hecho de que comer animales terrestres sea saludable, pero tampoco ha incluido a los marinos. Otra información especista más.

Todo es error humano y ya estamos pagando las consecuencias. Todo proviene de la educación supremacista y especista. Los niños aceptan el mundo tal y como se les presenta, haciéndoles perder la verdadera esencia,  intrínseca del ser humano que es el Amor y el Respeto, innatos en la infancia.

No hay forma justa, correcta, ética, humana ni aceptable de violar, torturar o asesinar a quien quiere vivir su vida bajo sus propios términos y en libertad. Y eso es lo que convierte el Convenio de Bienestar Animal en una mentira.

Siendo sincera, me da más miedo la ignorancia del rebaño que la mala intención del pastor.

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Anna Del Brau

Anna Del Brau

Activista en asociaciones, plataformas, santuarios y organizaciones no gubernamentales, especialmente ligadas al ámbito del veganismo y liberación animal.
Anna Del Brau

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    2 Réplicas

  1. Mara

    Deberían dotar a los sintientes de derechos fundamentales irrefutables a nivel mundial. Es hora de tratarles cómo iguales; ciudadanos del mundo.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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